Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
No me reprendas, Señor , en tu ira; no me castigues en tu furor.
Tenme compasión, Señor , porque desfallezco; sáname, Señor , que un frío de muerte recorre mis huesos.
Angustiada está mi alma; ¿hasta cuándo, Señor , hasta cuándo?
Vuélvete, Señor , y sálvame la vida; por tu gran amor, ¡ponme a salvo!
En la muerte nadie te recuerda; en el sepulcro, ¿quién te alabará?
Cansado estoy de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi cama, ¡mi lecho empapo con mi llanto!
Desfallecen mis ojos por causa del dolor; desfallecen por culpa de mis enemigos.
¡Apártense de mí, todos los malhechores, que el Señor ha escuchado mi llanto!
El Señor ha escuchado mis ruegos; el Señor ha tomado en cuenta mi oración.
Todos mis enemigos quedarán avergonzados y confundidos; ¡su repentina vergüenza los hará retroceder!
Salmo de Ayer
¡Cuánto te amo, Señor , fuerza mía!
El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!
Invoco al Señor , que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.
Los lazos de la muerte me envolvieron; los torrentes destructores me abrumaron.
Me enredaron los lazos del sepulcro, y me encontré ante las trampas de la muerte.
En mi angustia invoqué al Señor ; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!
La tierra tembló, se estremeció; se sacudieron los cimientos de los montes; ¡retemblaron a causa de su enojo!
Por la nariz echaba humo, por la boca, fuego consumidor; ¡lanzaba carbones encendidos!
Rasgando el cielo, descendió, pisando sobre oscuros nubarrones.
Montando sobre un querubín, surcó los cielos y se remontó sobre las alas del viento.
Hizo de las tinieblas su escondite, de los oscuros y cargados nubarrones un pabellón que lo rodeaba.
De su radiante presencia brotaron nubes, granizos y carbones encendidos.
En el cielo, entre granizos y carbones encendidos, se oyó el trueno del Señor , resonó la voz del Altísimo.
Lanzó sus flechas, sus grandes centellas; dispersó a mis enemigos y los puso en fuga.
A causa de tu reprensión, oh Señor , y por el resoplido de tu enojo, las cuencas del mar quedaron a la vista; ¡al descubierto quedaron los cimientos de la tierra!
Extendiendo su mano desde lo alto, tomó la mía y me sacó del mar profundo.
Me libró de mi enemigo poderoso, y de aquellos que me odiaban y eran más fuertes que yo.
En el día de mi desgracia me salieron al encuentro, pero mi apoyo fue el Señor.
Me sacó a un amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.
El Señor me ha pagado conforme a mi justicia; me ha premiado conforme a la limpieza de mis manos,
pues he andado en los caminos del Señor ; no he cometido mal alguno ni me he apartado de mi Dios.
Presentes tengo todas sus sentencias; no me he alejado de sus decretos.
He sido íntegro con él y me he abstenido de pecar.
El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos.
Tú eres fiel con quien es fiel, e irreprochable con quien es irreprochable;
sincero eres con quien es sincero, pero sagaz con el que es tramposo.
Tú das la victoria a los humildes, pero humillas a los altaneros.
Tú, Señor , mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas.
Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército; contigo, Dios mío, podré asaltar murallas.
El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian.
¿Quién es Dios, si no el Señor ? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?
Es él quien me arma de valor y endereza mi camino;
da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas;
adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar arcos de bronce.
Tú me cubres con el escudo de tu salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho prosperar.
Me has despejado el camino, así que mis tobillos no flaquean.
Perseguí a mis enemigos, les di alcance, y no retrocedí hasta verlos aniquilados.
Los aplasté. Ya no pudieron levantarse. ¡Cayeron debajo de mis pies!
Tú me armaste de valor para el combate; bajo mi planta sometiste a los rebeldes.
Hiciste retroceder a mis enemigos, y así exterminé a los que me odiaban.
Pedían ayuda; no hubo quien los salvara. Al Señor clamaron, pero no les respondió.
Los desmenucé. Parecían polvo disperso por el viento. ¡Los pisoteé como al lodo de las calles!
Me has librado de una turba amotinada; me has puesto por encima de los paganos; me sirve gente que yo no conocía.
Apenas me oyen, me obedecen; son extranjeros, y me rinden homenaje.
¡Esos extraños se descorazonan, y temblando salen de sus refugios!
¡El Señor vive! ¡Alabada sea mi roca! ¡Exaltado sea Dios mi Salvador!
Él es el Dios que me vindica, el que pone los pueblos a mis pies.
Tú me libras del furor de mis enemigos, me exaltas por encima de mis adversarios, me salvas de los hombres violentos.
Por eso, Señor , te alabo entre las naciones y canto salmos a tu nombre.
El Señor da grandes victorias a su rey; a su ungido David y a sus descendientes les muestra por siempre su gran amor.
Salmo de Anteayer
¡Alaba, alma mía, al Señor ! Señor mi Dios, tú eres grandioso; te has revestido de gloria y majestad.
Te cubres de luz como con un manto; extiendes los cielos como un velo.
Afirmas sobre las aguas tus altos aposentos y haces de las nubes tus carros de guerra. ¡Tú cabalgas en las alas del viento!
Haces de los vientos tus mensajeros, y de las llamas de fuego tus servidores.
Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos, y de allí jamás se moverá;
la revestiste con el mar, y las aguas se detuvieron sobre los montes.
Pero a tu reprensión huyeron las aguas; ante el estruendo de tu voz se dieron a la fuga.
Ascendieron a los montes, descendieron a los valles, al lugar que tú les asignaste.
Pusiste una frontera que ellas no pueden cruzar; ¡jamás volverán a cubrir la tierra!
Tú haces que los manantiales viertan sus aguas en las cañadas, y que fluyan entre las montañas.
De ellas beben todas las bestias del campo; allí los asnos monteses calman su sed.
Las aves del cielo anidan junto a las aguas y cantan entre el follaje.
Desde tus altos aposentos riegas las montañas; la tierra se sacia con el fruto de tu trabajo.
Haces que crezca la hierba para el ganado, y las plantas que la gente cultiva para sacar de la tierra su alimento:
el vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida.
Los árboles del Señor están bien regados, los cedros del Líbano que él plantó.
Allí las aves hacen sus nidos; en los cipreses tienen su hogar las cigüeñas.
En las altas montañas están las cabras monteses, y en los escarpados peñascos tienen su madriguera los tejones.
Tú hiciste la luna, que marca las estaciones, y el sol, que sabe cuándo ocultarse.
Tú traes la oscuridad, y cae la noche, y en sus sombras se arrastran los animales del bosque.
Los leones rugen, reclamando su presa, exigiendo que Dios les dé su alimento.
Pero al salir el sol se escabullen, y vuelven a echarse en sus guaridas.
Sale entonces la gente a cumplir sus tareas, a hacer su trabajo hasta el anochecer.
¡Oh Señor , cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!
Allí está el mar, ancho e infinito, que abunda en animales, grandes y pequeños, cuyo número es imposible conocer.
Allí navegan los barcos y se mece Leviatán, que tú creaste para jugar con él.
Todos ellos esperan de ti que a su tiempo les des su alimento.
Tú les das, y ellos recogen; abres la mano, y se colman de bienes.
Si escondes tu rostro, se aterran; si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo.
Pero, si envías tu Espíritu, son creados, y así renuevas la faz de la tierra.
Que la gloria del Señor perdure eternamente; que el Señor se regocije en sus obras.
Él mira la tierra y la hace temblar; toca los montes y los hace echar humo.
Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.
Quiera él agradarse de mi meditación; yo, por mi parte, me alegro en el Señor.
Que desaparezcan de la tierra los pecadores; ¡que no existan más los malvados! ¡Alaba, alma mía, al Señor ! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !