Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Señor , oye mi justo ruego; escucha mi clamor; presta oído a mi oración, pues no sale de labios engañosos.

Sé tú mi defensor, pues tus ojos ven lo que es justo.

Tú escudriñas mi corazón, tú me examinas por las noches; ¡ponme, pues, a prueba, que no hallarás en mí maldad alguna! ¡No pasarán por mis labios

palabras como las de otra gente, pues yo cumplo con tu palabra! Del camino de la violencia

he apartado mis pasos; mis pies están firmes en tus sendas.

A ti clamo, oh Dios, porque tú me respondes; inclina a mí tu oído, y escucha mi oración.

Tú, que salvas con tu diestra a los que buscan escapar de sus adversarios, dame una muestra de tu gran amor.

Cuídame como a la niña de tus ojos; escóndeme, bajo la sombra de tus alas,

de los malvados que me atacan, de los enemigos que me han cercado.

Han cerrado su insensible corazón, y profieren insolencias con su boca.

Vigilan de cerca mis pasos, prestos a derribarme.

Parecen leones ávidos de presa, leones que yacen al acecho.

¡Vamos, Señor , enfréntate a ellos! ¡Derrótalos! ¡Con tu espada rescátame de los malvados!

¡Con tu mano, Señor , sálvame de estos mortales que no tienen más herencia que esta vida! Con tus tesoros les has llenado el vientre, sus hijos han tenido abundancia, y hasta ha sobrado para sus descendientes.

Pero yo en justicia contemplaré tu rostro; me bastará con verte cuando despierte.

Salmo 17

Salmo de Ayer

Yo me alegro cuando me dicen: «Vamos a la casa del Señor ».

¡Jerusalén, ya nuestros pies se han plantado ante tus portones!

¡Jerusalén, ciudad edificada para que en ella todos se congreguen!

A ella suben las tribus, las tribus del Señor , para alabar su nombre conforme a la ordenanza que recibió Israel.

Allí están los tribunales de justicia, los tribunales de la dinastía de David.

Pidamos por la paz de Jerusalén: «Que vivan en paz los que te aman.

Que haya paz dentro de tus murallas, seguridad en tus fortalezas».

Y ahora, por mis hermanos y amigos te digo: «¡Deseo que tengas paz!»

Por la casa del Señor nuestro Dios procuraré tu bienestar.

Salmo 122

Salmo de Anteayer

¡Cuán bueno, Señor , es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre;

proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche,

al son del decacordio y de la lira; al son del arpa y del salterio!

Tú, Señor , me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos.

Oh Señor , ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos!

Los insensatos no lo saben, los necios no lo entienden:

aunque broten como hierba los impíos, y florezcan todos los malhechores, para siempre serán destruidos.

Solo tú, Señor , serás exaltado para siempre.

Ciertamente tus enemigos, Señor , ciertamente tus enemigos perecerán; ¡dispersados por todas partes serán todos los malhechores!

Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume.

Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos.

Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen.

Plantados en la casa del Señor , florecen en los atrios de nuestro Dios.

Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos,

para proclamar: «El Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia».

Salmo 92