7 historias bíblicas para leer y reflexionar


Equipo de Bibliaon
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La Biblia está llena de historias fascinantes que debemos leer y estudiar. A través de ellas aprendemos mucho sobre Dios, sobre el mundo en que vivimos y sobre nosotros mismos. Aquí encontrarás una selección de ellas, además de preguntas para reflexionar y textos de referencia para estudio más profundo.

Lee y medita en estas historias: Dios siempre desea enseñarnos algo nuevo.

1. Dios creó el mundo: resumen de la creación

Referencia bíblica: Génesis 1:1-2:3.

El primer versículo de la Biblia nos dice algo fascinante: Dios existió antes del principio, antes de todo lo que conocemos que existe en el universo. Él es el gran Creador del mundo y de todo lo que hay en él. Dios creó la luz, las aguas, los cielos, la tierra, las estrellas celestes, los peces, las aves, los animales domésticos, los animales salvajes, los reptiles... Todos y cada uno de los tipos de animales fueron su idea y creación.

Por último, pero no menos importante, Dios creó a las personas. Con el polvo de la tierra formó al hombre y le sopló vida. Este era Adán. Él era diferente de los animales, porque fue hecho con semejanzas al Creador mismo y recibió directamente de Dios el aliento de vida.

Dios creó al mundo, imagen de un hombre con animales y la naturaleza
Imagen "In Paradise", Jan van 't Hoff - Gospelimages.com



Luego Dios hizo que Adán se durmiera y le quitó una costilla. Con ella creó a la mujer, Eva, que sería amiga, esposa y compañera de Adán. La creación de la humanidad estaba completa. El hombre ya no estaba solo. Eran hermosos y puros. También recibieron de Dios la capacidad de amar, pensar, adorar y crear.

Dios descansó después de terminar toda su creación. No porque estuviera cansado, sino porque había terminado una obra muy importante. ¡Vio todo lo que hizo y pensó que era muy bueno! Con esto Dios nos enseña a descansar también. Él quiere que nos tomemos un tiempo para descansar y pensar en él y su creación.

Para reflexionar: Dios es el soberano creador y sustentador del universo

  • Si un amigo nos prepara una hermosa y acogedora casa para unas vacaciones, ¿cuál debe ser nuestra actitud hacia él?
  • ¿Crees que a Dios le importa nuestro bienestar? ¿Cuáles evidencias de esto ves en la creación?

Medita y lee: Jeremías 32:17, Salmo 19, Hebreos 3:4, Romanos 11:36.

2. Adán y Eva

Referencia bíblica: Génesis 1:26 - 2:25.

En el sexto y último día de la creación, Dios creó a los animales y a los seres humanos. La humanidad se diferencia de otros animales porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Primero Dios hizo al hombre, Adán. Luego, de su costilla, creó a la mujer, Eva. Dios hizo a las personas con un propósito claro: tener una relación de amistad y paz con Dios.

Sin embargo, aun teniendo todo lo que necesitaban, Adán y Eva eligieron desobedecer a Dios. Ellos vivían en el Jardín del Edén, no les faltaba nada. Pero eligieron comer el fruto del árbol que Dios les había prohibido y al desobedecer, dañaron para siempre la relación perfecta que tenían con Dios. ¡La desobediencia y el pecado entraron al mundo!

Ellos se arrepintieron de su grande error, pero decidieron esconderse de Dios. Por supuesto, eso era imposible. Dios los encontró, habló con ellos y los vistió con ropa de pieles.

Y Dios el Señor dijo: «El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre». 23 Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho. 24 Luego de expulsarlo, puso al oriente del jardín del Edén a los querubines y una espada ardiente que se movía por todos lados para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida.
(Génesis 3:22-24)

Para reflexionar: Dios creó a los humanos para que fueran especiales en su creación y para tener una amistad única y maravillosa con ellos.

  • Fuimos creados a imagen de Dios y somos especiales para él. ¿Aprecias el diseño de Dios en ti y en las demás personas?
  • Dios desea tener una amistad estrecha y preciosa con cada ser humano. ¿Le has abierto la puerta de tu corazón? ¿Eres amigo de Dios?
  • El pecado siempre tiene consecuencias, pero en Dios podemos encontrar siempre el perdón y una nueva oportunidad. Acércate siempre a Dios, confiésale tus pecados y recibe su perdón.

Medita y lee: Salmo 139, Lucas 12:6-7, Job 35:10-11, Salmo 8:3-9, 1 Corintios 15:44, 1 Juan 1:9.

3. Noé, el arca y el diluvio

Referencia bíblica: Génesis 7 a Génesis 9.

En un momento de la historia de la humanidad, la maldad sobre la tierra era enorme. Dios se lamentó de haber creado al hombre y decidió borrar de la superficie de la tierra al ser humano, los animales, los reptiles y las aves del cielo. Noé era el único hombre justo e íntegro y andaba fielmente con Dios.
Dios decidió enviar un diluvio para acabar con toda la gente y habló con Noé. Lo mandó a construir una enorme arca de madera en la cual entrarían Noé y su familia, animales, aves, alimento y todo lo que Dios le indicaría. De esa forma, ellos estarían a salvo y la humanidad comenzaría nuevamente con los que Dios escogió para entrar en el arca.
Noé obedeció a Dios y construyó el arca. El diluvio comenzó y llovió por 40 días. Murió todo lo que estaba fuera del arca. Las aguas permanecieron sobre la tierra ciento cincuenta días.
Cuando el terreno se secó, Dios le dio permiso a Noé para que saliera del arca junto con su familia, los animales, las aves y todo lo que estaba dentro del arca. Les dio la encomienda de repoblar la tierra, de multiplicarse.
Noé construyó un altar para ofrecer holocausto a Dios como ofrenda de gratitud por salvarlos. Dios prometió no volver a acabar con la humanidad enviando un diluvio y colocó un arcoíris en las nubes como señal de su pacto.

La ofrenda de Noé luego del diluvio. Imagen de Noé con su familia, el arcoíris y el holocausto ofrecido a Dios
Imagen "Noah's offering", Jan van 't Hoff - Gospelimages.com

Para reflexionar: Dios es justo: él castiga el mal, pero protege a los que lo aman y le obedecen.

  • Examina tu corazón y mira cuánta importancia das a vivir una vida de obediencia a Dios.
  • ¿Notan los demás que amas a Dios? ¿Pueden ver a Jesús en tus acciones diarias?

Medita y lee: Lucas 6:43-49, Salmo 139:23-24, Romanos 2:6, Salmo 37:28.

4. La fe de Job

Referencia bíblica: el libro de Job

Job era un hombre recto e íntegro que temía a Dios y vivía apartado de toda maldad. Su deseo era agradar a Dios. Job era muy rico y exitoso. Tenía siete hijos y tres hijas, miles de ovejas, camellos, bueyes, asnas y un buen grupo de sirvientes que cuidaban de todo. Era un hombre muy reconocido en y respetado en su región.
Un día, en una reunión en los cielos, Satanás se acercó a hablar con Dios y Dios le preguntó si se había fijado en Job. Según Satanás, Job servía a Dios porque era un hombre muy bendecido al que todo le iba bien. Dios le dio permiso al diablo para tocar todas las posesiones de Job. Por eso, en un solo día, Job perdió a sus 10 hijos, a sus animales y a gran parte de sus criados.
La Biblia dice que a pesar de todas esas calamidades, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios. De hecho, Job reconoció que Dios es quien da y quien quita y bendijo el nombre de Dios.
Nuevamente, los ángeles fueron a presentarse ante Dios y Satanás estuvo allí. Volvió a acercarse a Dios y Dios le preguntó lo mismo, si se había fijado en Job. Satanás deseaba hacerle daño a Job. Dios le dio permiso para tocar a Job y herirlo, pero sin matarlo. Satanás fue inmediatamente a afligir a Job con úlceras que le cubrían todo el cuerpo. El dolor era terrible, pero Job se mantuvo fiel a Dios.
La mujer de Job y algunos de sus amigos comenzaron a opinar sobre la razón de los problemas de Job. Aunque en un momento de gran angustia, Job maldijo el día en que nació, él nunca maldijo a Dios.
Casi al final del libro, Dios habló con Job. En esa conversación, Dios no le explicó a Job por qué permitió que le sucedieran todas esas cosas. De hecho, Dios solo habló de su gran poder y grandeza. Job se humilló ante Dios y se arrepintió por su actitud durante la prueba. Dios restauró a Job y lo bendijo todavía más que antes.

Para reflexionar: Aunque sucedan cosas que no podemos entender, Dios sigue siendo Dios y merece nuestra alabanza y adoración.

  • ¿Has pasado por momentos de gran aflicción? ¿Cuál ha sido tu actitud?
  • Haz una lista con las bendiciones que Dios te ha concedido y toma tiempo para dar gracias a Dios por su ayuda y fidelidad.

Medita y lee: Salmo 91, Hebreos 11, Hebreos 12, Jeremías 17:7-8.

La historia de Job (personaje bíblico)

5. Dios llama a Abraham

Referencia bíblica: Génesis 12:1-9

Dios decidió elegir a un hombre: Abram. A través de él planeó iniciar una nueva nación que sería llamada el pueblo de Dios. El Señor le dijo a Abram que dejara su tierra (Harán) y a sus parientes y viajara a un lugar que él le mostraría. Abram obedeció y abandonó la tierra donde vivía, llevándose consigo a Sarai, su esposa, y a Lot, su sobrino.

Dios le hizo promesas a Abraham, pidiéndole que contara las estrellas si podía. Así serían sus descendientes de innumerables. Dios también le dijo que su nombre sería grande y que el mundo entero sería bendecido a través de él y la nueva nación que vendría de él. Abram creyó a Dios y le construyó un altar. Tenía verdadera fe en Dios y eso marcó la diferencia.

Para reflexionar: Todas las personas del mundo, algún día, iban a ser bendecidas por Dios a través de la familia de Abram.

  • Fe significa creer que algo es verdad, aunque todo lo demás esté en contra.
  • Dios prometió hacer una gran nación a partir de un anciano con una esposa estéril. ¡Qué gran milagro! Dios hizo lo imposible: dio origen a una nación a partir de una pareja improbable.

Medita y lee: Santiago 2:17, Hebreos 11:1, Génesis 22:17-18.

La historia de Abraham (quién fue según la Biblia)

6. Jesús bendice a los niños

Referencia bíblica: Marcos 10:13-16

Una vez, unas personas llevaron algunos niños para que Jesús los bendijera. Él no se sentía incómodo ante la presencia de los pequeños, ni consideraba que fuera una mala actitud o superstición por parte de aquellas personas.

Pero algunos de sus discípulos, queriendo evitarle a Jesús ese eventual malestar, los reprendieron por esa actitud. Era natural, a los ojos humanos, que a un maestro (rabino) tan importante como Jesús no fueran a molestarlo los niños. Más aún en aquella época, cuando los más jóvenes no eran vistos con buenos ojos como los vemos hoy.
Pero para Jesús, esos niños eran considerados preciosos.

Jesús no ahuyentó a los niños, al contrario, se indignó con los discípulos por tener esa actitud. Él dijo:

Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de Dios es de los que son como ellos. 15 De cierto les digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
(Marcos 10:14-15)

Jesús bendiciendo a los niños
Imagen "Jesus blesses the little children", Jan van 't Hoff - Gospelimages.com

Para reflexionar: Jesús ama a los niños y se interesa por ellos.

Cada uno de ellos tiene un valor inestimable y debemos guiarlos hacia Dios.

  • Dios ama a todos sin importar la edad. Él quiere que nosotros, grandes o pequeños, seamos parte de su reino con la dependencia, confianza y sencillez de un niño.
  • Los niños no son inocentes, como sabemos, pero son humildes, sencillos, creyentes y dependientes. Aún así, eso no es lo que los hace perfectos. Necesitan dirigirse a Cristo para pertenecer al Reino de Dios. Lleva a los niños que te rodean a Jesús.

Medita y lee: Mateo 18:1-4, Mateo 11:25, Colosenses 3:20.

7. La gran historia de Dios en la Biblia

Referencia bíblica: Toda la Biblia.

Desde el principio, Dios escribe su historia, y lo creas o no, todos somos parte de ella. Todo comienza cuando Dios crea un hogar perfecto y acogedor para la humanidad. Después de hacer cosas tan especiales que reflejan su bondad, él nos creó a su propia imagen. Dios nos amó como a sus hijos y nos dio todo lo que necesitábamos.

El plan era que camináramos junto a Dios y cuidáramos todo lo que él hacía con amor y gratitud. Y así fue por un tiempo. Sin embargo, las dos primeras personas creadas, Adán y Eva, fracasaron en ese objetivo. Dios tenía un enemigo que engañó a Adán y Eva, les hizo creer que no necesitaban a Dios. Que podían cuidarse solos, saberlo todo sin depender de Dios. Rechazaron al Creador como su Rey y Señor.

Así, se alejaron de Dios, escuchando a la serpiente y a sí mismos. Cuando comieron del fruto que Dios había prohibido, el hombre y la mujer murieron espiritualmente. Y físicamente también morirían, poco a poco, se encaminaban hacia el final. Toda la tierra fue maldita con la entrada del pecado en el mundo.

Dios quedó decepcionado por esto, pero esta decisión no lo tomó por sorpresa. Él ya había preparado un camino alternativo al gran problema del pecado. Un descendiente de la mujer pisotearía la cabeza de la serpiente, es decir, destruiría la influencia del enemigo en el mundo y restauraría el reino de Dios como era en el principio.

Esta fue una promesa maravillosa, pero Eva y Adán fueron expulsados del paraíso. Ahora la vida no sería tan fácil. Trabajo duro, dolor, sufrimiento, violencia y muerte serían el pago por su mala decisión de vivir independientes de Dios.

Pasó el tiempo, el mal se multiplicó por todo el mundo. La destrucción y la muerte fueron el resultado del pecado de todos, pero todavía existía la promesa de la esperanza de un Salvador. Dios escogió a un hombre, lo llamó y le prometió que, a través de su descendencia, todas las familias de la tierra serían bendecidas. Abraham creyó y esto lo justificó ante Dios.

La historia continuó con el hijo, Isaac, y los 12 nietos del patriarca Abraham. La fe fue la diferencia para esta familia. Incluso con sus errores, Dios cumplió su promesa. Los liberó de la esclavitud en un país extranjero (Egipto) y les dio la tierra que les había prometido. A partir de una sola familia, Dios estableció la nación de Israel.

El Señor enseñó claramente cómo su pueblo debía vivir para él. Registró la Ley y todos sus mandamientos para que su pueblo pudiera aprender y vivir de una manera pura y fiel que le agradara a él.

Se levantaron importantes líderes, jueces y profetas para dirigir al pueblo, pero los más fieles continuaban esperando el cumplimiento de la promesa del gran libertador. Del linaje de uno de estos, el rey David, Dios prometió que vendría el Prometido (Mesías), el Príncipe de Paz, quien tendría un reino eterno.

Sin embargo, incluso el pueblo elegido por Dios pecó, alejándose del Señor y de su guía. La nación de Israel fue castigada por sus malas decisiones y terminó siendo capturada por otras naciones. Fue llevada cautiva, lo que recordaba aún más la promesa del gran Salvador que vendría, Emanuel, Dios presente con nosotros.

Después de un tiempo de silencio, la promesa se cumplió. El Verbo de Dios se encarnó y vino a vivir entre los hombres para enseñarles en la práctica toda la voluntad de Dios. Jesús es el prometido (Cristo), nacido milagrosamente de una virgen para salvar a todos del pecado y del poder del mal. Él es el que había sido prometido desde el principio. Jesús no sólo cumplió toda la Ley de Dios, sino que también es el camino que nos lleva a la verdad y vida de Dios.

Jesús pagó el precio de la justicia de Dios, recibiendo en sí mismo el castigo de la ira divina por los pecados.

Por lo tanto, murió de manera maldita, en una cruz, tomando el lugar de todos los pecadores para dar la oportunidad de la salvación. Una vez más Dios ofrece una oportunidad de perdón a quienes creen en su amor y sacrificio. Como prueba de su poder sobre la vida y la muerte, el Señor Jesús resucitó al tercer día.

Todos sus seguidores lo vieron resucitado. Esta fue la confirmación de que todo lo que dijo e hizo era verdad. De hecho, cumplió la promesa de Dios desde el principio. Y espera que quienes escuchan su Palabra crean y acepten su regalo de amor de corazón.

Él quiere salvarnos del juicio que vendrá. Será el castigo final, condenando al pecado y a todos los enemigos de Dios. Los que lo rechazan también serán castigados, pero Cristo amorosamente ofrece un lugar protegido junto a él para los que creen.

Sus apóstoles anunciaron este mensaje: el Evangelio (buena noticia) de la Salvación de Jesús, hasta el punto de pagar con sus propias vidas. Todo aquel que, a lo largo de la historia, haya creído en el Señor Jesucristo, vivirá en la eternidad con Dios, en el paraíso que él ha preparado, así como era en el principio de todo.

En este lugar maravilloso que Cristo preparó para nosotros, en la mansión celestial, viviremos bajo la luz de Dios, sin necesidad de sol ni estrellas. No habrá más llanto, dolor, aflicción ni muerte, ya que nuestra satisfacción y gozo serán plenos y eternos en la presencia del Señor.

Ahora bien, todos los que hemos escuchado esta maravillosa historia no podemos permanecer quietos y apartados. No podemos permanecer indiferentes ante esta genuina historia de amor.

Necesitamos dar un paso para acercarnos al Salvador, entendiendo que él es el autor de la vida. Que él nos ama con amor incondicional. Sí, Cristo nos llama a la verdadera fe y adoración. Y este amor y confianza en Jesús el Salvador permite al creyente nacer de nuevo. Recibiendo la vida que se perdió en el Jardín del Edén.

Para reflexionar: ¡Tú eres parte de la historia de Dios!

¿Has decidido si vivirás a tu manera o según la voluntad de Dios? Piénsalo y decide.

Para meditar: Siempre que leas la Biblia, recuerda que Dios es su autor y actor principal. En definitiva, todo se trata de y para la gloria de Dios. Es él quien guía la historia humana y revela así su propia historia de amor. Esta hermosa y emocionante historia está disponible para todos. Se puede conocer a través de una mirada atenta al texto bíblico, que permitirá una comprensión general de la Biblia.

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