Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Sálvanos, Señor , que ya no hay gente fiel; ya no queda gente sincera en este mundo.

No hacen sino mentirse unos a otros; sus labios lisonjeros hablan con doblez.

El Señor cortará todo labio lisonjero y toda lengua jactanciosa

que dice: «Venceremos con la lengua; en nuestros labios confiamos. ¿Quién puede dominarnos a nosotros?»

Dice el Señor : «Voy ahora a levantarme, y pondré a salvo a los oprimidos, pues al pobre se le oprime, y el necesitado se queja».

Las palabras del Señor son puras, son como la plata refinada, siete veces purificada en el crisol.

Tú, Señor , nos protegerás; tú siempre nos defenderás de esta gente,

aun cuando los malvados sigan merodeando, y la maldad sea exaltada en este mundo.

Salmo 12

Salmo de Ayer

Canten al Señor un cántico nuevo; canten al Señor , habitantes de toda la tierra.

Canten al Señor , alaben su nombre; anuncien día tras día su victoria.

Proclamen su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos.

¡Grande es el Señor y digno de alabanza, más temible que todos los dioses!

Todos los dioses de las naciones no son nada, pero el Señor ha creado los cielos.

El esplendor y la majestad son sus heraldos; hay poder y belleza en su santuario.

Tributen al Señor , pueblos todos, tributen al Señor la gloria y el poder.

Tributen al Señor la gloria que merece su nombre; traigan sus ofrendas y entren en sus atrios.

Póstrense ante el Señor en la majestad de su santuario; ¡tiemble delante de él toda la tierra!

Que se diga entre las naciones: «¡El Señor es rey!» Ha establecido el mundo con firmeza; jamás será removido. Él juzga a los pueblos con equidad.

¡Alégrense los cielos, regocíjese la tierra! ¡Brame el mar y todo lo que él contiene!

¡Canten alegres los campos y todo lo que hay en ellos! ¡Canten jubilosos todos los árboles del bosque!

¡Canten delante del Señor , que ya viene! ¡Viene ya para juzgar la tierra! Y juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con fidelidad.

Salmo 96

Salmo de Anteayer

¿Por qué, oh Dios, nos has rechazado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu ira contra las ovejas de tu prado?

Acuérdate del pueblo que adquiriste desde tiempos antiguos, de la tribu que redimiste para que fuera tu posesión. Acuérdate de este monte Sión, que es donde tú habitas.

Dirige tus pasos hacia estas ruinas eternas; ¡todo en el santuario lo ha destruido el enemigo!

Tus adversarios rugen en el lugar de tus asambleas y plantan sus banderas en señal de victoria.

Parecen leñadores en el bosque, talando árboles con sus hachas.

Con sus hachas y martillos destrozaron todos los adornos de madera.

Prendieron fuego a tu santuario; profanaron el lugar donde habitas.

En su corazón dijeron: «¡Los haremos polvo!», y quemaron en el país todos tus santuarios.

Ya no vemos ondear nuestras banderas; ya no hay ningún profeta, y ni siquiera sabemos hasta cuándo durará todo esto.

¿Hasta cuándo, oh Dios, se burlará el adversario? ¿Por siempre insultará tu nombre el enemigo?

¿Por qué retraes tu mano, tu mano derecha? ¿Por qué te quedas cruzado de brazos?

Tú, oh Dios, eres mi rey desde tiempos antiguos; tú traes salvación sobre la tierra.

Tú dividiste el mar con tu poder; les rompiste la cabeza a los monstruos marinos.

Tú aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las jaurías del desierto.

Tú hiciste que brotaran fuentes y arroyos; secaste ríos de inagotables corrientes.

Tuyo es el día, tuya también la noche; tú estableciste la luna y el sol;

trazaste los límites de la tierra, y creaste el verano y el invierno.

Recuerda, Señor , que tu enemigo se burla, y que un pueblo insensato ofende tu nombre.

No entregues a las fieras la vida de tu tórtola; no te olvides, ni ahora ni nunca, de la vida de tus pobres.

Toma en cuenta tu pacto, pues en todos los rincones del país abunda la violencia.

Que no vuelva humillado el oprimido; que alaben tu nombre el pobre y el necesitado.

Levántate, oh Dios, y defiende tu causa; recuerda que a todas horas te ofenden los necios.

No pases por alto el griterío de tus adversarios, el creciente tumulto de tus enemigos.

Salmo 74