Un guerrero es un soldado, alguien entrenado para luchar. La Biblia presenta a guerreros famosos, como Gedeón y David, quienes reconocieron que su fuerza provenía de Dios. Por fuerte que sea un guerrero, si Dios no está de su lado, no ganará. La Biblia también compara nuestras vidas con una batalla. Quienes aman a Jesús están en una batalla espiritual y necesitan fuerza para ganar. Esta fuerza es don de Dios y con su ayuda podemos vencer a todos nuestros enemigos.
Bendito sea el SEÑOR, mi roca,
quien adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra.
Misericordia mía y castillo mío;
mi refugio y mi libertador;
mi escudo en quien he confiado;
el que sujeta los pueblos debajo de mí.
(Salmo 144:1-2)
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Destruimos los argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios; llevamos cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo,
(2 Corintios 10:3-5)

Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.
(Josué 1:9)
Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza. Vístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las intrigas del diablo; porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales.
Por esta causa, tomen toda la armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo y, después de haberlo logrado todo, quedar firmes.
(Efesios 6:10-13)
Tú, pues, sé partícipe de los sufrimientos como buen soldado de Cristo Jesús. Ninguno en campaña militar se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo alistó como soldado.
(2 Timoteo 2:3-4)
Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado y confesaste la buena confesión delante de muchos testigos.
(1 Timoteo 6:12)
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera; he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no solo a mí sino también a todos los que han amado su venida.
(2 Timoteo 4:7-8)
El SEÑOR es mi fortaleza y mi canción; él ha sido mi salvación.
¡Este es mi Dios! Yo lo alabaré. ¡El Dios de mi padre! A él ensalzaré.
El SEÑOR es un guerrero.
¡El SEÑOR es su nombre!
(Éxodo 15:2-3)
Espera en el SEÑOR.
Esfuérzate y aliéntese tu corazón. ¡Sí, espera en el SEÑOR!
(Salmo 27:14)
Pero el SEÑOR está conmigo como poderoso adalid. Por eso los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán. Serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán. Tendrán perpetua afrenta, que jamás será olvidada.
(Jeremías 20:11)
Den gloria al SEÑOR; proclamen en las costas su alabanza.
El SEÑOR saldrá como valiente, y como hombre de guerra despertará su celo.
Gritará, ciertamente lanzará el grito; sobre sus enemigos prevalecerá.
(Isaías 42:12-13)
El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
El SEÑOR es la fortaleza de mi vida; ¿de quién me he de atemorizar?
Cuando se acercaron a mí los malhechores,
mis adversarios y mis enemigos para devorar mis carnes,
tropezaron y cayeron.
Aunque acampe un ejército contra mí, mi corazón no temerá.
Aunque contra mí se levante guerra, aun así estaré confiado.
(Salmo 27:1-3)
Ahora reconozco que el SEÑOR da la victoria a su ungido;
le responderá desde su santo cielo con la fuerza liberadora de su diestra.
Estos confían en carros, y aquellos en caballos;
pero nosotros confiamos en el nombre del SEÑOR nuestro Dios.
Ellos se doblegan y caen, pero nosotros nos levantamos y estamos firmes.
(Salmo 20:6-8)
Contiende, oh SEÑOR, con los que contienden contra mí;
combate a los que me combaten.
Echa mano de escudo y defensa;
levántate en mi ayuda.
Saca lanza y jabalina al encuentro
de mis perseguidores.
Di a mi alma: “Yo soy tu salvación”.
(Salmo 35:1-3)
Dios es el que me ciñe de vigor y hace perfecto mi camino.
Hace que mis pies sean ágiles como los del venado,
y me mantiene firme sobre mis alturas.
Adiestra mis manos para la batalla;
así mis brazos pueden tensar el arco de bronce.
Me has dado el escudo de tu salvación; tu mano derecha me ha sustentado,
y tu condescendencia me ha engrandecido.
Tú has ensanchado mis pasos debajo de mí
para que no tiemblen mis tobillos.
Perseguí a mis enemigos y los alcancé;
no volví sino hasta acabarlos.
Los golpeé, y no pudieron levantarse; cayeron debajo de mis pies.
Me ceñiste de poder para la batalla; doblegaste a mis enemigos debajo
de mí.
(Salmo 18:32-39)
Y se le apareció el ángel del SEÑOR, y le dijo: ¡El SEÑOR está contigo, oh valiente guerrero!
(Jueces 6:12)
Es mejor el que tarda en airarse que el fuerte;
y el que domina su espíritu que el que conquista una ciudad.
(Proverbios 16:32)
Entonces me explicó diciendo:
Esta es la palabra del SEÑOR para Zorobabel: No con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos.
(Zacarías 4:6)
Él juzgará entre las naciones y arbitrará entre muchos pueblos. Y convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra.
¡Oh casa de Jacob, vengan y caminemos a la luz del SEÑOR!
(Isaías 2:4-5)
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