Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro.
Clamo al Dios Altísimo, al Dios que me brinda su apoyo.
Desde el cielo me tiende la mano y me salva; reprende a mis perseguidores. Selah ¡Dios me envía su amor y su verdad!
Me encuentro en medio de leones, rodeado de gente rapaz. Sus dientes son lanzas y flechas; su lengua, una espada afilada.
Pero tú, oh Dios, estás sobre los cielos, ¡tu gloria cubre toda la tierra!
Tendieron una red en mi camino, y mi ánimo quedó por los suelos. En mi senda cavaron una fosa, pero ellos mismos cayeron en ella. Selah
Firme está, oh Dios, mi corazón; firme está mi corazón. Voy a cantarte salmos.
¡Despierta, alma mía! ¡Despierten, arpa y lira! ¡Haré despertar al nuevo día!
Te alabaré, Señor, entre los pueblos, te cantaré salmos entre las naciones.
Pues tu amor es tan grande que llega a los cielos; ¡tu verdad llega hasta el firmamento!
¡Tú, oh Dios, estás sobre los cielos; tu gloria cubre toda la tierra!
Salmo de Ayer
Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.
Un día transmite al otro la noticia, una noche a la otra comparte su saber.
Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible,
por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo! Dios ha plantado en los cielos un pabellón para el sol.
Y este, como novio que sale de la cámara nupcial, se apresta, cual atleta, a recorrer el camino.
Sale de un extremo de los cielos y, en su recorrido, llega al otro extremo, sin que nada se libre de su calor.
La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento. El mandato del Señor es digno de confianza: da sabiduría al sencillo.
Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
El temor del Señor es puro: permanece para siempre. Las sentencias del Señor son verdaderas: todas ellas son justas.
Son más deseables que el oro, más que mucho oro refinado; son más dulces que la miel, la miel que destila del panal.
Por ellas queda advertido tu siervo; quien las obedece recibe una gran recompensa.
¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!
Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas; no permitas que tales pecados me dominen. Así estaré libre de culpa y de multiplicar mis pecados.
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor , roca mía y redentor mío.
Salmo de Anteayer
Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.
Que lo digan los redimidos del Señor , a quienes redimió del poder del adversario,
a quienes reunió de todos los países, de oriente y de occidente, del norte y del sur.
Vagaban perdidos por parajes desiertos, sin dar con el camino a una ciudad habitable.
Hambrientos y sedientos, la vida se les iba consumiendo.
En su angustia clamaron al Señor , y él los libró de su aflicción.
Los llevó por el camino recto hasta llegar a una ciudad habitable.
¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!
¡Él apaga la sed del sediento, y sacia con lo mejor al hambriento!
Afligidos y encadenados, habitaban en las más densas tinieblas
por haberse rebelado contra las palabras de Dios, por menospreciar los designios del Altísimo.
Los sometió a trabajos forzados; tropezaban, y no había quien los ayudara.
En su angustia clamaron al Señor , y él los salvó de su aflicción.
Los sacó de las sombras tenebrosas y rompió en pedazos sus cadenas.
¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!
¡Él hace añicos las puertas de bronce y rompe en mil pedazos las barras de hierro!
Trastornados por su rebeldía, afligidos por su iniquidad,
todo alimento les causaba asco. ¡Llegaron a las puertas mismas de la muerte!
En su angustia clamaron al Señor , y él los salvó de su aflicción.
Envió su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro.
¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!
¡Que ofrezcan sacrificios de gratitud, y jubilosos proclamen sus obras!
Se hicieron a la mar en sus barcos; para comerciar surcaron las muchas aguas.
Allí, en las aguas profundas, vieron las obras del Señor y sus maravillas.
Habló Dios, y se desató un fuerte viento que tanto encrespó las olas
que subían a los cielos y bajaban al abismo. Ante el peligro, ellos perdieron el coraje.
Como ebrios tropezaban, se tambaleaban; de nada les valía toda su pericia.
En su angustia clamaron al Señor , y él los sacó de su aflicción.
Cambió la tempestad en suave brisa: se sosegaron las olas del mar.
Ante esa calma se alegraron, y Dios los llevó al puerto anhelado.
¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!
¡Que lo exalten en la asamblea del pueblo! ¡Que lo alaben en el consejo de los ancianos!
Dios convirtió los ríos en desiertos, los manantiales en tierra seca,
los fértiles terrenos en tierra salitrosa, por la maldad de sus habitantes.
Convirtió el desierto en fuentes de agua, la tierra seca en manantiales;
hizo habitar allí a los hambrientos, y ellos fundaron una ciudad habitable.
Sembraron campos, plantaron viñedos, obtuvieron abundantes cosechas.
Dios los bendijo y se multiplicaron, y no dejó que menguaran sus rebaños.
Pero, si merman y son humillados, es por la opresión, la maldad y la aflicción.
Dios desdeña a los nobles y los hace vagar por desiertos sin senderos.
Pero a los necesitados los saca de su miseria, y hace que sus familias crezcan como rebaños.
Los rectos lo verán y se alegrarán, pero todos los impíos serán acallados.
Quien sea sabio, que considere estas cosas y entienda bien el gran amor del Señor.