Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme.
Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el Señor .
Dichoso el que pone su confianza en el Señor y no recurre a los idólatras ni a los que adoran dioses falsos.
Muchas son, Señor mi Dios, las maravillas que tú has hecho. No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro. Si quisiera anunciarlas y proclamarlas, serían más de lo que puedo contar.
A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas, pero has abierto mis oídos para oírte; tú no has pedido holocaustos ni sacrificios por el pecado.
Por eso dije: «Aquí me tienes —como el libro dice de mí—.
Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí».
En medio de la gran asamblea he dado a conocer tu justicia. Tú bien sabes, Señor , que no he sellado mis labios.
No escondo tu justicia en mi corazón, sino que proclamo tu fidelidad y tu salvación. No oculto en la gran asamblea tu gran amor y tu verdad.
No me niegues, Señor , tu misericordia; que siempre me protejan tu amor y tu verdad.
Muchos males me han rodeado; tantos son que no puedo contarlos. Me han alcanzado mis iniquidades, y ya ni puedo ver. Son más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece.
Por favor, Señor , ¡ven a librarme! ¡Ven pronto, Señor , en mi auxilio!
Sean confundidos y avergonzados todos los que tratan de matarme; huyan derrotados todos los que procuran mi mal;
que la vergüenza de su derrota humille a los que se burlan de mí.
Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Cuán grande es el Señor !»
Y a mí, pobre y necesitado, quiera el Señor tomarme en cuenta. Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te tardes, Dios mío!
Salmo de Ayer
A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche.
Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo.
Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco. Selah
No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo.
Me pongo a pensar en los tiempos de antaño; de los años ya idos me acuerdo.
Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere:
«¿Nos rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad?
¿Se habrá agotado su gran amor eterno, y sus promesas por todas las generaciones?
¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades, y en su enojo ya no quiere tenernos compasión?» Selah
Y me pongo a pensar: «Esto es lo que me duele: que haya cambiado la diestra del Altísimo».
Prefiero recordar las hazañas del Señor , traer a la memoria sus milagros de antaño.
Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.
Santos, oh Dios, son tus caminos; ¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios?
Tú eres el Dios que realiza maravillas; el que despliega su poder entre los pueblos.
Con tu brazo poderoso redimiste a tu pueblo, a los descendientes de Jacob y de José. Selah
Las aguas te vieron, oh Dios, las aguas te vieron y se agitaron; el propio abismo se estremeció con violencia.
Derramaron su lluvia las nubes; retumbaron con estruendo los cielos; rasgaron el espacio tus centellas.
Tu estruendo retumbó en el torbellino y tus relámpagos iluminaron el mundo; la tierra se estremeció con temblores.
Te abriste camino en el mar; te hiciste paso entre las muchas aguas, y no se hallaron tus huellas.
Por medio de Moisés y de Aarón guiaste como un rebaño a tu pueblo.
Salmo de Anteayer
Que se levante Dios, que sean dispersados sus enemigos, que huyan de su presencia los que le odian.
Que desaparezcan del todo, como humo que se disipa con el viento; que perezcan ante Dios los impíos, como cera que se derrite en el fuego.
Pero que los justos se alegren y se regocijen; que estén felices y alegres delante de Dios.
Canten a Dios, canten salmos a su nombre; aclamen a quien cabalga por las estepas, y regocíjense en su presencia. ¡Su nombre es el Señor !
Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.
Dios da un hogar a los desamparados y libertad a los cautivos; los rebeldes habitarán en el desierto.
Cuando saliste, oh Dios, al frente de tu pueblo, cuando a través de los páramos marchaste, Selah
la tierra se estremeció, los cielos se vaciaron, delante de Dios, el Dios de Sinaí, delante de Dios, el Dios de Israel.
Tú, oh Dios, diste abundantes lluvias; reanimaste a tu extenuada herencia.
Tu familia se estableció en la tierra que en tu bondad, oh Dios, preparaste para el pobre.
El Señor ha emitido la palabra, y millares de mensajeras la proclaman:
«Van huyendo los reyes y sus tropas; en las casas, las mujeres se reparten el botín:
alas de paloma cubiertas de plata, con plumas de oro resplandeciente. Tú te quedaste a dormir entre los rebaños».
Cuando el Todopoderoso puso en fuga a los reyes de la tierra, parecían copos de nieve cayendo sobre la cumbre del Zalmón.
Montañas de Basán, montañas imponentes; montañas de Basán, montañas escarpadas:
¿Por qué, montañas escarpadas, miran con envidia al monte donde a Dios le place residir, donde el Señor habitará por siempre?
Los carros de guerra de Dios se cuentan por millares; del Sinaí vino en ellos el Señor para entrar en su santuario.
Cuando tú, Dios y Señor , ascendiste a las alturas, te llevaste contigo a los cautivos; tomaste tributo de los hombres, aun de los rebeldes, para establecer tu morada.
Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas. Selah
Nuestro Dios es un Dios que salva; el Señor Soberano nos libra de la muerte.
Dios aplastará la cabeza de sus enemigos, la testa enmarañada de los que viven pecando.
El Señor nos dice: «De Basán los regresaré; de las profundidades del mar los haré volver,
para que se empapen los pies en la sangre de sus enemigos; para que, al lamerla, los perros tengan también su parte».
En el santuario pueden verse las procesiones de mi Dios, las procesiones de mi Dios y Rey.
Los cantores van al frente, seguidos de los músicos de cuerda, entre doncellas que tocan panderetas.
Bendigan a Dios en la gran congregación; alaben al Señor , descendientes de Israel.
Los guía la joven tribu de Benjamín, seguida de los múltiples príncipes de Judá y de los príncipes de Zabulón y Neftalí.
Despliega tu poder, oh Dios; haz gala, oh Dios, de tu poder, que has manifestado en favor nuestro.
Por causa de tu templo en Jerusalén los reyes te ofrecerán presentes.
Reprende a esa bestia de los juncos, a esa manada de toros bravos entre naciones que parecen becerros. Haz que, humillada, te lleve barras de plata; dispersa a las naciones belicosas.
Egipto enviará embajadores, y Cus se someterá a Dios.
Cántenle a Dios, oh reinos de la tierra, cántenle salmos al Señor, Selah
al que cabalga por los cielos, los cielos antiguos, al que hace oír su voz, su voz de trueno.
Reconozcan el poder de Dios; su majestad está sobre Israel, su poder está en las alturas.
En tu santuario, oh Dios, eres imponente; ¡el Dios de Israel da poder y fuerza a su pueblo! ¡Bendito sea Dios!