Jesús reina sobre las tempestades que la vida nos trae. Tal como calmó las tormentas climáticas, Jesús calma las tormentas que intentan hacernos flaquear en la fe y desesperarnos. Aférrate al Señor de todo corazón y recibirás paz y fortaleza para hacer frente a las tempestades de la vida.
Él entró en la barca, y sus discípulos lo siguieron. Y de repente se levantó una tempestad tan grande en el mar que las olas cubrían la barca, pero él dormía. Y acercándose, lo despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!
Y él les dijo: ¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?
Entonces se levantó y reprendió a los vientos y al mar, y se hizo grande bonanza. Los hombres se maravillaron y decían: ¿Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y el mar le obedecen?
(Mateo 8:23-27)
Pero cuando en su angustia clamaron al SEÑOR, él los libró de sus aflicciones.
Él trae calma a la tempestad, y se apaciguan sus olas.
Entonces se alegran porque ellas se aquietan,
y él los guía al puerto que desean.
(Salmo 107:28-30)
Tú tienes dominio sobre la braveza del mar;
cuando sus olas se levantan tú las sosiegas.
(Salmo 89:9)
Entonces le respondió Pedro y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Y él dijo: Ven. Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús.
Pero al ver el viento fuerte tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: —¡Señor, sálvame!De inmediato Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: —¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
(Mateo 14:28-31)
Tú eres el que sosiegas el estruendo de los mares, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos.
(Salmo 65:7)
Y despertándose, reprendió al viento y dijo al mar: ¡Calla! ¡Enmudece!
Y el viento cesó y se hizo grande bonanza.
(Marcos 4:39)
Como cuando pasa la tempestad, así el impío no permanece; pero el justo tiene fundamentos eternos.
(Proverbios 10:25)
Entonces sobre todo lugar del monte Sion y sobre sus asambleas, el SEÑOR creará nube y humo de día, y resplandor de fuego llameante de noche. Porque sobre todos habrá una cubierta de gloria, y habrá de día un cobertizo para dar sombra ante el calor abrasador, y para refugio y protección de la tormenta y del aguacero.
(Isaías 4:5-6)
El SEÑOR es lento para la ira y grande en poder. De ninguna manera dará por inocente al culpable.
El SEÑOR marcha en el huracán y en la tempestad; las nubes son el polvo de sus pies.
(Nahúm 1:3)
¡Esfuércense y sean valientes! No tengan temor ni se aterroricen de ellos, porque el SEÑOR tu Dios va contigo. Él no te abandonará ni te desamparará.
(Deuteronomio 31:6)
Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y cuya confianza es el SEÑOR.
(Jeremías 17:7)
Pero el SEÑOR lanzó un gran viento sobre el mar y se produjo una enorme tempestad de manera que el barco estaba a punto de romperse.
(Jonás 1:4)
Al día siguiente, mientras éramos sacudidos por una furiosa tempestad, comenzaron a aligerar la carga; y al tercer día, con sus propias manos arrojaron los aparejos del barco. Como no aparecían ni el sol ni las estrellas por muchos días y nos sobrevenía una tempestad no pequeña, íbamos perdiendo ya toda esperanza de salvarnos.
(Hechos 27:18-20)
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