Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Señor , tú has sido bondadoso con esta tierra tuya al restaurar a Jacob;

perdonaste la iniquidad de tu pueblo y cubriste todos sus pecados; Selah

depusiste por completo tu enojo, y contuviste el ardor de tu ira.

Restáuranos una vez más, Dios y Salvador nuestro; pon fin a tu disgusto con nosotros.

¿Vas a estar enojado con nosotros para siempre? ¿Vas a seguir eternamente airado?

¿No volverás a darnos nueva vida, para que tu pueblo se alegre en ti?

Muéstranos, Señor , tu amor inagotable, y concédenos tu salvación.

Voy a escuchar lo que Dios el Señor dice: él promete paz a su pueblo y a sus fieles, siempre y cuando no se vuelvan a la necedad.

Muy cercano está para salvar a los que le temen, para establecer su gloria en nuestra tierra.

El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia.

De la tierra brotará la verdad, y desde el cielo se asomará la justicia.

El Señor mismo nos dará bienestar, y nuestra tierra rendirá su fruto.

La justicia será su heraldo y le preparará el camino.

Salmo 85

Salmo de Ayer

Hazme justicia, Señor , pues he llevado una vida intachable; ¡en el Señor confío sin titubear!

Examíname, Señor ; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón.

Tu gran amor lo tengo presente, y siempre ando en tu verdad.

Yo no convivo con los mentirosos, ni me junto con los hipócritas;

aborrezco la compañía de los malvados; no cultivo la amistad de los perversos.

Con manos limpias e inocentes camino, Señor , en torno a tu altar,

proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas.

Señor , yo amo la casa donde vives, el lugar donde reside tu gloria.

En la muerte, no me incluyas entre pecadores y asesinos,

entre gente que tiene las manos llenas de artimañas y sobornos.

Yo, en cambio, llevo una vida intachable; líbrame y compadécete de mí.

Tengo los pies en terreno firme, y en la gran asamblea bendeciré al Señor.

Salmo 26

Salmo de Anteayer

Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme.

Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el Señor .

Dichoso el que pone su confianza en el Señor y no recurre a los idólatras ni a los que adoran dioses falsos.

Muchas son, Señor mi Dios, las maravillas que tú has hecho. No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro. Si quisiera anunciarlas y proclamarlas, serían más de lo que puedo contar.

A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas, pero has abierto mis oídos para oírte; tú no has pedido holocaustos ni sacrificios por el pecado.

Por eso dije: «Aquí me tienes —como el libro dice de mí—.

Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí».

En medio de la gran asamblea he dado a conocer tu justicia. Tú bien sabes, Señor , que no he sellado mis labios.

No escondo tu justicia en mi corazón, sino que proclamo tu fidelidad y tu salvación. No oculto en la gran asamblea tu gran amor y tu verdad.

No me niegues, Señor , tu misericordia; que siempre me protejan tu amor y tu verdad.

Muchos males me han rodeado; tantos son que no puedo contarlos. Me han alcanzado mis iniquidades, y ya ni puedo ver. Son más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece.

Por favor, Señor , ¡ven a librarme! ¡Ven pronto, Señor , en mi auxilio!

Sean confundidos y avergonzados todos los que tratan de matarme; huyan derrotados todos los que procuran mi mal;

que la vergüenza de su derrota humille a los que se burlan de mí.

Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Cuán grande es el Señor !»

Y a mí, pobre y necesitado, quiera el Señor tomarme en cuenta. Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te tardes, Dios mío!

Salmo 40