Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

¿Por qué, oh Dios, nos has rechazado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu ira contra las ovejas de tu prado?

Acuérdate del pueblo que adquiriste desde tiempos antiguos, de la tribu que redimiste para que fuera tu posesión. Acuérdate de este monte Sión, que es donde tú habitas.

Dirige tus pasos hacia estas ruinas eternas; ¡todo en el santuario lo ha destruido el enemigo!

Tus adversarios rugen en el lugar de tus asambleas y plantan sus banderas en señal de victoria.

Parecen leñadores en el bosque, talando árboles con sus hachas.

Con sus hachas y martillos destrozaron todos los adornos de madera.

Prendieron fuego a tu santuario; profanaron el lugar donde habitas.

En su corazón dijeron: «¡Los haremos polvo!», y quemaron en el país todos tus santuarios.

Ya no vemos ondear nuestras banderas; ya no hay ningún profeta, y ni siquiera sabemos hasta cuándo durará todo esto.

¿Hasta cuándo, oh Dios, se burlará el adversario? ¿Por siempre insultará tu nombre el enemigo?

¿Por qué retraes tu mano, tu mano derecha? ¿Por qué te quedas cruzado de brazos?

Tú, oh Dios, eres mi rey desde tiempos antiguos; tú traes salvación sobre la tierra.

Tú dividiste el mar con tu poder; les rompiste la cabeza a los monstruos marinos.

Tú aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las jaurías del desierto.

Tú hiciste que brotaran fuentes y arroyos; secaste ríos de inagotables corrientes.

Tuyo es el día, tuya también la noche; tú estableciste la luna y el sol;

trazaste los límites de la tierra, y creaste el verano y el invierno.

Recuerda, Señor , que tu enemigo se burla, y que un pueblo insensato ofende tu nombre.

No entregues a las fieras la vida de tu tórtola; no te olvides, ni ahora ni nunca, de la vida de tus pobres.

Toma en cuenta tu pacto, pues en todos los rincones del país abunda la violencia.

Que no vuelva humillado el oprimido; que alaben tu nombre el pobre y el necesitado.

Levántate, oh Dios, y defiende tu causa; recuerda que a todas horas te ofenden los necios.

No pases por alto el griterío de tus adversarios, el creciente tumulto de tus enemigos.

Salmo 74

Salmo de Ayer

Oh Señor , por siempre cantaré la grandeza de tu amor; por todas las generaciones proclamará mi boca tu fidelidad.

Declararé que tu amor permanece firme para siempre, que has afirmado en el cielo tu fidelidad.

Dijiste: «He hecho un pacto con mi escogido; le he jurado a David mi siervo:

“Estableceré tu dinastía para siempre, y afirmaré tu trono por todas las generaciones”». Selah

Los cielos, Señor , celebran tus maravillas, y tu fidelidad la asamblea de los santos.

¿Quién en los cielos es comparable al Señor ? ¿Quién como él entre los seres celestiales?

Dios es muy temido en la asamblea de los santos; grande y portentoso sobre cuantos lo rodean.

¿Quién como tú, Señor Dios Todopoderoso, rodeado de poder y de fidelidad?

Tú gobiernas sobre el mar embravecido; tú apaciguas sus encrespadas olas.

Aplastaste a Rahab como a un cadáver; con tu brazo poderoso dispersaste a tus enemigos.

Tuyo es el cielo, y tuya la tierra; tú fundaste el mundo y todo lo que contiene.

Por ti fueron creados el norte y el sur; el Tabor y el Hermón cantan alegres a tu nombre.

Tu brazo es capaz de grandes proezas; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.

La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono, y tus heraldos, el amor y la verdad.

Dichosos los que saben aclamarte, Señor , y caminan a la luz de tu presencia;

los que todo el día se alegran en tu nombre y se regocijan en tu justicia.

Porque tú eres su gloria y su poder; por tu buena voluntad aumentas nuestra fuerza.

Tú, Señor , eres nuestro escudo; tú, Santo de Israel, eres nuestro rey.

Una vez hablaste en una visión, y le dijiste a tu pueblo fiel: «Le he brindado mi ayuda a un valiente; al mejor hombre del pueblo lo he exaltado.

He encontrado a David, mi siervo, y lo he ungido con mi aceite santo.

Mi mano siempre lo sostendrá; mi brazo lo fortalecerá.

Ningún enemigo lo someterá a tributo; ningún inicuo lo oprimirá.

Aplastaré a quienes se le enfrenten y derribaré a quienes lo aborrezcan.

La fidelidad de mi amor lo acompañará, y por mi nombre será exaltada su fuerza.

Le daré poder sobre el mar y dominio sobre los ríos.

Él me dirá: “Tú eres mi Padre, mi Dios, la roca de mi salvación”.

Yo le daré los derechos de primogenitura, la primacía sobre los reyes de la tierra.

Mi amor por él será siempre constante, y mi pacto con él se mantendrá fiel.

Afirmaré su dinastía y su trono para siempre, mientras el cielo exista.

»Pero, si sus hijos se apartan de mi ley y no viven según mis decretos,

si violan mis estatutos y no observan mis mandamientos,

con vara castigaré sus transgresiones y con azotes su iniquidad.

Con todo, jamás le negaré mi amor, ni mi fidelidad le faltará.

No violaré mi pacto ni me retractaré de mis palabras.

Una sola vez he jurado por mi santidad, y no voy a mentirle a David:

Su descendencia vivirá por siempre; su trono durará como el sol en mi presencia.

Como la luna, fiel testigo en el cielo, será establecido para siempre». Selah

Pero tú has desechado, has rechazado a tu ungido; te has enfurecido contra él en gran manera.

Has revocado el pacto con tu siervo; has arrastrado por los suelos su corona.

Has derribado todas sus murallas y dejado en ruinas sus fortalezas.

Todos los que pasan lo saquean; ¡es motivo de burla para sus vecinos!

Has exaltado el poder de sus adversarios y llenado de gozo a sus enemigos.

Le has quitado el filo a su espada, y no lo has apoyado en la batalla.

Has puesto fin a su esplendor al derribar por tierra su trono.

Has acortado los días de su juventud; lo has cubierto con un manto de vergüenza. Selah

¿Hasta cuándo, Señor , te seguirás escondiendo? ¿Va a arder tu ira para siempre, como el fuego?

¡Recuerda cuán efímera es mi vida! Al fin y al cabo, ¿para qué creaste a los mortales?

¿Quién hay que viva y no muera jamás, o que pueda escapar del poder del sepulcro? Selah

¿Dónde está, Señor, tu amor de antaño, que en tu fidelidad juraste a David?

Recuerda, Señor, que se burlan de tus siervos; que llevo en mi pecho los insultos de muchos pueblos.

Tus enemigos, Señor , nos ultrajan; a cada paso ofenden a tu ungido.

¡Bendito sea el Señor por siempre! Amén y amén.

Salmo 89

Salmo de Anteayer

Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; protégeme del temor al enemigo.

Escóndeme de esa pandilla de impíos, de esa caterva de malhechores.

Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas.

Emboscados, disparan contra el inocente; le tiran sin temor y sin aviso.

Unos a otros se animan en sus planes impíos, calculan cómo tender sus trampas; y hasta dicen: «¿Quién las verá?»

Maquinan injusticias, y dicen: «¡Hemos tramado un plan perfecto!» ¡Cuán incomprensibles son la mente y los pensamientos humanos!

Pero Dios les disparará sus flechas, y sin aviso caerán heridos.

Su propia lengua será su ruina, y quien los vea se burlará de ellos.

La humanidad entera sentirá temor: proclamará las proezas de Dios y meditará en sus obras.

Que se regocijen en el Señor los justos; que busquen refugio en él; ¡que lo alaben todos los de recto corazón!

Salmo 64