Dios conoce los pensamientos e intenciones del corazón (versículos)


No hay absolutamente nadie sobre la tierra que nos conozca mejor que Dios, ni siquiera nosotros mismos. La Biblia nos dice que Dios nos conoce desde aun antes de nacer y su presencia nos acompaña desde entonces. Él nos ama y anhela ser nuestro amigo, cuidarnos y guiarnos por siempre.

Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda. Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano. Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo.
(Salmo 139:1-6)

Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano. Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo. (Salmo 139:1-6)

Dios conoce lo más profundo de nuestro corazón

Nuestro Dios todopoderoso es un Dios cercano al que le interesan los detalles que forman parte de nuestra vida. El salmista David nos habla sobre un Dios personal al que le interesa todo lo relacionado con sus hijos.

Dios conoce desde lo más trivial hasta lo más profundo y secreto de nuestras vidas. Vemos que él sabe cuándo nos sentamos y cuándo nos levantamos, el ajetreo diario que nos agobia y nuestro tiempo de descanso. También conoce la profundidad de nuestros pensamientos y las palabras, aun antes de que las digamos.

Dios también sabe lo que sucede en nuestro corazón, la intención que hay antes de que expresemos algo. Él sabe lo que acontece durante ese proceso en el que analizamos y filtramos lo que es prudente decir y lo que no. Los humanos oyen nuestras palabras, pero Dios conoce la intención del corazón.

Todo camino del hombre es recto ante sus ojos,
pero el SEÑOR es el que examina los corazones.
(Proverbios 21:2)

Y precisamente, ya que él conoce nuestra verdad interior, ha decidido poner su mano sobre nosotros. Él sabe bien que necesitamos su guía, su toque de amor y su protección. Como Padre amoroso que es, él cuida de nosotros y nos dirige con ternura para que hablemos, obremos y vivamos de forma agradable a él.

¡Gracias, Señor, por tu cuidado y tu amor!

Dios nos conoce desde antes de nacer

Salmo 139:13

Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.
(Salmo 139:13)

¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. ¡Cuán preciosos, oh Dios, me son tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos! Si me propusiera contarlos, sumarían más que los granos de arena. Y, si terminara de hacerlo, aún estaría a tu lado.
(Salmo 139:14-18)

¡Qué descripción más maravillosa sobre cómo y desde cuándo Dios nos conoce! ¡Él nos conoce desde antes de nacer! Formó nuestro cuerpo con cada pequeño detalle. Somos su creación más especial, fuimos hechos a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27).

Cuando pensamos en los billones de personas que hay en este mundo y lo única que es cada una de ellas, no podemos más que asombrarnos ante la impresionante creatividad de nuestro Dios. Si le añadimos la gran complejidad del cuerpo humano (los huesos, las venas, los órganos internos, etc.), nuestro asombro debe ser aun mayor. ¡Somos creación admirable definitivamente!

Mucho más impresionante es el hecho de que Dios nos conoce desde antes que nadie supiera que existíamos. Nos formó con sus dedos de amor, cada célula y cada parte de nuestro cuerpo... Él estima en gran manera a cada ser humano, tiene mucha misericordia y bondad para con todos y un propósito especial por el que cada uno ha sido creado.

Antes de formarte en el vientre,
ya te había elegido;
antes de que nacieras,
ya te había apartado;
te había nombrado profeta para las naciones.
(Jeremías 1:5)

El Señor cumplirá en mí su propósito.
Tu gran amor, Señor, perdura para siempre;
¡no abandones la obra de tus manos!
(Salmo 138:8)

No menospreciemos la obra del Señor. Valoremos nuestra vida y la de todos los demás: nacidos y por nacer, niños, adultos o ancianos. Aprendamos a ver el diseño especial de Dios en cada persona, desde el momento de la concepción hasta el momento de su muerte natural.

Dios conoce los pensamientos y las intenciones del corazón

Yo, el Señor, sondeo el corazón
y examino los pensamientos,
para darle a cada uno según sus acciones
y según el fruto de sus obras.
(Jeremías 17:10)

No podemos engañar a Dios. Él conoce nuestros pensamientos y lo que ocurre en lo más profundo de nuestro ser. Podemos convencer a los demás con nuestras palabras, sonrisas o acciones premeditadas y hasta podemos intentar engañarnos a nosotros mismos. Pero nada de eso funciona con Dios porque él conoce todo lo que pensamos o sentimos. Él nos conoce mejor que lo que nosotros nos conocemos.

Esa es la razón por la cual Dios nos trata de forma individual. Su amor y su cuidado para nosotros es personal, pues él conoce lo que se esconde en nuestros corazones y pensamientos. Él sabe cómo hablarnos y cómo tratarnos, porque él conoce nuestras necesidades reales y nuestros anhelos más profundos.

Trata a cada uno según su conducta, la cual tú conoces, puesto que solo tú escudriñas el corazón humano.
(1 Reyes 8:39b)

Dios conoce nuestras luchas

¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha! Y, si dijera: «Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío», ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!
(Salmo 139:7-12)

Hay momentos en la vida en los que desearíamos estar totalmente solos. Sea por lo que sea, buscamos alejarnos de todo y de todos. Pero Dios es omnipresente. No importa cuánto lo intentemos, no podemos escondernos de su presencia. Dondequiera que estemos, él está con nosotros. Él conoce todas nuestras frustraciones y luchas y no nos deja abandonados: siempre nos acompaña.

Vemos que Dios conoce todo porque él está en todo lugar. No hay ningún espacio en todo el universo que pueda escapar a su presencia. ¿Cómo podemos imaginar que nosotros, simples seres humanos, nos podamos esconder de él o esconderle la realidad de nuestras circunstancias? Él sabe todo, ve todo y está siempre dispuesto a acompañarnos, a ayudarnos, a guiarnos y a sostenernos con su mano. ¿Se lo permitiremos?

Dios conoce nuestras emociones

Oh Dios, ¡si les quitaras la vida a los impíos! ¡Si de mí se apartara la gente sanguinaria, esos que con malicia te difaman y que en vano se rebelan contra ti! ¿Acaso no aborrezco, Señor, a los que te odian, y abomino a los que te rechazan? El odio que les tengo es un odio implacable; ¡los cuento entre mis enemigos! Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.
(Salmo 139:19-24)

El salmista expresa emociones muy fuertes ante Dios, frustraciones que estaban dentro de su ser. Las habla tranquilamente con Dios tal y como las siente porque sabe que Dios ya las conoce. ¡No hay nada oculto para Dios! Dios conoce nuestras emociones y Dios es justo. Podemos colocar ante él todo lo que no entendemos y consideramos injusto en esta vida, esperando a que él obre con su justicia y en su tiempo.

Pero además de expresar lo que siente, David le pide a Dios que examine su corazón y sus pensamientos. Él no deseaba que esos sentimientos reinaran sobre él. Anhelaba la dirección de Dios en todas las áreas de su vida, incluidas sus emociones.

David sabía que él, como ser humano, era imperfecto y podía cometer errores. Él muestra gran sabiduría al pedir a Dios que examine sus sentimientos y sus pensamientos. También muestra humildad al reconocer que Dios es el único que puede mostrarle claramente lo que está mal y guiarle en el camino que conduce a la eternidad.

Busquemos a Dios con fervor. Dejemos que examine lo profundo de nuestro ser y que nos conduzca por su camino, el camino eterno.

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