La paciencia, en la Biblia, es mucho más que aguantar. Es mantener la calma y seguir confiando en Dios mientras llega su respuesta, aunque tarde. No nace de apretar los dientes: es parte del fruto del Espíritu Santo, algo que Dios va formando en ti poco a poco.
La Palabra de Dios habla de la paciencia en tres sentidos que vale la pena distinguir. Está la que espera en Dios cuando todo se demora. Está la que resiste en la prueba sin rendirse. Y está la que soporta a las personas difíciles sin pagar mal por mal. Piensa en el agricultor: siembra, riega y aguarda. No puede apurar la cosecha, pero tampoco se cruza de brazos.
Y hay algo que lo cambia todo: antes de pedirte paciencia, Dios la tiene contigo. Él no quiere que nadie se pierda, y por eso espera. Aprender a ser paciente empieza por descubrir cuánta paciencia ha tenido él contigo.
¿Qué es la paciencia según la Biblia?
Empecemos por lo básico. Para la Biblia, la paciencia no es un talento que unos tienen y otros no. Es fruto del Espíritu, algo que crece en ti cuando caminas con Dios. Por eso aparece siempre cerca del amor.
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.
(Gálatas 5:22-23)
El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.
(1 Corintios 13:4)
Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.
(Colosenses 3:12-13)
La paciencia no crece sola: viene junto con los demás frutos del Espíritu que Dios hace madurar en tu vida.
La paciencia de Dios contigo
Antes de hablar de tu paciencia, la Biblia habla de la suya. Dios podría darse por vencido con nosotros; en cambio, espera. Su paciencia no es indiferencia: es amor que te da tiempo para volver a él.
El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.
(2 Pedro 3:9)
¿O menosprecias las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, sin reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?
(Romanos 2:4)
Por eso el Señor los espera, para tenerles piedad; por eso se levanta para mostrarles compasión. Porque el Señor es un Dios de justicia. ¡Dichosos todos los que en él esperan!
(Isaías 30:18)
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Paciencia en medio de las pruebas
Aquí la paciencia tiene otro nombre: resistir. Cuando la dificultad se alarga, la tentación es rendirse. La Biblia dice que es justo ahí, si no sueltas, donde Dios está formando tu carácter. En varios de estos pasajes esa paciencia aparece como «constancia» o «perseverancia»; es la misma idea, la de quien aguanta firme.
Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.
(Santiago 1:2-4)
Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.
(Romanos 5:3-4)
Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido.
(Hebreos 10:36)
Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.
(Romanos 12:12)
No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.
(Gálatas 6:9)
Esperar en Dios con paciencia
Esperar es quizá la parte más difícil. No saber cuándo, ni cómo, y aun así confiar. Estos versículos no te piden cruzarte de brazos, sino esperar con el corazón puesto en Dios.
Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
(Salmos 40:1)
Pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el Señor!
(Salmos 27:14)
Bueno es esperar calladamente que el Señor venga a salvarnos. Bueno es que el hombre aprenda a llevar el yugo desde su juventud.
(Lamentaciones 3:26-27)
Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia.
(Romanos 8:25)
Si estás en una espera larga, los versículos sobre esperar en Dios te pueden ayudar a sostener la confianza.
Paciencia con los demás
La paciencia más exigente no es con las circunstancias, sino con las personas. Soportar, perdonar, no devolver el golpe. La Biblia lo presenta como una forma concreta de amar.
Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.
(Efesios 4:1-2)
Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse.
(2 Timoteo 2:24)
A los ancianos, enséñales que sean moderados, respetables, sensatos, e íntegros en la fe, en el amor y en la constancia.
(Tito 2:2)
Tener paciencia con los demás va de la mano del dominio propio: saber controlar el impulso de responder mal.
La sabiduría de ser paciente
El libro de Proverbios mira la paciencia desde el sentido común. Quien sabe esperar y dominarse toma mejores decisiones; quien explota, las empeora.
El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.
(Proverbios 14:29)
Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.
(Proverbios 16:32)
Vale más el fin de algo que su principio. Vale más la paciencia que la arrogancia.
(Eclesiastés 7:8)
Ejemplos de paciencia en la Biblia
La paciencia no es una teoría: hombres y mujeres de la Biblia la vivieron. Job en el sufrimiento, Abraham en la espera, los profetas bajo presión. Todos vieron que valió la pena confiar en el tiempo de Dios.
Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca.
(Santiago 5:7-8)
Hermanos, tomen como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron. Ustedes han oído hablar de la perseverancia de Job, y han visto lo que al final le dio el Señor, porque el Señor es muy compasivo y misericordioso.
(Santiago 5:10-11)
Y así, después de esperar con paciencia, Abraham recibió lo que se le había prometido.
(Hebreos 6:15)
La paciencia, al final, es confiar en que Dios cumple a su tiempo. No es resignación, sino esperanza activa: seguir creyendo, seguir orando y seguir haciendo el bien mientras esperas.
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