Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

¿Quién puede proclamar las proezas del Señor , o expresar toda su alabanza?

Dichosos los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo.

Recuérdame, Señor , cuando te compadezcas de tu pueblo; ven en mi ayuda el día de tu salvación.

Hazme disfrutar del bienestar de tus escogidos, participar de la alegría de tu pueblo y expresar mis alabanzas con tu heredad.

Hemos pecado, lo mismo que nuestros padres; hemos hecho lo malo y actuado con iniquidad.

Cuando nuestros padres estaban en Egipto, no tomaron en cuenta tus maravillas; no tuvieron presente tu bondad infinita y se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo.

Pero Dios los salvó, haciendo honor a su nombre, para mostrar su gran poder.

Reprendió al Mar Rojo, y este quedó seco; los condujo por las profundidades del mar como si cruzaran el desierto.

Los salvó del poder de sus enemigos, del poder de quienes los odiaban.

Las aguas envolvieron a sus adversarios, y ninguno de estos quedó con vida.

Entonces ellos creyeron en sus promesas y le entonaron alabanzas.

Pero muy pronto olvidaron sus acciones y no esperaron a conocer sus planes.

En el desierto cedieron a sus propios deseos; en los páramos pusieron a prueba a Dios.

Y él les dio lo que pidieron, pero les envió una enfermedad devastadora.

En el campamento tuvieron envidia de Moisés y de Aarón, el que estaba consagrado al Señor.

Se abrió la tierra y se tragó a Datán; sepultó a los seguidores de Abirán.

Un fuego devoró a esa pandilla; las llamas consumieron a los impíos.

En Horeb hicieron un becerro; se postraron ante un ídolo de fundición.

Cambiaron al que era su motivo de orgullo por la imagen de un toro que come hierba.

Se olvidaron del Dios que los salvó y que había hecho grandes cosas en Egipto:

milagros en la tierra de Cam y portentos junto al Mar Rojo.

Dios amenazó con destruirlos, pero no lo hizo por Moisés, su escogido, que se puso ante él en la brecha e impidió que su ira los destruyera.

Menospreciaron esa bella tierra; no creyeron en la promesa de Dios.

Refunfuñaron en sus tiendas de campaña y no obedecieron al Señor.

Por tanto, él levantó su mano contra ellos para hacerlos caer en el desierto,

para hacer caer a sus descendientes entre las naciones y dispersarlos por todos los países.

Se sometieron al yugo de Baal Peor y comieron de las ofrendas a ídolos sin vida.

Provocaron al Señor con sus malvadas acciones, y les sobrevino una plaga.

Pero Finés se levantó e hizo justicia, y la plaga se detuvo.

Esto se le acreditó como un acto de justicia para siempre, por todas las generaciones.

Junto a las aguas de Meribá hicieron enojar al Señor , y a Moisés le fue mal por culpa de ellos,

pues lo sacaron de quicio y él habló sin pensar lo que decía.

No destruyeron a los pueblos que el Señor les había señalado,

sino que se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres.

Rindieron culto a sus ídolos, y se les volvieron una trampa.

Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas como sacrificio a esos demonios.

Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas. Al ofrecerlos en sacrificio a los ídolos de Canaán, su sangre derramada profanó la tierra.

Tales hechos los contaminaron; tales acciones los corrompieron.

La ira del Señor se encendió contra su pueblo; su heredad le resultó aborrecible.

Por eso los entregó a los paganos, y fueron dominados por quienes los odiaban.

Sus enemigos los oprimieron, los sometieron a su poder.

Muchas veces Dios los libró; pero ellos, empeñados en su rebeldía, se hundieron en la maldad.

Al verlos Dios angustiados, y al escuchar su clamor,

se acordó del pacto que había hecho con ellos y por su gran amor les tuvo compasión.

Hizo que todos sus opresores también se apiadaran de ellos.

Sálvanos, Señor , Dios nuestro; vuelve a reunirnos de entre las naciones, para que demos gracias a tu santo nombre y orgullosos te alabemos.

¡Bendito sea el Señor , el Dios de Israel, eternamente y para siempre! ¡Que todo el pueblo diga: «Amén»! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !

Salmo 106

Salmo de Ayer

¡Aclamen alegres a Dios, habitantes de toda la tierra!

Canten salmos a su glorioso nombre; ¡ríndanle gloriosas alabanzas!

Díganle a Dios: «¡Cuán imponentes son tus obras! Es tan grande tu poder que tus enemigos mismos se rinden ante ti.

Toda la tierra se postra en tu presencia, y te cantan salmos; cantan salmos a tu nombre». Selah

¡Vengan y vean las proezas de Dios, sus obras portentosas en nuestro favor!

Convirtió el mar en tierra seca, y el pueblo cruzó el río a pie. ¡Regocijémonos en él!

Con su poder gobierna eternamente; sus ojos vigilan a las naciones. ¡Que no se levanten contra él los rebeldes! Selah

Pueblos todos, bendigan a nuestro Dios, hagan oír la voz de su alabanza.

Él ha protegido nuestra vida, ha evitado que resbalen nuestros pies.

Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata.

Nos has hecho caer en una red; ¡pesada carga nos has echado a cuestas!

Las caballerías nos han aplastado la cabeza; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al fin nos has dado un respiro.

Me presentaré en tu templo con holocaustos y cumpliré los votos que te hice,

los votos de mis labios y mi boca que pronuncié en medio de mi angustia.

Te ofreceré holocaustos de animales engordados, junto con el humo de ofrendas de carneros; te ofreceré toros y machos cabríos. Selah

Vengan ustedes, temerosos de Dios, escuchen, que voy a contarles todo lo que él ha hecho por mí.

Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua.

Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado;

pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria.

¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!

Salmo 66

Salmo de Anteayer

Señor , tú me examinas, tú me conoces.

Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento.

Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.

No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor , ya la sabes toda.

Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano.

Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo.

¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?

Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí.

Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar,

aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!

Y, si dijera: «Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío»,

ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!

Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.

¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!

Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.

Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.

¡Cuán preciosos, oh Dios, me son tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos!

Si me propusiera contarlos, sumarían más que los granos de arena. Y, si terminara de hacerlo, aún estaría a tu lado.

Oh Dios, ¡si les quitaras la vida a los impíos! ¡Si de mí se apartara la gente sanguinaria,

esos que con malicia te difaman y que en vano se rebelan contra ti!

¿Acaso no aborrezco, Señor , a los que te odian, y abomino a los que te rechazan?

El odio que les tengo es un odio implacable; ¡los cuento entre mis enemigos!

Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos.

Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.

Salmo 139