Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Señor , no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu ira.

Porque tus flechas me han atravesado, y sobre mí ha caído tu mano.

Por causa de tu indignación no hay nada sano en mi cuerpo; por causa de mi pecado mis huesos no hallan descanso.

Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada.

Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran.

Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado.

Estoy ardiendo de fiebre; no hay nada sano en mi cuerpo.

Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado.

Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis anhelos.

Late mi corazón con violencia, las fuerzas me abandonan, hasta la luz de mis ojos se apaga.

Mis amigos y vecinos se apartan de mis llagas; mis parientes se mantienen a distancia.

Tienden sus trampas los que quieren matarme; maquinan mi ruina los que buscan mi mal y todo el día urden engaños.

Pero yo me hago el sordo, y no los escucho; me hago el mudo, y no les respondo.

Soy como los que no oyen ni pueden defenderse.

Yo, Señor , espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.

Tan solo pido que no se burlen de mí, que no se crean superiores si resbalo.

Estoy por desfallecer; el dolor no me deja un solo instante.

Voy a confesar mi iniquidad, pues mi pecado me angustia.

Muchos son mis enemigos gratuitos; abundan los que me odian sin motivo.

Por hacer el bien, me pagan con el mal; por procurar lo bueno, se ponen en mi contra.

Señor , no me abandones; Dios mío, no te alejes de mí.

Señor de mi salvación, ¡ven pronto en mi ayuda!

Salmo 38

Salmo de Ayer

Canten al Señor con alegría, ustedes los justos; es propio de los íntegros alabar al Señor.

Alaben al Señor al son del arpa; entonen alabanzas con el decacordio.

Cántenle una canción nueva; toquen con destreza, y den voces de alegría.

La palabra del Señor es justa; fieles son todas sus obras.

El Señor ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de su amor.

Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.

Él recoge en un cántaro el agua de los mares, y junta en vasijas los océanos.

Tema toda la tierra al Señor ; hónrenlo todos los pueblos del mundo;

porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme.

El Señor frustra los planes de las naciones; desbarata los designios de los pueblos.

Pero los planes del Señor quedan firmes para siempre; los designios de su mente son eternos.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor , el pueblo que escogió por su heredad.

El Señor observa desde el cielo y ve a toda la humanidad;

él contempla desde su trono a todos los habitantes de la tierra.

Él es quien formó el corazón de todos, y quien conoce a fondo todas sus acciones.

No se salva el rey por sus muchos soldados, ni por su mucha fuerza se libra el valiente.

Vana esperanza de victoria es el caballo; a pesar de su mucha fuerza no puede salvar.

Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor;

él los libra de la muerte, y en épocas de hambre los mantiene con vida.

Esperamos confiados en el Señor ; él es nuestro socorro y nuestro escudo.

En él se regocija nuestro corazón, porque confiamos en su santo nombre.

Que tu gran amor, Señor , nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.

Salmo 33

Salmo de Anteayer

Te exaltaré, Señor , porque me levantaste, porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí.

Señor mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste.

Tú, Señor , me sacaste del sepulcro; me hiciste revivir de entre los muertos.

Canten al Señor , ustedes sus fieles; alaben su santo nombre.

Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.

Cuando me sentí seguro, exclamé: «Jamás seré conmovido».

Tú, Señor , en tu buena voluntad, me afirmaste en elevado baluarte; pero escondiste tu rostro, y yo quedé confundido.

A ti clamo, Señor Soberano; a ti me vuelvo suplicante.

¿Qué ganas tú con que yo muera, con que descienda yo al sepulcro? ¿Acaso el polvo te alabará o proclamará tu verdad?

Oye, Señor ; compadécete de mí. ¡Sé tú, Señor , mi ayuda!

Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta,

para que te cante y te glorifique, y no me quede callado. ¡ Señor mi Dios, siempre te daré gracias!

Salmo 30