Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Escucha, oh Dios, mi oración; no pases por alto mi súplica.
¡Óyeme y respóndeme, porque mis angustias me perturban! Me aterran
las amenazas del enemigo y la opresión de los impíos, pues me causan sufrimiento y en su enojo me insultan.
Se me estremece el corazón dentro del pecho, y me invade un pánico mortal.
Temblando estoy de miedo, sobrecogido estoy de terror.
¡Cómo quisiera tener las alas de una paloma y volar hasta encontrar reposo!
Me iría muy lejos de aquí; me quedaría a vivir en el desierto. Selah
Presuroso volaría a mi refugio, para librarme del viento borrascoso y de la tempestad.
¡Destrúyelos, Señor! ¡Confunde su lenguaje! En la ciudad solo veo contiendas y violencia;
día y noche rondan por sus muros, y dentro de ella hay intrigas y maldad.
En su seno hay fuerzas destructivas; de sus calles no se apartan la opresión y el engaño.
Si un enemigo me insultara, yo lo podría soportar; si un adversario me humillara, de él me podría yo esconder.
Pero lo has hecho tú, un hombre como yo, mi compañero, mi mejor amigo,
a quien me unía una bella amistad, con quien convivía en la casa de Dios.
¡Que sorprenda la muerte a mis enemigos! ¡Que caigan vivos al sepulcro, pues en ellos habita la maldad!
Pero yo clamaré a Dios, y el Señor me salvará.
Mañana, tarde y noche clamo angustiado, y él me escucha.
Aunque son muchos los que me combaten, él me rescata, me salva la vida en la batalla que se libra contra mí.
¡Dios, que reina para siempre, habrá de oírme y los afligirá! Selah Esa gente no cambia de conducta, no tiene temor de Dios.
Levantan la mano contra sus amigos y no cumplen sus compromisos.
Su boca es blanda como la manteca, pero sus pensamientos son belicosos. Sus palabras son más suaves que el aceite, pero no son sino espadas desenvainadas.
Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre.
Tú, oh Dios, abatirás a los impíos y los arrojarás en la fosa de la muerte; la gente sanguinaria y mentirosa no llegará ni a la mitad de su vida. Yo, por mi parte, en ti confío.
Salmo de Ayer
En mi corazón se agita un bello tema mientras recito mis versos ante el rey; mi lengua es como pluma de hábil escritor.
Tú eres el más apuesto de los hombres; tus labios son fuente de elocuencia, ya que Dios te ha bendecido para siempre.
¡Con esplendor y majestad, cíñete la espada, oh valiente!
Con majestad, cabalga victorioso en nombre de la verdad, la humildad y la justicia; que tu diestra realice gloriosas hazañas.
Que tus agudas flechas atraviesen el corazón de los enemigos del rey, y que caigan las naciones a tus pies.
Tu trono, oh Dios, permanece para siempre; el cetro de tu reino es un cetro de justicia.
Tú amas la justicia y odias la maldad; por eso Dios te escogió a ti y no a tus compañeros, ¡tu Dios te ungió con perfume de alegría!
Aroma de mirra, áloe y canela exhalan todas tus vestiduras; desde los palacios adornados con marfil te alegra la música de cuerdas.
Entre tus damas de honor se cuentan princesas; a tu derecha se halla la novia real luciendo el oro más refinado.
Escucha, hija, fíjate bien y presta atención: Olvídate de tu pueblo y de tu familia.
El rey está cautivado por tu hermosura; él es tu señor: inclínate ante él.
La gente de Tiro vendrá con presentes; los ricos del pueblo buscarán tu favor.
La princesa es todo esplendor, luciendo en su alcoba brocados de oro.
Vestida de finos bordados es conducida ante el rey, seguida por sus damas de compañía.
Con alegría y regocijo son conducidas al interior del palacio real.
Tus hijos ocuparán el trono de tus ancestros; los pondrás por príncipes en toda la tierra.
Haré que tu nombre se recuerde por todas las generaciones; por eso las naciones te alabarán eternamente y para siempre.
Salmo de Anteayer
Quiero cantar al amor y a la justicia: quiero, Señor , cantarte salmos.
Quiero triunfar en el camino de perfección: ¿cuándo me visitarás? Quiero conducirme en mi propia casa con integridad de corazón.
No me pondré como meta nada en que haya perversidad. Las acciones de gente desleal las aborrezco; no tendrán nada que ver conmigo.
Alejaré de mí toda intención perversa; no tendrá cabida en mí la maldad.
Al que en secreto calumnie a su prójimo, lo haré callar para siempre; al de ojos altivos y corazón soberbio no lo soportaré.
Pondré mis ojos en los fieles de la tierra, para que habiten conmigo; solo estarán a mi servicio los de conducta intachable.
Jamás habitará bajo mi techo nadie que practique el engaño; jamás prevalecerá en mi presencia nadie que hable con falsedad.
Cada mañana reduciré al silencio a todos los impíos que hay en la tierra; extirparé de la ciudad del Señor a todos los malhechores.