Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

En mi angustia invoqué al Señor , y él me respondió.

Señor , líbrame de los labios mentirosos y de las lenguas embusteras.

¡Ah, lengua embustera! ¿Qué se te habrá de dar? ¿Qué se te habrá de añadir?

¡Puntiagudas flechas de guerrero, con ardientes brasas de retama!

¡Ay de mí, que soy extranjero en Mésec, que he acampado entre las tiendas de Cedar!

¡Ya es mucho el tiempo que he acampado entre los que aborrecen la paz!

Yo amo la paz, pero si hablo de paz, ellos hablan de guerra.

Salmo 120

Salmo de Ayer

En tu fuerza, Señor , se regocija el rey; ¡cuánto se alegra en tus victorias!

Le has concedido lo que su corazón desea; no le has negado lo que sus labios piden. Selah

Has salido a su encuentro con ricas bendiciones; lo has coronado con diadema de oro fino.

Te pidió vida, se la concediste: una vida larga y duradera.

Por tus victorias se acrecentó su gloria; lo revestiste de honor y majestad.

Has hecho de él manantial de bendiciones; tu presencia lo ha llenado de alegría.

El rey confía en el Señor , en el gran amor del Altísimo; por eso jamás caerá.

Tu mano alcanzará a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.

Cuando tú, Señor , te manifiestes, los convertirás en un horno encendido. En su ira los devorará el Señor ; ¡un fuego los consumirá!

Borrarás de la tierra a su simiente; de entre los mortales, a su posteridad.

Aunque tramen hacerte daño y maquinen perversidades, ¡no se saldrán con la suya!

Porque tú los harás retroceder cuando tenses tu arco contra ellos.

Enaltécete, Señor , con tu poder, y con salmos celebraremos tus proezas.

Salmo 21

Salmo de Anteayer

Escucha, Señor , mi oración; llegue a ti mi clamor.

No escondas de mí tu rostro cuando me encuentro angustiado. Inclina a mí tu oído; respóndeme pronto cuando te llame.

Pues mis días se desvanecen como el humo, los huesos me arden como brasas.

Mi corazón decae y se marchita como la hierba; ¡hasta he perdido el apetito!

Por causa de mis fuertes gemidos se me pueden contar los huesos.

Parezco una lechuza del desierto; soy como un búho entre las ruinas.

No logro conciliar el sueño; parezco ave solitaria sobre el tejado.

A todas horas me ofenden mis enemigos, y hasta usan mi nombre para maldecir.

Las cenizas son todo mi alimento; mis lágrimas se mezclan con mi bebida.

¡Por tu enojo, por tu indignación, me levantaste para luego arrojarme!

Mis días son como sombras nocturnas; me voy marchitando como la hierba.

Pero tú, Señor , reinas eternamente; tu nombre perdura por todas las generaciones.

Te levantarás y tendrás piedad de Sión, pues ya es tiempo de que la compadezcas. ¡Ha llegado el momento señalado!

Tus siervos sienten cariño por sus ruinas; los mueven a compasión sus escombros.

Las naciones temerán el nombre del Señor ; todos los reyes de la tierra reconocerán su majestad.

Porque el Señor reconstruirá a Sión, y se manifestará en su esplendor.

Atenderá a la oración de los desamparados, y no desdeñará sus ruegos.

Que se escriba esto para las generaciones futuras, y que el pueblo que será creado alabe al Señor.

Miró el Señor desde su altísimo santuario; contempló la tierra desde el cielo,

para oír los lamentos de los cautivos y liberar a los condenados a muerte;

para proclamar en Sión el nombre del Señor y anunciar en Jerusalén su alabanza,

cuando todos los pueblos y los reinos se reúnan para adorar al Señor.

En el curso de mi vida acabó Dios con mis fuerzas; me redujo los días.

Por eso dije: «No me lleves, Dios mío, a la mitad de mi vida; tú permaneces por todas las generaciones.

En el principio tú afirmaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos.

Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos se desgastarán como un vestido. Y como ropa los cambiarás, y los dejarás de lado.

Pero tú eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.

Los hijos de tus siervos se establecerán, y sus descendientes habitarán en tu presencia».

Salmo 102