Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! Alaben a Dios en su santuario, alábenlo en su poderoso firmamento.
Alábenlo por sus proezas, alábenlo por su inmensa grandeza.
Alábenlo con sonido de trompeta, alábenlo con el arpa y la lira.
Alábenlo con panderos y danzas, alábenlo con cuerdas y flautas.
Alábenlo con címbalos sonoros, alábenlo con címbalos resonantes.
¡Que todo lo que respira alabe al Señor ! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !
Salmo de Ayer
Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.
Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre.
Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre.
Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre.
Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre.
Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre.
Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre.
El sol, para iluminar el día; su gran amor perdura para siempre.
La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre.
Al que hirió a los primogénitos de Egipto; su gran amor perdura para siempre.
Al que sacó de Egipto a Israel; su gran amor perdura para siempre.
Con mano poderosa y con brazo extendido; su gran amor perdura para siempre.
Al que partió en dos el Mar Rojo; su gran amor perdura para siempre.
Y por en medio hizo cruzar a Israel; su gran amor perdura para siempre.
Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército; su gran amor perdura para siempre.
Al que guió a su pueblo por el desierto; su gran amor perdura para siempre.
Al que hirió de muerte a grandes reyes; su gran amor perdura para siempre.
Al que a reyes poderosos les quitó la vida; su gran amor perdura para siempre.
A Sijón, el rey amorreo; su gran amor perdura para siempre.
A Og, el rey de Basán; su gran amor perdura para siempre.
Cuyas tierras entregó como herencia; su gran amor perdura para siempre.
Como herencia para su siervo Israel; su gran amor perdura para siempre.
Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre.
Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre.
Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre.
¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!
Salmo de Anteayer
En ti, Señor , busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame.
Inclina a mí tu oído, y acude pronto a socorrerme. Sé tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación.
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre.
Líbrame de la trampa que me han tendido, porque tú eres mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu; líbrame, Señor , Dios de la verdad.
Odio a los que veneran ídolos vanos; yo, por mi parte, confío en ti, Señor.
Me alegro y me regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma.
No me entregaste al enemigo, sino que me pusiste en lugar espacioso.
Tenme compasión, Señor , que estoy angustiado; el dolor está acabando con mis ojos, con mi alma, ¡con mi cuerpo!
La vida se me va en angustias, y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando.
Por causa de todos mis enemigos, soy el hazmerreír de mis vecinos; soy un espanto para mis amigos; de mí huyen los que me encuentran en la calle.
Me han olvidado, como si hubiera muerto; soy como una vasija hecha pedazos.
Son muchos a los que oigo cuchichear: «Hay terror por todas partes». Se han confabulado contra mí, y traman quitarme la vida.
Pero yo, Señor , en ti confío, y digo: «Tú eres mi Dios».
Mi vida entera está en tus manos; líbrame de mis enemigos y perseguidores.
Que irradie tu faz sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame.
Señor , no permitas que me avergüencen, porque a ti he clamado. Que sean avergonzados los malvados, y acallados en el sepulcro.
Que sean silenciados sus labios mentirosos, porque hablan contra los justos con orgullo, desdén e insolencia.
Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los que en ti se refugian.
Al amparo de tu presencia los proteges de las intrigas humanas; en tu morada los resguardas de las lenguas contenciosas.
Bendito sea el Señor , pues mostró su gran amor por mí cuando me hallaba en una ciudad sitiada.
En mi confusión llegué a decir: «¡He sido arrojado de tu presencia!» Pero tú oíste mi voz suplicante cuando te pedí que me ayudaras.
Amen al Señor , todos sus fieles; él protege a los dignos de confianza, pero a los orgullosos les da su merecido.
Cobren ánimo y ármense de valor, todos los que en el Señor esperan.