Qué es la fe según la Biblia: significado e importancia


Equipo de Bibliaon
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En Hebreos 11:1 la Biblia define la fe como la completa seguridad de que obtendremos algo que ni siquiera podemos ver. Los hijos de Dios esperamos con confianza y paz porque sabemos en quién hemos creído. Nuestra fe está puesta en Dios, y mientras más nos acercamos a él, más firme se vuelve.

Esa fe nos abre el camino al perdón de los pecados y a la vida eterna en Jesús. Hace que Cristo viva en nosotros, nos da victoria sobre la tentación y nos protege en la batalla espiritual. Y nos da la confianza de orar a Dios sabiendo que él puede obrar.

La fe no la fabricamos por nuestras propias fuerzas: es regalo de Dios. Nace cuando oímos su Palabra y respondemos con confianza. Crece a medida que lo conocemos mejor y caminamos cerca de él.

La fe bíblica en tres claves

1. Es tener certeza

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.
(Hebreos 11:1)

Como cristianos, nuestra fe está basada en la certeza de que Dios (el objeto de nuestra fe), hará lo que esperamos a su manera y en su tiempo. No pedimos al azar como niños malcriados o antojados. Pedimos de acuerdo con su voluntad y basamos nuestras peticiones en lo que agrada a nuestro Dios.

2. Agrada a Dios y muestra confianza en sus promesas

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.
(Hebreos 11:6)

Cuando decimos que tenemos fe en Dios, afirmamos que él es real en nuestras vidas y que es quien puede conceder nuestras peticiones y sueños más profundos. Esta afirmación agrada y alegra el corazón de nuestro Dios. Esa fe en él confirma que sabemos que él tiene todo el poder para concedernos lo que anhelamos hoy, y también para darnos la vida eterna.

3. Es nuestra respuesta a lo que Dios nos revela

Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.
(Romanos 10:17)

Dios no se queda en silencio. Habla a través de su Palabra y a través de su Hijo. La fe nace cuando oímos lo que Dios dice y respondemos con confianza. Por eso leer la Biblia, escuchar la predicación y meditar en lo que Dios revela alimenta nuestra fe: ahí está la voz a la que estamos respondiendo.

La fe que la Biblia describe: vidas que la mostraron

Justo después de definir la fe, el autor de Hebreos hace algo importante: no se queda en la definición. Dedica todo un capítulo a recorrer vidas concretas donde esa fe se vio en acción (Hebreos 11). Allí entendemos qué quiere decir creer en lo que no se ve.

Noé construyó un arca enorme porque Dios le advirtió de un diluvio que aún no había llegado. No tenía pruebas visibles, solo la palabra de Dios. Y obedeció (Hebreos 11:7).

Abraham salió de su tierra sin saber a dónde iba. Dios le había prometido una herencia y él se puso en camino confiando solo en quien lo llamaba (Hebreos 11:8). Años después, ya anciano, recibió un hijo que parecía imposible, porque creyó que Dios podía cumplir lo que había prometido (Hebreos 11:11).

Moisés renunció a vivir como príncipe de Egipto y eligió sufrir con el pueblo de Dios, porque tenía la mirada puesta en una recompensa que todavía no podía ver (Hebreos 11:24-26).

Esa es la fe bíblica: no es un sentimiento vago ni un optimismo religioso. Es confianza en Dios sostenida por su Palabra, aun cuando los ojos no ven todavía el resultado. Y en cada uno de esos casos la fe se tradujo en una decisión concreta: construir, salir, esperar, renunciar.

¿Cómo nace la fe y cómo crece?

1. Es regalo de Dios

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.
(Efesios 2:8-9)

La fe que salva no nace de nosotros. Pablo lo dice con claridad: la salvación viene por gracia, por medio de la fe, y no es algo que produzcamos por nuestras propias fuerzas. Es regalo de Dios, para que nadie pueda atribuírselo a sí mismo.

Eso nos quita un peso enorme. No tenemos que «fabricar» fe a base de esfuerzo. La fe que recibimos se dirige a una Persona concreta: a Jesús. Creemos en su muerte en la cruz, en su resurrección y en su promesa de vida eterna. Y esa fe es ya, en sí misma, un regalo.

2. Se confiesa con la boca y se cree con el corazón

Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
(Romanos 10:8-10)

Nuestra fe comienza en lo más profundo de nuestro corazón. Una vez Jesús es el Rey de nuestra vida, su amor nos impulsa a hablar y a compartir lo que Dios ha hecho en nosotros. Luego, según vamos creciendo en nuestro andar con Jesús, la fe se manifiesta a través de nuestras acciones, palabras y decisiones.

3. Crece confiando en las promesas de Dios

Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios.
(2 Corintios 1:20)

Las promesas de Dios se cumplieron en Jesús. El ministerio de Jesús en la tierra fue un ministerio de poder, sanidad y salvación. Podemos confiar tranquilamente en que Dios sigue cumpliendo sus promesas. Él todavía quiere sanar, perdonar y salvar. Podemos orar en el nombre de Jesús y decir «amén» (así sea) sin dudar porque Dios sigue siendo fiel, sigue siendo el mismo Dios.

4. Crece con humildad, según la medida que Dios da

Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado.
(Romanos 12:3)

Tener fe requiere humildad, vernos tal como somos: humanos y finitos. Dios nos da una medida de fe a través de la cual reconocemos nuestra necesidad de él. Podemos aumentar esa fe a la medida en la que le dejamos obrar en nuestros corazones y transformarnos más a su imagen.

¿Para qué necesitamos la fe?

1. Recibimos perdón y vida nueva

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
(Juan 3:16)

Dios nos amó tanto que envió a su propio Hijo, Jesús, a morir por nosotros. Al poner nuestra fe en él, recibimos el perdón de nuestros pecados y tenemos vida eterna.

Esa vida nueva no es solo una promesa para el futuro: empieza ahora. «Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!» (2 Corintios 5:17). Por fe dejamos atrás lo viejo y comenzamos un camino nuevo con Dios.

2. Cristo vive en nosotros y nos da victoria

Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones.
(Efesios 3:16-17)

Por fe abrimos nuestros corazones a Jesús. Su Espíritu viene a morar en nosotros y nos fortalece para vivir como hijos de Dios.

Esa misma fe nos da la victoria sobre las tentaciones y la tendencia al pecado: «todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe» (1 Juan 5:4). No vencemos por nuestras fuerzas. Vencemos porque Cristo vive en nosotros.

3. Nos protege y nos ayuda a permanecer firmes

Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno.
(Efesios 6:16)

Dios no nos deja batallar solos. Él nos provee la armadura que necesitamos para enfrentar al enemigo. El escudo del que habla este versículo era un escudo grande que usaban los soldados romanos para avanzar en el combate. Cuando intentamos avanzar en nuestro andar con Jesús pueden surgir dudas y ataques por varios frentes. Si nos aferramos bien al escudo de la fe y aprendemos a usarlo, lograremos apagar esos ataques del maligno.

Lee más sobre la armadura de Dios: qué es y cómo puedes usarla

4. Abre la puerta para que Dios obre

―¿Qué quieres que haga por ti? —le preguntó.
―Rabí, quiero ver —respondió el ciego.
―Puedes irte —le dijo Jesús—; tu fe te ha sanado.
Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.
(Marcos 10:52)

La fe nos da la certeza de que Dios puede hacer hasta lo que parece imposible. Le pedimos libremente y con confianza, sabiendo que lo que él decida hacer será lo mejor. Por fe nos acercamos a él para que intervenga en todas las áreas de nuestra vida.

La fe no crece sola. Crece cuando conocemos a Dios y caminamos cerca de él. Leamos su Palabra, hablemos con él en oración, sirvámosle. Ahí es donde la fe deja de ser una idea y se vuelve vida.

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El Equipo Editorial de Bibliaon está compuesto por cristianos maduros, con varios años de experiencia en la enseñanza de la Biblia y la escritura, y un compromiso genuino con Jesús y la Palabra de Dios.