Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia.

Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar;

aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes. Selah

Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, la santa habitación del Altísimo.

Dios está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Dios le brindará su ayuda.

Se agitan las naciones, se tambalean los reinos; Dios deja oír su voz, y la tierra se derrumba.

El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

Vengan y vean los portentos del Señor ; él ha traído desolación sobre la tierra.

Ha puesto fin a las guerras en todos los confines de la tierra; ha quebrado los arcos, ha destrozado las lanzas, ha arrojado los carros al fuego.

«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!»

El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

Salmo 46

Salmo de Ayer

Vengan, cantemos con júbilo al Señor ; aclamemos a la roca de nuestra salvación.

Lleguemos ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos.

Porque el Señor es el gran Dios, el gran Rey sobre todos los dioses.

En sus manos están los abismos de la tierra; suyas son las cumbres de los montes.

Suyo es el mar, porque él lo hizo; con sus manos formó la tierra firme.

Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor.

Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado! Si ustedes oyen hoy su voz,

no endurezcan el corazón, como en Meribá, como aquel día en Masá, en el desierto,

cuando sus antepasados me tentaron, cuando me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras.

Cuarenta años estuve enojado con aquella generación, y dije: «Son un pueblo mal encaminado que no reconoce mis senderos».

Así que, en mi enojo, hice este juramento: «Jamás entrarán en mi reposo».

Salmo 95

Salmo de Anteayer

Oh Dios, alabanza mía, no guardes silencio.

Pues gente impía y mentirosa ha declarado en mi contra, y con lengua engañosa me difaman;

con expresiones de odio me acosan, y sin razón alguna me atacan.

Mi amor me lo pagan con calumnias, mientras yo me encomiendo a Dios.

Mi bondad la pagan con maldad; en vez de amarme, me aborrecen.

Pon en su contra a un malvado; que a su derecha esté su acusador.

Que resulte culpable al ser juzgado, y que sus propias oraciones lo condenen.

Que se acorten sus días, y que otro se haga cargo de su oficio.

Que se queden huérfanos sus hijos; que se quede viuda su esposa.

Que anden sus hijos vagando y mendigando; que anden rebuscando entre las ruinas.

Que sus acreedores se apoderen de sus bienes; que gente extraña saquee sus posesiones.

Que nadie le extienda su bondad; que nadie se compadezca de sus huérfanos.

Que sea exterminada su descendencia; que desaparezca su nombre en la próxima generación.

Que recuerde el Señor la iniquidad de su padre, y no se olvide del pecado de su madre.

Que no les quite el Señor la vista de encima, y que borre de la tierra su memoria.

Por cuanto se olvidó de hacer el bien, y persiguió hasta la muerte a pobres, afligidos y menesterosos,

y porque le encantaba maldecir, ¡que caiga sobre él la maldición! Por cuanto no se complacía en bendecir, ¡que se aleje de él la bendición!

Por cuanto se cubrió de maldición como quien se pone un vestido, ¡que esta se filtre en su cuerpo como el agua!, ¡que penetre en sus huesos como el aceite!

¡Que lo envuelva como un manto! ¡Que lo apriete en todo tiempo como un cinto!

¡Que así les pague el Señor a mis acusadores, a los que me calumnian!

Pero tú, Señor Soberano, trátame bien por causa de tu nombre; líbrame por tu bondad y gran amor.

Ciertamente soy pobre y estoy necesitado; profundamente herido está mi corazón.

Me voy desvaneciendo como sombra vespertina; se desprenden de mí como de una langosta.

De tanto ayunar me tiemblan las rodillas; la piel se me pega a los huesos.

Soy para ellos motivo de burla; me ven, y menean la cabeza.

Señor , mi Dios, ¡ayúdame!; por tu gran amor, ¡sálvame!

Que sepan que esta es tu mano; que tú mismo, Señor , lo has hecho.

¿Qué importa que ellos me maldigan? ¡Bendíceme tú! Pueden atacarme, pero quedarán avergonzados; en cambio, este siervo tuyo se alegrará.

¡Queden mis acusadores cubiertos de deshonra, envueltos en un manto de vergüenza!

Por mi parte, daré muchas gracias al Señor ; lo alabaré entre una gran muchedumbre.

Porque él aboga por el necesitado para salvarlo de quienes lo condenan.

Salmo 109