Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación.
Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, cuando dices: «¡Vuélvanse al polvo, mortales!»
Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche.
Arrasas a los mortales. Son como un sueño. Nacen por la mañana, como la hierba
que al amanecer brota lozana y por la noche ya está marchita y seca.
Tu ira en verdad nos consume, tu indignación nos aterra.
Ante ti has puesto nuestras iniquidades; a la luz de tu presencia, nuestros pecados secretos.
Por causa de tu ira se nos va la vida entera; se esfuman nuestros años como un suspiro.
Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros.
¿Quién puede comprender el furor de tu enojo? ¡Tu ira es tan grande como el temor que se te debe!
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.
¿Cuándo, Señor , te volverás hacia nosotros? ¡Compadécete ya de tus siervos!
Sácianos de tu amor por la mañana, y toda nuestra vida cantaremos de alegría.
Días y años nos has afligido, nos has hecho sufrir; ¡devuélvenos ahora ese tiempo en alegría!
¡Sean manifiestas tus obras a tus siervos, y tu esplendor a sus descendientes!
Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos; sí, confirma la obra de nuestras manos.
Salmo de Ayer
Canten alegres a Dios, nuestra fortaleza; ¡aclamen con regocijo al Dios de Jacob!
¡Entonen salmos! ¡Toquen ya la pandereta, la lira y el arpa melodiosa!
Toquen el cuerno de carnero en la luna nueva, y en la luna llena, día de nuestra fiesta.
Este es un decreto para Israel, una ordenanza del Dios de Jacob.
Lo estableció como un pacto con José cuando salió de la tierra de Egipto. Escucho un idioma que no entiendo:
«Te he quitado la carga de los hombros; tus manos se han librado del pesado cesto.
En tu angustia me llamaste, y te libré; oculto en el nubarrón te respondí; en las aguas de Meribá te puse a prueba. Selah
»Escucha, pueblo mío, mis advertencias; ¡ay, Israel, si tan solo me escucharas!
No tendrás ningún dios extranjero, ni te inclinarás ante ningún dios extraño.
Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré.
»Pero mi pueblo no me escuchó; Israel no quiso hacerme caso.
Por eso los abandoné a su obstinada voluntad, para que actuaran como mejor les pareciera.
»Si mi pueblo tan solo me escuchara, si Israel quisiera andar por mis caminos,
¡cuán pronto sometería yo a sus enemigos, y volvería mi mano contra sus adversarios!
Los que aborrecen al Señor se rendirían ante él, pero serían eternamente castigados.
Y a ti te alimentaría con lo mejor del trigo; con miel de la peña te saciaría».
Salmo de Anteayer
En ti, Señor , me he refugiado; jamás me dejes quedar en vergüenza.
Por tu justicia, rescátame y líbrame; dígnate escucharme, y sálvame.
Sé tú mi roca de refugio adonde pueda yo siempre acudir; da la orden de salvarme, porque tú eres mi roca, mi fortaleza.
Líbrame, Dios mío, de manos de los impíos, del poder de los malvados y violentos.
Tú, Soberano Señor , has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud.
De ti he dependido desde que nací; del vientre materno me hiciste nacer. ¡Por siempre te alabaré!
Para muchos, soy motivo de asombro, pero tú eres mi refugio inconmovible.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas.
Porque mis enemigos murmuran contra mí; los que me acechan se confabulan.
Y dicen: «¡Dios lo ha abandonado! ¡Persíganlo y agárrenlo, que nadie lo rescatará!»
Dios mío, no te alejes de mí; Dios mío, ven pronto a ayudarme.
Que perezcan humillados mis acusadores; que se cubran de oprobio y de ignominia los que buscan mi ruina.
Pero yo siempre tendré esperanza, y más y más te alabaré.
Todo el día proclamará mi boca tu justicia y tu salvación, aunque es algo que no alcanzo a descifrar.
Soberano Señor , relataré tus obras poderosas, y haré memoria de tu justicia, de tu justicia solamente.
Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y aún hoy anuncio todos tus prodigios.
Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido.
Oh Dios, tú has hecho grandes cosas; tu justicia llega a las alturas. ¿Quién como tú, oh Dios?
Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme.
Acrecentarás mi honor y volverás a consolarme.
Por tu fidelidad, Dios mío, te alabaré con instrumentos de cuerda; te cantaré, oh Santo de Israel, salmos con la lira.
Gritarán de júbilo mis labios cuando yo te cante salmos, pues me has salvado la vida.
Todo el día repetirá mi lengua la historia de tus justas acciones, pues quienes buscaban mi mal han quedado confundidos y avergonzados.