Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

¿Por qué, Señor , te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia?

Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas.

El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor.

El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos.

Todas sus empresas son siempre exitosas; tan altos y alejados de él están tus juicios que se burla de todos sus enemigos.

Y se dice a sí mismo: «Nada me hará caer. Siempre seré feliz. Nunca tendré problemas».

Llena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua esconde maldad y violencia.

Se pone al acecho en las aldeas, se esconde en espera de sus víctimas, y asesina a mansalva al inocente.

Cual león en su guarida se agazapa, listo para atrapar al indefenso; le cae encima y lo arrastra en su red.

Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra.

Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada».

¡Levántate, Señor ! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos!

¿Por qué te ha de menospreciar el malvado? ¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas?

Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas. Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.

¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad, y haz que desaparezcan por completo!

El Señor es rey eterno; los paganos serán borrados de su tierra.

Tú, Señor , escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor.

Tú defiendes al huérfano y al oprimido, para que el hombre, hecho de tierra, no siga ya sembrando el terror.

Salmo 10

Salmo de Ayer

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

¿Quién puede proclamar las proezas del Señor , o expresar toda su alabanza?

Dichosos los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo.

Recuérdame, Señor , cuando te compadezcas de tu pueblo; ven en mi ayuda el día de tu salvación.

Hazme disfrutar del bienestar de tus escogidos, participar de la alegría de tu pueblo y expresar mis alabanzas con tu heredad.

Hemos pecado, lo mismo que nuestros padres; hemos hecho lo malo y actuado con iniquidad.

Cuando nuestros padres estaban en Egipto, no tomaron en cuenta tus maravillas; no tuvieron presente tu bondad infinita y se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo.

Pero Dios los salvó, haciendo honor a su nombre, para mostrar su gran poder.

Reprendió al Mar Rojo, y este quedó seco; los condujo por las profundidades del mar como si cruzaran el desierto.

Los salvó del poder de sus enemigos, del poder de quienes los odiaban.

Las aguas envolvieron a sus adversarios, y ninguno de estos quedó con vida.

Entonces ellos creyeron en sus promesas y le entonaron alabanzas.

Pero muy pronto olvidaron sus acciones y no esperaron a conocer sus planes.

En el desierto cedieron a sus propios deseos; en los páramos pusieron a prueba a Dios.

Y él les dio lo que pidieron, pero les envió una enfermedad devastadora.

En el campamento tuvieron envidia de Moisés y de Aarón, el que estaba consagrado al Señor.

Se abrió la tierra y se tragó a Datán; sepultó a los seguidores de Abirán.

Un fuego devoró a esa pandilla; las llamas consumieron a los impíos.

En Horeb hicieron un becerro; se postraron ante un ídolo de fundición.

Cambiaron al que era su motivo de orgullo por la imagen de un toro que come hierba.

Se olvidaron del Dios que los salvó y que había hecho grandes cosas en Egipto:

milagros en la tierra de Cam y portentos junto al Mar Rojo.

Dios amenazó con destruirlos, pero no lo hizo por Moisés, su escogido, que se puso ante él en la brecha e impidió que su ira los destruyera.

Menospreciaron esa bella tierra; no creyeron en la promesa de Dios.

Refunfuñaron en sus tiendas de campaña y no obedecieron al Señor.

Por tanto, él levantó su mano contra ellos para hacerlos caer en el desierto,

para hacer caer a sus descendientes entre las naciones y dispersarlos por todos los países.

Se sometieron al yugo de Baal Peor y comieron de las ofrendas a ídolos sin vida.

Provocaron al Señor con sus malvadas acciones, y les sobrevino una plaga.

Pero Finés se levantó e hizo justicia, y la plaga se detuvo.

Esto se le acreditó como un acto de justicia para siempre, por todas las generaciones.

Junto a las aguas de Meribá hicieron enojar al Señor , y a Moisés le fue mal por culpa de ellos,

pues lo sacaron de quicio y él habló sin pensar lo que decía.

No destruyeron a los pueblos que el Señor les había señalado,

sino que se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres.

Rindieron culto a sus ídolos, y se les volvieron una trampa.

Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas como sacrificio a esos demonios.

Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas. Al ofrecerlos en sacrificio a los ídolos de Canaán, su sangre derramada profanó la tierra.

Tales hechos los contaminaron; tales acciones los corrompieron.

La ira del Señor se encendió contra su pueblo; su heredad le resultó aborrecible.

Por eso los entregó a los paganos, y fueron dominados por quienes los odiaban.

Sus enemigos los oprimieron, los sometieron a su poder.

Muchas veces Dios los libró; pero ellos, empeñados en su rebeldía, se hundieron en la maldad.

Al verlos Dios angustiados, y al escuchar su clamor,

se acordó del pacto que había hecho con ellos y por su gran amor les tuvo compasión.

Hizo que todos sus opresores también se apiadaran de ellos.

Sálvanos, Señor , Dios nuestro; vuelve a reunirnos de entre las naciones, para que demos gracias a tu santo nombre y orgullosos te alabemos.

¡Bendito sea el Señor , el Dios de Israel, eternamente y para siempre! ¡Que todo el pueblo diga: «Amén»! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !

Salmo 106

Salmo de Anteayer

Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

Que proclame el pueblo de Israel: «Su gran amor perdura para siempre».

Que proclamen los descendientes de Aarón: «Su gran amor perdura para siempre».

Que proclamen los que temen al Señor : «Su gran amor perdura para siempre».

Desde mi angustia clamé al Señor , y él respondió dándome libertad.

El Señor está conmigo, y no tengo miedo; ¿qué me puede hacer un simple mortal?

El Señor está conmigo, él es mi ayuda; ¡ya veré por los suelos a los que me odian!

Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre.

Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos.

Todas las naciones me rodearon, pero en el nombre del Señor las aniquilé.

Me rodearon por completo, pero en el nombre del Señor las aniquilé.

Me rodearon como avispas, pero se consumieron como zarzas en el fuego. ¡En el nombre del Señor las aniquilé!

Me empujaron con violencia para que cayera, pero el Señor me ayudó.

El Señor es mi fuerza y mi canto; ¡él es mi salvación!

Gritos de júbilo y victoria resuenan en las casas de los justos: «¡La diestra del Señor realiza proezas!

¡La diestra del Señor es exaltada! ¡La diestra del Señor realiza proezas!»

No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor.

El Señor me ha castigado con dureza, pero no me ha entregado a la muerte.

Ábranme las puertas de la justicia para que entre yo a dar gracias al Señor.

Son las puertas del Señor , por las que entran los justos.

¡Te daré gracias porque me respondiste, porque eres mi salvación!

La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular.

Esto ha sido obra del Señor , y nos deja maravillados.

Este es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él.

Señor , ¡danos la salvación! Señor , ¡concédenos la victoria!

Bendito el que viene en el nombre del Señor . Desde la casa del Señor los bendecimos.

El Señor es Dios y nos ilumina. Únanse a la procesión portando ramas en la mano hasta los cuernos del altar.

Tú eres mi Dios, por eso te doy gracias; tú eres mi Dios, por eso te exalto.

Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

Salmo 118