Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! Alaba, alma mía, al Señor.
Alabaré al Señor toda mi vida; mientras haya aliento en mí, cantaré salmos a mi Dios.
No pongan su confianza en gente poderosa, en simples mortales, que no pueden salvar.
Exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese mismo día se desbaratan sus planes.
Dichoso aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios,
creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo cuanto hay en ellos, y que siempre mantiene la verdad.
El Señor hace justicia a los oprimidos, da de comer a los hambrientos y pone en libertad a los cautivos.
El Señor da vista a los ciegos, el Señor sostiene a los agobiados, el Señor ama a los justos.
El Señor protege al extranjero y sostiene al huérfano y a la viuda, pero frustra los planes de los impíos.
¡Oh Sión, que el Señor reine para siempre! ¡Que tu Dios reine por todas las generaciones! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !
Salmo de Ayer
Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra, su santo brazo, ha alcanzado la victoria.
El Señor ha hecho gala de su triunfo; ha mostrado su justicia a las naciones.
Se ha acordado de su amor y de su fidelidad por el pueblo de Israel; ¡todos los confines de la tierra son testigos de la salvación de nuestro Dios!
¡Aclamen alegres al Señor , habitantes de toda la tierra! ¡Prorrumpan en alegres cánticos y salmos!
¡Canten salmos al Señor al son del arpa, al son del arpa y de coros melodiosos!
¡Aclamen alegres al Señor , el Rey, al son de clarines y trompetas!
¡Brame el mar y todo lo que él contiene; el mundo y todos sus habitantes!
¡Batan palmas los ríos, y canten jubilosos todos los montes!
Canten delante del Señor , que ya viene a juzgar la tierra. Y juzgará al mundo con justicia, a los pueblos con equidad.
Salmo de Anteayer
En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel, con los puros de corazón!
Yo estuve a punto de caer, y poco me faltó para que resbalara.
Sentí envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de esos malvados.
Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable.
Libres están de los afanes de todos; no les afectan los infortunios humanos.
Por eso lucen su orgullo como un collar, y hacen gala de su violencia.
¡Están que revientan de malicia, y hasta se les ven sus malas intenciones!
Son burlones, hablan con doblez, y arrogantes oprimen y amenazan.
Con la boca increpan al cielo, con la lengua dominan la tierra.
Por eso la gente acude a ellos y cree todo lo que afirman.
Hasta dicen: «¿Cómo puede Dios saberlo? ¿Acaso el Altísimo tiene entendimiento?»
Así son los impíos; sin afanarse, aumentan sus riquezas.
En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia,
si todo el día me golpean y de mañana me castigan?
Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a tu linaje.
Cuando traté de comprender todo esto, me resultó una carga insoportable,
hasta que entré en el santuario de Dios; allí comprendí cuál será el destino de los malvados:
En verdad, los has puesto en terreno resbaladizo, y los empujas a su propia destrucción.
¡En un instante serán destruidos, totalmente consumidos por el terror!
Como quien despierta de un sueño, así, Señor, cuando tú te levantes, desecharás su falsa apariencia.
Se me afligía el corazón y se me amargaba el ánimo
por mi necedad e ignorancia. ¡Me porté contigo como una bestia!
Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha.
Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria.
¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.
Perecerán los que se alejen de ti; tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras.