Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Los que confían en el Señor son como el monte Sión, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre.

Como rodean las colinas a Jerusalén, así rodea el Señor a su pueblo, desde ahora y para siempre.

No prevalecerá el cetro de los impíos sobre la heredad asignada a los justos, para que nunca los justos extiendan sus manos hacia la maldad.

Haz bien, Señor , a los que son buenos, a los de recto corazón.

Pero a los que van por caminos torcidos deséchalos, Señor , junto con los malhechores. ¡Que haya paz en Israel!

Salmo 125

Salmo de Ayer

Habla el Señor , el Dios de dioses: convoca a la tierra de oriente a occidente.

Dios resplandece desde Sión, la ciudad bella y perfecta.

Nuestro Dios viene, pero no en silencio; lo precede un fuego que todo lo destruye, y en torno suyo ruge la tormenta.

Dios convoca a los cielos y a la tierra, para que presencien el juicio de su pueblo:

«Reúnanme a los consagrados, a los que pactaron conmigo mediante un sacrificio».

El cielo proclama la justicia divina: ¡Dios mismo es el juez! Selah

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablar; Israel, voy a testificar contra ti: ¡Yo soy tu Dios, el único Dios!

No te reprendo por tus sacrificios ni por tus holocaustos, que siempre me ofreces.

No necesito becerros de tu establo ni machos cabríos de tus apriscos,

pues míos son los animales del bosque, y mío también el ganado de los cerros.

Conozco a las aves de las alturas; todas las bestias del campo son mías.

Si yo tuviera hambre, no te lo diría, pues mío es el mundo, y todo lo que contiene.

¿Acaso me alimento con carne de toros, o con sangre de machos cabríos?

¡Ofrece a Dios tu gratitud, cumple tus promesas al Altísimo!

Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás».

Pero Dios le dice al malvado: «¿Qué derecho tienes tú de recitar mis leyes o de mencionar mi pacto con tus labios?

Mi instrucción, la aborreces; mis palabras, las desechas.

Ves a un ladrón, y lo acompañas; con los adúlteros te identificas.

Para lo malo, das rienda suelta a tu boca; tu lengua está siempre dispuesta al engaño.

Tienes por costumbre hablar contra tu prójimo, y aun calumnias a tu propio hermano.

Has hecho todo esto, y he guardado silencio; ¿acaso piensas que soy como tú? Pero ahora voy a reprenderte; cara a cara voy a denunciarte.

»Ustedes que se olvidan de Dios, consideren lo que he dicho; de lo contrario, los haré pedazos, y no habrá nadie que los salve.

Quien me ofrece su gratitud, me honra; al que enmiende su conducta le mostraré mi salvación».

Salmo 50

Salmo de Anteayer

Pastor de Israel, tú que guías a José como a un rebaño, tú que reinas entre los querubines, ¡escúchanos! ¡Resplandece

delante de Efraín, Benjamín y Manasés! ¡Muestra tu poder, y ven a salvarnos!

Restáuranos, oh Dios; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.

¿Hasta cuándo, Señor Dios Todopoderoso, arderá tu ira contra las oraciones de tu pueblo?

Por comida, le has dado pan de lágrimas; por bebida, lágrimas en abundancia.

Nos has hecho motivo de contienda para nuestros vecinos; nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Restáuranos, oh Dios Todopoderoso; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.

De Egipto trajiste una vid; expulsaste a los pueblos paganos, y la plantaste.

Le limpiaste el terreno, y ella echó raíces y llenó la tierra.

Su sombra se extendía hasta las montañas, su follaje cubría los más altos cedros.

Sus ramas se extendieron hasta el Mediterráneo y sus renuevos hasta el Éufrates.

¿Por qué has derribado sus muros? ¡Todos los que pasan le arrancan uvas!

Los jabalíes del bosque la destruyen, los animales salvajes la devoran.

¡Vuélvete a nosotros, oh Dios Todopoderoso! ¡Asómate a vernos desde el cielo y brinda tus cuidados a esta vid!

¡Es la raíz que plantaste con tu diestra! ¡Es el vástago que has criado para ti!

Tu vid está derribada, quemada por el fuego; a tu reprensión perece tu pueblo.

Bríndale tu apoyo al hombre de tu diestra, al ser humano que para ti has criado.

Nosotros no nos apartaremos de ti; reavívanos, e invocaremos tu nombre.

Restáuranos, Señor Dios Todopoderoso; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.

Salmo 80