Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Defiéndeme, Señor , de los que me atacan; combate a los que me combaten.

Toma tu adarga, tu escudo, y acude en mi ayuda.

Empuña la lanza y el hacha, y haz frente a los que me persiguen. Quiero oírte decir: «Yo soy tu salvación».

Queden confundidos y avergonzados los que procuran matarme; retrocedan humillados los que traman mi ruina.

Sean como la paja en el viento, acosados por el ángel del Señor ;

sea su senda oscura y resbalosa, perseguidos por el ángel del Señor.

Ya que sin motivo me tendieron una trampa, y sin motivo cavaron una fosa para mí,

que la ruina los tome por sorpresa; que caigan en su propia trampa, en la fosa que ellos mismos cavaron.

Así mi alma se alegrará en el Señor y se deleitará en su salvación;

así todo mi ser exclamará: «¿Quién como tú, Señor ? Tú libras de los poderosos a los pobres; a los pobres y necesitados libras de aquellos que los explotan».

Se presentan testigos despiadados y me preguntan cosas que yo ignoro.

Me devuelven mal por bien, y eso me hiere en el alma;

pues cuando ellos enfermaban yo me vestía de luto, me afligía y ayunaba. ¡Ay, si pudiera retractarme de mis oraciones!

Me vestía yo de luto, como por un amigo o un hermano. Afligido, inclinaba la cabeza, como si llorara por mi madre.

Pero yo tropecé, y ellos se alegraron, y a una se juntaron contra mí. Gente extraña, que yo no conocía, me calumniaba sin cesar.

Me atormentaban, se burlaban de mí, y contra mí rechinaban los dientes.

¿Hasta cuándo, Señor, vas a tolerar esto? Libra mi vida, mi única vida, de los ataques de esos leones.

Yo te daré gracias en la gran asamblea; ante una multitud te alabaré.

No dejes que de mí se burlen mis enemigos traicioneros; no dejes que se guiñen el ojo los que me odian sin motivo.

Porque no vienen en son de paz, sino que urden mentiras contra la gente apacible del país.

De mí se ríen a carcajadas, y exclaman: «¡Miren en lo que vino a parar!»

Señor , tú has visto todo esto; no te quedes callado. ¡Señor, no te alejes de mí!

¡Despierta, Dios mío, levántate! ¡Hazme justicia, Señor, defiéndeme!

Júzgame según tu justicia, Señor mi Dios; no dejes que se burlen de mí.

No permitas que piensen: «¡Así queríamos verlo!» No permitas que digan: «Nos lo hemos tragado vivo».

Queden avergonzados y confundidos todos los que se alegran de mi desgracia; sean cubiertos de oprobio y vergüenza todos los que se creen más que yo.

Pero lancen voces de alegría y regocijo los que apoyan mi causa, y digan siempre: «Exaltado sea el Señor , quien se deleita en el bienestar de su siervo».

Con mi lengua proclamaré tu justicia, y todo el día te alabaré.

Salmo 35

Salmo de Ayer

No me reprendas, Señor , en tu ira; no me castigues en tu furor.

Tenme compasión, Señor , porque desfallezco; sáname, Señor , que un frío de muerte recorre mis huesos.

Angustiada está mi alma; ¿hasta cuándo, Señor , hasta cuándo?

Vuélvete, Señor , y sálvame la vida; por tu gran amor, ¡ponme a salvo!

En la muerte nadie te recuerda; en el sepulcro, ¿quién te alabará?

Cansado estoy de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi cama, ¡mi lecho empapo con mi llanto!

Desfallecen mis ojos por causa del dolor; desfallecen por culpa de mis enemigos.

¡Apártense de mí, todos los malhechores, que el Señor ha escuchado mi llanto!

El Señor ha escuchado mis ruegos; el Señor ha tomado en cuenta mi oración.

Todos mis enemigos quedarán avergonzados y confundidos; ¡su repentina vergüenza los hará retroceder!

Salmo 6

Salmo de Anteayer

¡Cuánto te amo, Señor , fuerza mía!

El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!

Invoco al Señor , que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.

Los lazos de la muerte me envolvieron; los torrentes destructores me abrumaron.

Me enredaron los lazos del sepulcro, y me encontré ante las trampas de la muerte.

En mi angustia invoqué al Señor ; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!

La tierra tembló, se estremeció; se sacudieron los cimientos de los montes; ¡retemblaron a causa de su enojo!

Por la nariz echaba humo, por la boca, fuego consumidor; ¡lanzaba carbones encendidos!

Rasgando el cielo, descendió, pisando sobre oscuros nubarrones.

Montando sobre un querubín, surcó los cielos y se remontó sobre las alas del viento.

Hizo de las tinieblas su escondite, de los oscuros y cargados nubarrones un pabellón que lo rodeaba.

De su radiante presencia brotaron nubes, granizos y carbones encendidos.

En el cielo, entre granizos y carbones encendidos, se oyó el trueno del Señor , resonó la voz del Altísimo.

Lanzó sus flechas, sus grandes centellas; dispersó a mis enemigos y los puso en fuga.

A causa de tu reprensión, oh Señor , y por el resoplido de tu enojo, las cuencas del mar quedaron a la vista; ¡al descubierto quedaron los cimientos de la tierra!

Extendiendo su mano desde lo alto, tomó la mía y me sacó del mar profundo.

Me libró de mi enemigo poderoso, y de aquellos que me odiaban y eran más fuertes que yo.

En el día de mi desgracia me salieron al encuentro, pero mi apoyo fue el Señor.

Me sacó a un amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.

El Señor me ha pagado conforme a mi justicia; me ha premiado conforme a la limpieza de mis manos,

pues he andado en los caminos del Señor ; no he cometido mal alguno ni me he apartado de mi Dios.

Presentes tengo todas sus sentencias; no me he alejado de sus decretos.

He sido íntegro con él y me he abstenido de pecar.

El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos.

Tú eres fiel con quien es fiel, e irreprochable con quien es irreprochable;

sincero eres con quien es sincero, pero sagaz con el que es tramposo.

Tú das la victoria a los humildes, pero humillas a los altaneros.

Tú, Señor , mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas.

Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército; contigo, Dios mío, podré asaltar murallas.

El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian.

¿Quién es Dios, si no el Señor ? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?

Es él quien me arma de valor y endereza mi camino;

da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas;

adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar arcos de bronce.

Tú me cubres con el escudo de tu salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho prosperar.

Me has despejado el camino, así que mis tobillos no flaquean.

Perseguí a mis enemigos, les di alcance, y no retrocedí hasta verlos aniquilados.

Los aplasté. Ya no pudieron levantarse. ¡Cayeron debajo de mis pies!

Tú me armaste de valor para el combate; bajo mi planta sometiste a los rebeldes.

Hiciste retroceder a mis enemigos, y así exterminé a los que me odiaban.

Pedían ayuda; no hubo quien los salvara. Al Señor clamaron, pero no les respondió.

Los desmenucé. Parecían polvo disperso por el viento. ¡Los pisoteé como al lodo de las calles!

Me has librado de una turba amotinada; me has puesto por encima de los paganos; me sirve gente que yo no conocía.

Apenas me oyen, me obedecen; son extranjeros, y me rinden homenaje.

¡Esos extraños se descorazonan, y temblando salen de sus refugios!

¡El Señor vive! ¡Alabada sea mi roca! ¡Exaltado sea Dios mi Salvador!

Él es el Dios que me vindica, el que pone los pueblos a mis pies.

Tú me libras del furor de mis enemigos, me exaltas por encima de mis adversarios, me salvas de los hombres violentos.

Por eso, Señor , te alabo entre las naciones y canto salmos a tu nombre.

El Señor da grandes victorias a su rey; a su ungido David y a sus descendientes les muestra por siempre su gran amor.

Salmo 18