La historia de Elisabet (madre de Juan el Bautista)


Equipo de Bibliaon
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Elisabet, esposa del sacerdote Zacarías, era descendiente de Aarón y madre de Juan el Bautista. Aunque estéril y anciana, concibió a su hijo por medio de un milagro. Cuando recibió la visita de María, embarazada de Jesús, el bebé saltó en su vientre, revelando la presencia del Mesías. Su fe, humildad y confianza en Dios enseñan paciencia y esperanza en el cumplimiento de las promesas del Señor.

Encontramos la historia de Elisabet en el Evangelio de Lucas, en el Nuevo Testamento. Ella era esposa del sacerdote Zacarías y descendiente de Aarón. Pertenecía a una familia de tradición sacerdotal. Ambos eran justos delante de Dios, pero Elisabet era estéril y estaba anciana, lo que les causaba tristeza, pues en aquella época no tener hijos era visto como señal de deshonra.

Mientras Zacarías servía en el templo, el ángel Gabriel apareció y anunció que Elisabet tendría un hijo, que debía llamarse Juan. Este niño estaría lleno del Espíritu Santo desde el vientre materno y prepararía el camino para el Señor. Zacarías dudó de la promesa debido a la edad que tenían, y por eso quedó mudo hasta el nacimiento del niño, como señal del poder de Dios.

Durante el embarazo, Elisabet recibió la visita de su parienta María, quien milagrosamente también esperaba un hijo, Jesús. Cuando María llegó, el bebé de Elisabet saltó en su vientre, y ella, llena del Espíritu Santo, reconoció a María como “madre de mi Señor”.

Cuando Juan nació, Zacarías confirmó el nombre revelado por el ángel, e inmediatamente volvió a hablar, alabando a Dios. El pueblo se admiró, percibiendo que el niño tendría un papel especial.

Representación de Elisabet

El legado de Elisabet es su ejemplo de fe, humildad y paciencia ante las promesas divinas. Su historia muestra que Dios cumple lo que promete, incluso cuando todo parece imposible, y que su gracia alcanza a quienes confían en él.

Principales acontecimientos en la vida de Elisabet

  • Su esterilidad: Elisabet, esposa del sacerdote Zacarías y descendiente de Aarón, vivía de manera justa delante de Dios. A pesar de ello, era estéril y ya estaba anciana, cargando con la tristeza de no tener hijos.
  • Anuncio del ángel Gabriel: Durante el servicio en el templo, el ángel Gabriel anunció a Zacarías que Elisabet tendría un hijo llamado Juan. Por dudar de la promesa, Zacarías quedó mudo hasta su cumplimiento.
  • Embarazo y reconocimiento: Después del regreso de Zacarías al hogar, luego de su servicio en el templo, Elisabet concibió milagrosamente. Ella se retiró durante cinco meses, reconociendo la bondad divina y declarando que Dios había quitado su vergüenza delante de las personas.
  • Visita de María: María, embarazada de Jesús, visitó a Elisabet. Al oír su saludo, el bebé (Juan) saltó en su vientre, y Elisabet, llena del Espíritu Santo, proclamó a María como madre del Señor.
  • Nacimiento de Juan el Bautista: Cuando Juan nació, los vecinos querían llamarlo Zacarías, pero Elisabet afirmó que se llamaría Juan. Al confirmar el nombre, Zacarías recuperó el habla y alabó a Dios públicamente.
  • El legado de Elisabet: Elisabet es recordada por su fe y obediencia. Su hijo, Juan el Bautista, se convirtió en el precursor de Cristo, mostrando que Dios cumple sus promesas, incluso ante imposibilidades humanas.

Estudio bíblico sobre Elisabet

Elisabet: de estéril a madre de Juan el Bautista

Elisabet era esposa del sacerdote Zacarías y descendiente de Aarón, perteneciente a un linaje sagrado. Ambos eran fieles a Dios y cumplían sus mandamientos. Sin embargo, Elisabet era estéril y avanzada en edad, lo que, en su cultura, representaba vergüenza y tristeza. Aun así, nunca perdió su fe ni dejó de servir al Señor.

Dios escuchó sus oraciones y, de forma milagrosa, permitió que concibiera un hijo a edad avanzada. La esterilidad de Elisabet se transformó en testimonio del poder de Dios. Mostró que ninguna limitación humana impide el cumplimiento de las promesas del Señor. Su embarazo trajo alegría personal y también marcó el inicio de un tiempo nuevo: el nacimiento de aquel que prepararía el camino para el Mesías.

Elisabet, antes conocida por no tener hijos, pasó a ser recordada como ejemplo de fe, paciencia y obediencia. Su historia inspira a generaciones a confiar en la fidelidad de Dios.

La visita del ángel Gabriel: Zacarías queda mudo

Mientras Zacarías ejercía sus funciones sacerdotales en el templo, en el turno de Abías, fue escogido para ofrecer incienso delante del Señor. En ese momento solemne, el ángel Gabriel apareció y anunció que sus oraciones habían sido escuchadas. Su esposa, Elisabet, tendría un hijo. El niño debía llamarse Juan y sería grande delante de Dios. Sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre materno.

Zacarías, sorprendido e incrédulo debido a la edad —se cree que tenía más de 60 años—, cuestionó cómo sería posible, ya que Elisabet también era anciana. Por dudar de la promesa, el ángel declaró que quedaría mudo hasta su cumplimiento. Zacarías salió del templo sin poder hablar, lo que el pueblo interpretó como que había tenido una visión.

Ese silencio forzado se convirtió en una señal visible de la fidelidad de Dios y del cumplimiento exacto de su palabra. Cuando Juan nació, Zacarías recuperó el habla y alabó al Señor, reconociendo su grandeza y misericordia.

Elisabet es visitada por María y reconoce al Mesías

Durante el embarazo, Elisabet recibió una visita muy especial: su parienta María, que también estaba embarazada del propio Jesús. Tan pronto como María saludó a Elisabet, ocurrió algo extraordinario: el bebé en el vientre de Elisabet saltó de alegría, y ella fue llena del Espíritu Santo.

Inspirada por el Espíritu Santo, Elisabet reconoció lo que, en ese momento, pocos sabían: María era la madre del Señor. Con alegría exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”. Esta escena expresa una profunda comunión espiritual entre ambas mujeres y confirma el cumplimiento de las promesas de Dios.

El encuentro entre Elisabet y María simboliza el encuentro entre los dos pactos. Juan, el último profeta del Antiguo Testamento, y Jesús, el inicio del nuevo pacto. Elisabet se alegra por la misión de su parienta y celebra la fidelidad de Dios. Este episodio enseña sobre humildad, reconocimiento y alegría al participar en los planes divinos, incluso cuando aún no se comprende plenamente lo que está por venir.

Juan el Bautista, el hijo de Elisabet

Juan el Bautista nació como cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Elisabet y Zacarías. Desde su nacimiento, quedó claro que era un niño especial, apartado para una gran misión.

Al octavo día, al ser circuncidado, los vecinos querían ponerle el nombre de su padre, pero Elisabet insistió en que se llamaría Juan, conforme a la orden de Dios. Al confirmar el nombre, Zacarías recuperó el habla y alabó a Dios, profetizando sobre el futuro de su hijo.

Juan creció fortalecido en el Espíritu y vivió en el desierto, preparándose para su ministerio. Se convirtió en el profeta que anunciaría la venida del Mesías y llamaría al pueblo al arrepentimiento. Su vida estuvo marcada por la sencillez, el valor y la obediencia al propósito divino.

El nacimiento de Juan trajo esperanza a Israel, y su mensaje abrió el camino para Jesucristo. Como hijo de Elisabet, lleva el legado de una fe que venció la esterilidad y mostró que nada es imposible para Dios.

Lo que podemos aprender de la historia de Elisabet

La historia de Elisabet es un poderoso testimonio de fe, paciencia y fidelidad. Incluso viviendo durante años bajo el dolor de la esterilidad y el peso de ser una mujer sin hijos, Elisabet permaneció íntegra delante de Dios. Ella y su esposo, Zacarías, eran justos y obedientes, demostrando que la fe verdadera no depende de las circunstancias, sino de la confianza constante en el Señor.

Cuando ocurrió el milagro, Elisabet reconoció la mano de Dios y se mantuvo humilde, glorificando al Creador por haber “quitado su vergüenza entre los hombres”. Su alegría no se basaba solo en recibir un hijo, sino en formar parte del plan de Dios. Su reacción al encuentro con María revela sensibilidad espiritual. Elisabet fue llena del Espíritu Santo y discernió que el Mesías estaba en el vientre de su parienta María.

Elisabet nos enseña que Dios actúa en el tiempo correcto y que su voluntad es perfecta, incluso cuando no la entendemos. Su vida inspira perseverancia en la oración y confianza en promesas que parecen imposibles, mostrando que ninguna situación está fuera del alcance del poder de Dios.

Principales lecciones de la historia de Elisabet:

  • Fe incluso en tiempos de espera.
  • Humildad ante las bendiciones.
  • Sensibilidad al Espíritu Santo.
  • Confianza en las promesas de Dios.
  • Paciencia y confianza en el tiempo de Dios.

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