En el Antiguo Testamento, el templo era el lugar donde la gente se reunía para tener comunión con Dios. Allí, el Señor manifestaba su gloria y se revelaba a la gente. Cuando Jesús murió y resucitó, abrió el camino para que todos tuvieran contacto directo con Dios, en cualquier lugar. Quien acepta a Jesús como su salvador recibe el Espíritu Santo, que mora en él. Así, cada creyente se convierte en un templo de Dios, un lugar donde él manifiesta su gloria.
¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en ustedes, el cual tienen de Dios, y que no son de ustedes? Pues han sido comprados por precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo.
(1 Corintios 6:19-20)
¿No saben que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en ustedes? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque santo es el templo de Dios, el cual son ustedes.
(1 Corintios 3:16-17)

Respondió Jesús y le dijo: Si alguno me ama, mi palabra guardará. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada con él.
(Juan 14:23)
¿Qué acuerdo puede haber entre un templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
(2 Corintios 6:16)
Por lo tanto, ya no son extranjeros ni forasteros sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor. En él también ustedes son juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.
(Efesios 2:19-22)
Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.
(Gálatas 2:20)
Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios para dar testimonio de lo que se había de decir después. En cambio, Cristo es fiel como Hijo sobre su casa. Esta casa suya somos nosotros, si de veras retenemos la confianza y el gloriarnos de la esperanza.
(Hebreos 3:5-6)
Así que, hermanos, teniendo plena confianza para entrar al lugar santísimo por la sangre de Jesús, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo (es decir, su cuerpo), y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
(Hebreos 10:19-22)
Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anuncien las virtudes de aquel que los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.
(1 Pedro 2:9)
Porque toda casa es construida por alguien, pero el constructor de todas las cosas es Dios. Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios para dar testimonio de lo que se había de decir después. En cambio, Cristo es fiel como Hijo sobre su casa. Esta casa suya somos nosotros, si de veras retenemos la confianza y el gloriarnos de la esperanza.
(Hebreos 3:4-6)
Lee también: