Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
¡Cuánto te amo, Señor , fuerza mía!
El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!
Invoco al Señor , que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.
Los lazos de la muerte me envolvieron; los torrentes destructores me abrumaron.
Me enredaron los lazos del sepulcro, y me encontré ante las trampas de la muerte.
En mi angustia invoqué al Señor ; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!
La tierra tembló, se estremeció; se sacudieron los cimientos de los montes; ¡retemblaron a causa de su enojo!
Por la nariz echaba humo, por la boca, fuego consumidor; ¡lanzaba carbones encendidos!
Rasgando el cielo, descendió, pisando sobre oscuros nubarrones.
Montando sobre un querubín, surcó los cielos y se remontó sobre las alas del viento.
Hizo de las tinieblas su escondite, de los oscuros y cargados nubarrones un pabellón que lo rodeaba.
De su radiante presencia brotaron nubes, granizos y carbones encendidos.
En el cielo, entre granizos y carbones encendidos, se oyó el trueno del Señor , resonó la voz del Altísimo.
Lanzó sus flechas, sus grandes centellas; dispersó a mis enemigos y los puso en fuga.
A causa de tu reprensión, oh Señor , y por el resoplido de tu enojo, las cuencas del mar quedaron a la vista; ¡al descubierto quedaron los cimientos de la tierra!
Extendiendo su mano desde lo alto, tomó la mía y me sacó del mar profundo.
Me libró de mi enemigo poderoso, y de aquellos que me odiaban y eran más fuertes que yo.
En el día de mi desgracia me salieron al encuentro, pero mi apoyo fue el Señor.
Me sacó a un amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.
El Señor me ha pagado conforme a mi justicia; me ha premiado conforme a la limpieza de mis manos,
pues he andado en los caminos del Señor ; no he cometido mal alguno ni me he apartado de mi Dios.
Presentes tengo todas sus sentencias; no me he alejado de sus decretos.
He sido íntegro con él y me he abstenido de pecar.
El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos.
Tú eres fiel con quien es fiel, e irreprochable con quien es irreprochable;
sincero eres con quien es sincero, pero sagaz con el que es tramposo.
Tú das la victoria a los humildes, pero humillas a los altaneros.
Tú, Señor , mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas.
Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército; contigo, Dios mío, podré asaltar murallas.
El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian.
¿Quién es Dios, si no el Señor ? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?
Es él quien me arma de valor y endereza mi camino;
da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas;
adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar arcos de bronce.
Tú me cubres con el escudo de tu salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho prosperar.
Me has despejado el camino, así que mis tobillos no flaquean.
Perseguí a mis enemigos, les di alcance, y no retrocedí hasta verlos aniquilados.
Los aplasté. Ya no pudieron levantarse. ¡Cayeron debajo de mis pies!
Tú me armaste de valor para el combate; bajo mi planta sometiste a los rebeldes.
Hiciste retroceder a mis enemigos, y así exterminé a los que me odiaban.
Pedían ayuda; no hubo quien los salvara. Al Señor clamaron, pero no les respondió.
Los desmenucé. Parecían polvo disperso por el viento. ¡Los pisoteé como al lodo de las calles!
Me has librado de una turba amotinada; me has puesto por encima de los paganos; me sirve gente que yo no conocía.
Apenas me oyen, me obedecen; son extranjeros, y me rinden homenaje.
¡Esos extraños se descorazonan, y temblando salen de sus refugios!
¡El Señor vive! ¡Alabada sea mi roca! ¡Exaltado sea Dios mi Salvador!
Él es el Dios que me vindica, el que pone los pueblos a mis pies.
Tú me libras del furor de mis enemigos, me exaltas por encima de mis adversarios, me salvas de los hombres violentos.
Por eso, Señor , te alabo entre las naciones y canto salmos a tu nombre.
El Señor da grandes victorias a su rey; a su ungido David y a sus descendientes les muestra por siempre su gran amor.
Salmo de Ayer
A ti clamo, Señor , roca mía; no te desentiendas de mí, porque, si guardas silencio, ya puedo contarme entre los muertos.
Oye mi voz suplicante cuando a ti acudo en busca de ayuda, cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo.
No me arrastres con los malvados, con los que hacen iniquidad, con los que hablan de paz con su prójimo, pero en su corazón albergan maldad.
Págales conforme a sus obras, conforme a sus malas acciones. Págales conforme a las obras de sus manos; ¡dales su merecido!
Ya que no toman en cuenta las obras del Señor y lo que él ha hecho con sus manos, él los derribará y nunca más volverá a levantarlos.
Bendito sea el Señor , que ha oído mi voz suplicante.
El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias.
El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido.
Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre.
Salmo de Anteayer
Hacia ti dirijo la mirada, hacia ti, cuyo trono está en el cielo.
Como dirigen los esclavos la mirada hacia la mano de su amo, como dirige la esclava la mirada hacia la mano de su ama, así dirigimos la mirada al Señor nuestro Dios, hasta que nos muestre compasión.
Compadécenos, Señor , compadécenos, ¡ya estamos hartos de que nos desprecien!
Ya son muchas las burlas que hemos sufrido; muchos son los insultos de los altivos, y mucho el menosprecio de los orgullosos.