Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
¡Cuán bueno, Señor , es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre;
proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche,
al son del decacordio y de la lira; al son del arpa y del salterio!
Tú, Señor , me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos.
Oh Señor , ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos!
Los insensatos no lo saben, los necios no lo entienden:
aunque broten como hierba los impíos, y florezcan todos los malhechores, para siempre serán destruidos.
Solo tú, Señor , serás exaltado para siempre.
Ciertamente tus enemigos, Señor , ciertamente tus enemigos perecerán; ¡dispersados por todas partes serán todos los malhechores!
Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume.
Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos.
Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen.
Plantados en la casa del Señor , florecen en los atrios de nuestro Dios.
Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos,
para proclamar: «El Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia».
Salmo de Ayer
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! Alaben al Señor desde los cielos, alábenlo desde las alturas.
Alábenlo, todos sus ángeles, alábenlo, todos sus ejércitos.
Alábenlo, sol y luna, alábenlo, estrellas luminosas.
Alábenlo ustedes, altísimos cielos, y ustedes, las aguas que están sobre los cielos.
Sea alabado el nombre del Señor , porque él dio una orden y todo fue creado.
Todo quedó afirmado para siempre; emitió un decreto que no será abolido.
Alaben al Señor desde la tierra los monstruos marinos y las profundidades del mar,
el relámpago y el granizo, la nieve y la neblina, el viento tempestuoso que cumple su mandato,
los montes y las colinas, los árboles frutales y todos los cedros,
los animales salvajes y los domésticos, los reptiles y las aves,
los reyes de la tierra y todas las naciones, los príncipes y los gobernantes de la tierra,
los jóvenes y las jóvenes, los ancianos y los niños.
Alaben el nombre del Señor , porque solo su nombre es excelso; su esplendor está por encima de la tierra y de los cielos.
¡Él ha dado poder a su pueblo! ¡A él sea la alabanza de todos sus fieles, de los hijos de Israel, su pueblo cercano! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !
Salmo de Anteayer
Me dije a mí mismo: «Mientras esté ante gente malvada vigilaré mi conducta, me abstendré de pecar con la lengua, me pondré una mordaza en la boca».
Así que guardé silencio, me mantuve callado. ¡Ni aun lo bueno salía de mi boca! Pero mi angustia iba en aumento;
¡el corazón me ardía en el pecho! Al meditar en esto, el fuego se inflamó y tuve que decir:
«Hazme saber, Señor , el límite de mis días, y el tiempo que me queda por vivir; hazme saber lo efímero que soy.
Muy breve es la vida que me has dado; ante ti, mis años no son nada. ¡Un soplo nada más es el mortal! Selah
Es un suspiro que se pierde entre las sombras. Ilusorias son las riquezas que amontona, pues no sabe quién se quedará con ellas.
»Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!
Líbrame de todas mis transgresiones. Que los necios no se burlen de mí.
»He guardado silencio; no he abierto la boca, pues tú eres quien actúa.
Ya no me castigues, que los golpes de tu mano me aniquilan.
Tú reprendes a los mortales, los castigas por su iniquidad; como polilla, acabas con sus placeres. ¡Un soplo nada más es el mortal! Selah
» Señor , escucha mi oración, atiende a mi clamor; no cierres tus oídos a mi llanto. Ante ti soy un extraño, un peregrino, como todos mis antepasados.
No me mires con enojo, y volveré a alegrarme antes que me muera y deje de existir».