En Getsemaní, antes de que lo arrestaran, Jesús oró tres veces pidiendo al Padre que, si era posible, apartara de él la copa del sufrimiento. Aun así, se sometió a su voluntad. Su angustia extrema lo hizo sudar sangre, un fenómeno relacionado con intenso estrés y aflicción. Este episodio muestra la humanidad de Jesús y su obediencia plena ante la crucifixión inminente.
La noche antes de ser arrestado, Jesús fue con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, en el Monte de los Olivos. Era un jardín tranquilo donde él acostumbraba ir a orar. Jesús sabía que estaba muy cerca de ser traicionado y crucificado, y sentía una profunda tristeza y angustia.
Al llegar allí, le pidió a los discípulos que permanecieran despiertos y oraran con él. Llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan a un lugar un poco más apartado. Entonces, lleno de dolor y temor, les dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quédense aquí y velen.”
Jesús se alejó un poco, se arrodilló y oró: “¡Abba, Padre, todo es posible para ti! ¡Aparta de mí esta copa! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.” Esta fue su primera oración. Luego volvió y encontró a los discípulos dormidos. Con tristeza, les pidió que permanecieran vigilantes y orando para no caer en tentación.
Él se apartó nuevamente y oró por segunda vez, repitiendo su entrega a la voluntad del Padre. Al regresar, los discípulos continuaban dormidos, sin comprender la gravedad del momento.
Por tercera vez, Jesús oró, reafirmando su obediencia y aceptando lo que estaba por venir. Su angustia era tan intensa que, según el Evangelio de Lucas, su sudor se volvió como gotas de sangre, un fenómeno raro causado por un estrés extremo y profundo sufrimiento emocional.
Después de orar, Jesús regresó y dijo a los discípulos: “La hora ha venido. He aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.” Poco después, Judas apareció con soldados y lo besó, señalándolo como aquel a quien debían arrestar.
Así, en el silencio del jardín, comienza el camino de Jesús rumbo a la cruz, marcado por dolor, entrega y amor incondicional por la humanidad.
La historia de Jesús en Getsemaní nos enseña sobre fe, valentía y obediencia a la voluntad de Dios, incluso frente al miedo y al dolor. Muestra que, aunque humano y sufriente, Jesús confió plenamente en el Padre. Es un ejemplo de entrega, perseverancia en la oración y amor que vence el sufrimiento.
Jesús ora tres veces en Getsemaní
Primera oración: Padre, aparta de mí esta copa
En esta primera oración vemos claramente la humanidad de Jesús. Él sabía el sufrimiento que enfrentaría en la cruz y expresó miedo y angustia genuinos, deseando que, si era posible, el sufrimiento fuera evitado.
Pasando un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú.
(Mateo 26:39)
Al mismo tiempo, Jesús demuestra total confianza y sumisión a la voluntad de Dios, reconociendo que el plan del Padre es mayor que su deseo personal.
Este momento nos enseña que no hay vergüenza en llevar nuestras penas y temores a Dios. Pero también nos muestra que la verdadera fe implica confiar y rendirnos a su sabiduría, incluso cuando el camino es difícil y doloroso. Es un ejemplo profundo de valentía y entrega espiritual.
Segunda oración: Padre, hágase tu voluntad
En la segunda oración, Jesús reafirma su sumisión a la voluntad del Padre, mostrando que su prioridad no es escapar del sufrimiento, sino cumplir la misión que le fue encomendada.
Por segunda vez se apartó y oró diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
(Mateo 26:42)
Jesús reconoce que no siempre lo que deseamos es lo mejor, y que la voluntad de Dios debe prevalecer. Este momento también evidencia la persistencia en la oración. Aunque estaba angustiado, Jesús se mantiene en diálogo con el Padre, buscando fuerza y confirmación espiritual.
Para nosotros, este episodio destaca la importancia de orar con sinceridad, aceptando que nuestros planes pueden ser diferentes de los de Dios. También nos muestra que debemos cultivar la paciencia y la confianza ante las dificultades inevitables de la vida.
Tercera oración: Jesús reafirma su obediencia al Padre
En la tercera oración, Jesús demuestra perseverancia y fidelidad. A pesar del cansancio y de la angustia intensa, él continúa firme en su entrega al plan de Dios.
Dejándolos, se apartó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
(Mateo 26:44)
La repetición de las oraciones muestra que entregarse a la voluntad de Dios no es algo instantáneo. Muchas veces exige lucha interior, reflexión y valentía para enfrentar lo inevitable. También revela la humanidad de Jesús. Él siente miedo, tristeza y presión, pero elige obedecer.
Este momento inspira a los fieles a mantener la fe incluso en situaciones extremas, recordando que la oración constante fortalece el espíritu y nos prepara para enfrentar pruebas.
Jesús nos enseña que la verdadera obediencia es fruto de la confianza y la perseverancia, no de la ausencia del dolor o miedo.
¿Por qué los discípulos se durmieron en Getsemaní?
Los discípulos de Jesús se durmieron en Getsemaní por varios motivos que reflejan su humanidad y limitaciones. Jesús les había pedido que velaran y oraran, pero ellos estaban exhaustos física y emocionalmente. Era de noche, habían vivido un día intenso de enseñanzas y eventos, y el cansancio físico y mental dificultó que se mantuvieran despiertos.
Además, los discípulos aún no comprendían plenamente la gravedad del momento. Jesús sabía que iba a ser arrestado y crucificado, pero ellos no tenían conciencia total del sufrimiento que se acercaba, lo que los volvió vulnerables al sueño.
El sueño también simboliza la fragilidad humana ante la tentación y la prueba. Jesús dijo: “Velen y oren, para que no entren en tentación” (Mateo 26:41), mostrando que el peligro no era solo físico, sino espiritual. Dormir en un momento crucial evidencia que, incluso estando cerca de Cristo, los seres humanos podemos fallar en momentos de extrema necesidad, requiriendo esfuerzo constante para permanecer atentos y firmes en la fe.
Enseñanza de Jesús en Getsemaní
La enseñanza principal de Jesús en Getsemaní es sobre obediencia, entrega y confianza en Dios, aun en medio del sufrimiento extremo. Él muestra que es natural sentir miedo y angustia, pero la verdadera fe se manifiesta cuando elegimos someter nuestra voluntad a la de Dios.
Jesús también enseña la importancia de la oración perseverante, demostrando que el diálogo con Dios fortalece el espíritu para enfrentar desafíos. Además, la vigilancia, ejemplificada en la instrucción a los discípulos de permanecer despiertos, nos recuerda que debemos estar atentos y conscientes, resistiendo la tentación y manteniendo la fe.
Getsemaní nos inspira a enfrentar nuestras propias dificultades con valentía, paciencia y confianza, sabiendo que la entrega a la voluntad divina otorga propósito incluso en los momentos más dolorosos.
Texto bíblico que habla sobre Jesús en Getsemaní
Mateo 26:36-46 Angustia de Jesús en Getsemaní
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a los discípulos:
—Siéntense aquí, hasta que yo vaya allá y ore.
37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. 38 Entonces les dijo:
—Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quédense aquí y velen conmigo.
39 Pasando un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo:
—Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú.
40 Volvió a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro:
—¿Así que no han podido velar ni una sola hora conmigo? 41 Velen y oren, para que no entren en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero la carne es débil.
42 Por segunda vez se apartó y oró diciendo:
—Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
43 Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44 Dejándolos, se apartó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45 Entonces volvió a sus discípulos y les dijo:
—¿Todavía están durmiendo y descansando? He aquí la hora está cerca, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense, vamos! He aquí está cerca el que me entrega.
Marcos 14:32-42 Angustia de Jesús en Getsemaní
32 Llegaron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
—Siéntense aquí mientras yo oro.
33 Tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. 34 Y les dijo:
—Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quédense aquí y velen.
35 Pasando un poco adelante, se postraba en tierra y oraba que de ser posible, pasase de él aquella hora. 36 Decía:
—¡Abba, Padre, todo es posible para ti! ¡Aparta de mí esta copa! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
37 Volvió y los halló durmiendo, y le dijo a Pedro:
—Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una sola hora? 38 Velen y oren, para que no entren en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto pero la carne es débil.
39 De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras. 40 Cuando vino otra vez, los halló durmiendo porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y no sabían qué responderle.
41 Volvió por tercera vez y les dijo:
—¿Todavía están durmiendo y descansando? Basta ya. La hora ha venido. He aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Levántense, vamos! He aquí, está cerca el que me entrega.
El relato de la angustia de Jesús en el huerto de Getesemaní o Monte de los Olivos, también puede leerse en Lucas 22:39-46.
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