Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.

Yo le he dicho al Señor : «Mi Señor eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno».

En cuanto a los santos que están en la tierra, son los gloriosos en quienes está toda mi delicia.

Aumentarán los dolores de los que corren tras otros dioses. ¡Jamás derramaré sus sangrientas libaciones, ni con mis labios pronunciaré sus nombres!

Tú, Señor , eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte.

Bellos lugares me han tocado en suerte; ¡preciosa herencia me ha correspondido!

Bendeciré al Señor , que me aconseja; aun de noche me reprende mi conciencia.

Siempre tengo presente al Señor ; con él a mi derecha, nada me hará caer.

Por eso mi corazón se alegra, y se regocijan mis entrañas; todo mi ser se llena de confianza.

No dejarás que mi vida termine en el sepulcro; no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.

Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha.

Salmo 16

Salmo de Ayer

Habla el Señor , el Dios de dioses: convoca a la tierra de oriente a occidente.

Dios resplandece desde Sión, la ciudad bella y perfecta.

Nuestro Dios viene, pero no en silencio; lo precede un fuego que todo lo destruye, y en torno suyo ruge la tormenta.

Dios convoca a los cielos y a la tierra, para que presencien el juicio de su pueblo:

«Reúnanme a los consagrados, a los que pactaron conmigo mediante un sacrificio».

El cielo proclama la justicia divina: ¡Dios mismo es el juez! Selah

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablar; Israel, voy a testificar contra ti: ¡Yo soy tu Dios, el único Dios!

No te reprendo por tus sacrificios ni por tus holocaustos, que siempre me ofreces.

No necesito becerros de tu establo ni machos cabríos de tus apriscos,

pues míos son los animales del bosque, y mío también el ganado de los cerros.

Conozco a las aves de las alturas; todas las bestias del campo son mías.

Si yo tuviera hambre, no te lo diría, pues mío es el mundo, y todo lo que contiene.

¿Acaso me alimento con carne de toros, o con sangre de machos cabríos?

¡Ofrece a Dios tu gratitud, cumple tus promesas al Altísimo!

Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás».

Pero Dios le dice al malvado: «¿Qué derecho tienes tú de recitar mis leyes o de mencionar mi pacto con tus labios?

Mi instrucción, la aborreces; mis palabras, las desechas.

Ves a un ladrón, y lo acompañas; con los adúlteros te identificas.

Para lo malo, das rienda suelta a tu boca; tu lengua está siempre dispuesta al engaño.

Tienes por costumbre hablar contra tu prójimo, y aun calumnias a tu propio hermano.

Has hecho todo esto, y he guardado silencio; ¿acaso piensas que soy como tú? Pero ahora voy a reprenderte; cara a cara voy a denunciarte.

»Ustedes que se olvidan de Dios, consideren lo que he dicho; de lo contrario, los haré pedazos, y no habrá nadie que los salve.

Quien me ofrece su gratitud, me honra; al que enmiende su conducta le mostraré mi salvación».

Salmo 50

Salmo de Anteayer

Oh Dios, tú nos has rechazado y has abierto brecha en nuestras filas; te has enojado con nosotros: ¡restáuranos ahora!

Has sacudido la tierra, la has resquebrajado; repara sus grietas, porque se desmorona.

Has sometido a tu pueblo a duras pruebas; nos diste a beber un vino embriagador.

Da a tus fieles la señal de retirada, para que puedan escapar de los arqueros. Selah

Líbranos con tu diestra, respóndenos para que tu pueblo amado quede a salvo.

Dios ha dicho en su santuario: «Triunfante repartiré a Siquén, y dividiré el valle de Sucot.

Mío es Galaad, mío es Manasés; Efraín es mi yelmo y Judá mi cetro.

En Moab me lavo las manos, sobre Edom arrojo mi sandalia; sobre Filistea lanzo gritos de triunfo».

¿Quién me llevará a la ciudad fortificada? ¿Quién me mostrará el camino a Edom?

¿No eres tú, oh Dios, quien nos ha rechazado? ¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos!

Bríndanos tu ayuda contra el enemigo, pues de nada sirve la ayuda humana.

Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos!

Salmo 60