Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

¡Alaba, alma mía, al Señor ! Señor mi Dios, tú eres grandioso; te has revestido de gloria y majestad.

Te cubres de luz como con un manto; extiendes los cielos como un velo.

Afirmas sobre las aguas tus altos aposentos y haces de las nubes tus carros de guerra. ¡Tú cabalgas en las alas del viento!

Haces de los vientos tus mensajeros, y de las llamas de fuego tus servidores.

Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos, y de allí jamás se moverá;

la revestiste con el mar, y las aguas se detuvieron sobre los montes.

Pero a tu reprensión huyeron las aguas; ante el estruendo de tu voz se dieron a la fuga.

Ascendieron a los montes, descendieron a los valles, al lugar que tú les asignaste.

Pusiste una frontera que ellas no pueden cruzar; ¡jamás volverán a cubrir la tierra!

Tú haces que los manantiales viertan sus aguas en las cañadas, y que fluyan entre las montañas.

De ellas beben todas las bestias del campo; allí los asnos monteses calman su sed.

Las aves del cielo anidan junto a las aguas y cantan entre el follaje.

Desde tus altos aposentos riegas las montañas; la tierra se sacia con el fruto de tu trabajo.

Haces que crezca la hierba para el ganado, y las plantas que la gente cultiva para sacar de la tierra su alimento:

el vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida.

Los árboles del Señor están bien regados, los cedros del Líbano que él plantó.

Allí las aves hacen sus nidos; en los cipreses tienen su hogar las cigüeñas.

En las altas montañas están las cabras monteses, y en los escarpados peñascos tienen su madriguera los tejones.

Tú hiciste la luna, que marca las estaciones, y el sol, que sabe cuándo ocultarse.

Tú traes la oscuridad, y cae la noche, y en sus sombras se arrastran los animales del bosque.

Los leones rugen, reclamando su presa, exigiendo que Dios les dé su alimento.

Pero al salir el sol se escabullen, y vuelven a echarse en sus guaridas.

Sale entonces la gente a cumplir sus tareas, a hacer su trabajo hasta el anochecer.

¡Oh Señor , cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!

Allí está el mar, ancho e infinito, que abunda en animales, grandes y pequeños, cuyo número es imposible conocer.

Allí navegan los barcos y se mece Leviatán, que tú creaste para jugar con él.

Todos ellos esperan de ti que a su tiempo les des su alimento.

Tú les das, y ellos recogen; abres la mano, y se colman de bienes.

Si escondes tu rostro, se aterran; si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo.

Pero, si envías tu Espíritu, son creados, y así renuevas la faz de la tierra.

Que la gloria del Señor perdure eternamente; que el Señor se regocije en sus obras.

Él mira la tierra y la hace temblar; toca los montes y los hace echar humo.

Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.

Quiera él agradarse de mi meditación; yo, por mi parte, me alegro en el Señor.

Que desaparezcan de la tierra los pecadores; ¡que no existan más los malvados! ¡Alaba, alma mía, al Señor ! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !

Salmo 104

Salmo de Ayer

Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro.

Clamo al Dios Altísimo, al Dios que me brinda su apoyo.

Desde el cielo me tiende la mano y me salva; reprende a mis perseguidores. Selah ¡Dios me envía su amor y su verdad!

Me encuentro en medio de leones, rodeado de gente rapaz. Sus dientes son lanzas y flechas; su lengua, una espada afilada.

Pero tú, oh Dios, estás sobre los cielos, ¡tu gloria cubre toda la tierra!

Tendieron una red en mi camino, y mi ánimo quedó por los suelos. En mi senda cavaron una fosa, pero ellos mismos cayeron en ella. Selah

Firme está, oh Dios, mi corazón; firme está mi corazón. Voy a cantarte salmos.

¡Despierta, alma mía! ¡Despierten, arpa y lira! ¡Haré despertar al nuevo día!

Te alabaré, Señor, entre los pueblos, te cantaré salmos entre las naciones.

Pues tu amor es tan grande que llega a los cielos; ¡tu verdad llega hasta el firmamento!

¡Tú, oh Dios, estás sobre los cielos; tu gloria cubre toda la tierra!

Salmo 57

Salmo de Anteayer

Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.

Un día transmite al otro la noticia, una noche a la otra comparte su saber.

Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible,

por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo! Dios ha plantado en los cielos un pabellón para el sol.

Y este, como novio que sale de la cámara nupcial, se apresta, cual atleta, a recorrer el camino.

Sale de un extremo de los cielos y, en su recorrido, llega al otro extremo, sin que nada se libre de su calor.

La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento. El mandato del Señor es digno de confianza: da sabiduría al sencillo.

Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.

El temor del Señor es puro: permanece para siempre. Las sentencias del Señor son verdaderas: todas ellas son justas.

Son más deseables que el oro, más que mucho oro refinado; son más dulces que la miel, la miel que destila del panal.

Por ellas queda advertido tu siervo; quien las obedece recibe una gran recompensa.

¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!

Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas; no permitas que tales pecados me dominen. Así estaré libre de culpa y de multiplicar mis pecados.

Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor , roca mía y redentor mío.

Salmo 19