Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Escucha, Señor , mi oración; llegue a ti mi clamor.
No escondas de mí tu rostro cuando me encuentro angustiado. Inclina a mí tu oído; respóndeme pronto cuando te llame.
Pues mis días se desvanecen como el humo, los huesos me arden como brasas.
Mi corazón decae y se marchita como la hierba; ¡hasta he perdido el apetito!
Por causa de mis fuertes gemidos se me pueden contar los huesos.
Parezco una lechuza del desierto; soy como un búho entre las ruinas.
No logro conciliar el sueño; parezco ave solitaria sobre el tejado.
A todas horas me ofenden mis enemigos, y hasta usan mi nombre para maldecir.
Las cenizas son todo mi alimento; mis lágrimas se mezclan con mi bebida.
¡Por tu enojo, por tu indignación, me levantaste para luego arrojarme!
Mis días son como sombras nocturnas; me voy marchitando como la hierba.
Pero tú, Señor , reinas eternamente; tu nombre perdura por todas las generaciones.
Te levantarás y tendrás piedad de Sión, pues ya es tiempo de que la compadezcas. ¡Ha llegado el momento señalado!
Tus siervos sienten cariño por sus ruinas; los mueven a compasión sus escombros.
Las naciones temerán el nombre del Señor ; todos los reyes de la tierra reconocerán su majestad.
Porque el Señor reconstruirá a Sión, y se manifestará en su esplendor.
Atenderá a la oración de los desamparados, y no desdeñará sus ruegos.
Que se escriba esto para las generaciones futuras, y que el pueblo que será creado alabe al Señor.
Miró el Señor desde su altísimo santuario; contempló la tierra desde el cielo,
para oír los lamentos de los cautivos y liberar a los condenados a muerte;
para proclamar en Sión el nombre del Señor y anunciar en Jerusalén su alabanza,
cuando todos los pueblos y los reinos se reúnan para adorar al Señor.
En el curso de mi vida acabó Dios con mis fuerzas; me redujo los días.
Por eso dije: «No me lleves, Dios mío, a la mitad de mi vida; tú permaneces por todas las generaciones.
En el principio tú afirmaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos.
Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos se desgastarán como un vestido. Y como ropa los cambiarás, y los dejarás de lado.
Pero tú eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.
Los hijos de tus siervos se establecerán, y sus descendientes habitarán en tu presencia».
Salmo de Ayer
Te exaltaré, mi Dios y Rey; por siempre bendeciré tu nombre.
Todos los días te bendeciré; por siempre alabaré tu nombre.
Grande es el Señor , y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable.
Cada generación celebrará tus obras y proclamará tus proezas.
Se hablará del esplendor de tu gloria y majestad, y yo meditaré en tus obras maravillosas.
Se hablará del poder de tus portentos, y yo anunciaré la grandeza de tus obras.
Se proclamará la memoria de tu inmensa bondad, y se cantará con júbilo tu victoria.
El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor.
El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su creación.
Que te alaben, Señor , todas tus obras; que te bendigan tus fieles.
Que hablen de la gloria de tu reino; que proclamen tus proezas,
para que todo el mundo conozca tus proezas y la gloria y esplendor de tu reino.
Tu reino es un reino eterno; tu dominio permanece por todas las edades. Fiel es el Señor a su palabra y bondadoso en todas sus obras.
El Señor levanta a los caídos y sostiene a los agobiados.
Los ojos de todos se posan en ti, y a su tiempo les das su alimento.
Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras.
El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad.
Cumple los deseos de quienes le temen; atiende a su clamor y los salva.
El Señor cuida a todos los que lo aman, pero aniquilará a todos los impíos.
¡Prorrumpa mi boca en alabanzas al Señor ! ¡Alabe todo el mundo su santo nombre, por siempre y para siempre!
Salmo de Anteayer
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos,
sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.
Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!
En cambio, los malvados son como paja arrastrada por el viento.
Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos.
Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malos lleva a la perdición.