Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

Que lo digan los redimidos del Señor , a quienes redimió del poder del adversario,

a quienes reunió de todos los países, de oriente y de occidente, del norte y del sur.

Vagaban perdidos por parajes desiertos, sin dar con el camino a una ciudad habitable.

Hambrientos y sedientos, la vida se les iba consumiendo.

En su angustia clamaron al Señor , y él los libró de su aflicción.

Los llevó por el camino recto hasta llegar a una ciudad habitable.

¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!

¡Él apaga la sed del sediento, y sacia con lo mejor al hambriento!

Afligidos y encadenados, habitaban en las más densas tinieblas

por haberse rebelado contra las palabras de Dios, por menospreciar los designios del Altísimo.

Los sometió a trabajos forzados; tropezaban, y no había quien los ayudara.

En su angustia clamaron al Señor , y él los salvó de su aflicción.

Los sacó de las sombras tenebrosas y rompió en pedazos sus cadenas.

¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!

¡Él hace añicos las puertas de bronce y rompe en mil pedazos las barras de hierro!

Trastornados por su rebeldía, afligidos por su iniquidad,

todo alimento les causaba asco. ¡Llegaron a las puertas mismas de la muerte!

En su angustia clamaron al Señor , y él los salvó de su aflicción.

Envió su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro.

¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!

¡Que ofrezcan sacrificios de gratitud, y jubilosos proclamen sus obras!

Se hicieron a la mar en sus barcos; para comerciar surcaron las muchas aguas.

Allí, en las aguas profundas, vieron las obras del Señor y sus maravillas.

Habló Dios, y se desató un fuerte viento que tanto encrespó las olas

que subían a los cielos y bajaban al abismo. Ante el peligro, ellos perdieron el coraje.

Como ebrios tropezaban, se tambaleaban; de nada les valía toda su pericia.

En su angustia clamaron al Señor , y él los sacó de su aflicción.

Cambió la tempestad en suave brisa: se sosegaron las olas del mar.

Ante esa calma se alegraron, y Dios los llevó al puerto anhelado.

¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!

¡Que lo exalten en la asamblea del pueblo! ¡Que lo alaben en el consejo de los ancianos!

Dios convirtió los ríos en desiertos, los manantiales en tierra seca,

los fértiles terrenos en tierra salitrosa, por la maldad de sus habitantes.

Convirtió el desierto en fuentes de agua, la tierra seca en manantiales;

hizo habitar allí a los hambrientos, y ellos fundaron una ciudad habitable.

Sembraron campos, plantaron viñedos, obtuvieron abundantes cosechas.

Dios los bendijo y se multiplicaron, y no dejó que menguaran sus rebaños.

Pero, si merman y son humillados, es por la opresión, la maldad y la aflicción.

Dios desdeña a los nobles y los hace vagar por desiertos sin senderos.

Pero a los necesitados los saca de su miseria, y hace que sus familias crezcan como rebaños.

Los rectos lo verán y se alegrarán, pero todos los impíos serán acallados.

Quien sea sabio, que considere estas cosas y entienda bien el gran amor del Señor.

Salmo 107

Salmo de Ayer

En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel, con los puros de corazón!

Yo estuve a punto de caer, y poco me faltó para que resbalara.

Sentí envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de esos malvados.

Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable.

Libres están de los afanes de todos; no les afectan los infortunios humanos.

Por eso lucen su orgullo como un collar, y hacen gala de su violencia.

¡Están que revientan de malicia, y hasta se les ven sus malas intenciones!

Son burlones, hablan con doblez, y arrogantes oprimen y amenazan.

Con la boca increpan al cielo, con la lengua dominan la tierra.

Por eso la gente acude a ellos y cree todo lo que afirman.

Hasta dicen: «¿Cómo puede Dios saberlo? ¿Acaso el Altísimo tiene entendimiento?»

Así son los impíos; sin afanarse, aumentan sus riquezas.

En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia,

si todo el día me golpean y de mañana me castigan?

Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a tu linaje.

Cuando traté de comprender todo esto, me resultó una carga insoportable,

hasta que entré en el santuario de Dios; allí comprendí cuál será el destino de los malvados:

En verdad, los has puesto en terreno resbaladizo, y los empujas a su propia destrucción.

¡En un instante serán destruidos, totalmente consumidos por el terror!

Como quien despierta de un sueño, así, Señor, cuando tú te levantes, desecharás su falsa apariencia.

Se me afligía el corazón y se me amargaba el ánimo

por mi necedad e ignorancia. ¡Me porté contigo como una bestia!

Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha.

Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria.

¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.

Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.

Perecerán los que se alejen de ti; tú destruyes a los que te son infieles.

Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras.

Salmo 73

Salmo de Anteayer

Dice el pecador: «Ser impío lo llevo en el corazón». No hay temor de Dios delante de sus ojos.

Cree que merece alabanzas y no halla aborrecible su pecado.

Sus palabras son inicuas y engañosas; ha perdido el buen juicio y la capacidad de hacer el bien.

Aun en su lecho trama hacer el mal; se aferra a su mal camino y persiste en la maldad.

Tu amor, Señor , llega hasta los cielos; tu fidelidad alcanza las nubes.

Tu justicia es como las altas montañas; tus juicios, como el gran océano. Tú, Señor , cuidas de hombres y animales;

¡cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todo ser humano halla refugio a la sombra de tus alas.

Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber de tu río de deleites.

Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz.

Extiende tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.

Que no me aplaste el pie del orgulloso, ni me desarraigue la mano del impío.

Vean cómo fracasan los malvados: ¡caen a tierra, y ya no pueden levantarse!

Salmo 36