Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Oh Señor , Soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!
Por causa de tus adversarios has hecho que brote la alabanza de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho, para silenciar al enemigo y al rebelde.
Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste,
me pregunto: «¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?»
Pues lo hiciste poco menos que Dios, y lo coronaste de gloria y de honra:
lo entronizaste sobre la obra de tus manos, todo lo sometiste a su dominio;
todas las ovejas, todos los bueyes, todos los animales del campo,
las aves del cielo, los peces del mar, y todo lo que surca los senderos del mar.
Oh Señor , Soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!
Salmo de Ayer
A ti clamo, Señor ; ven pronto a mí. ¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo!
Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos como un sacrificio vespertino.
Señor , ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios.
No permitas que mi corazón se incline a la maldad, ni que sea yo cómplice de iniquidades; no me dejes participar de banquetes en compañía de malhechores.
Que la justicia me golpee, que el amor me reprenda; que el ungüento de los malvados no perfume mi cabeza, pues mi oración está siempre en contra de sus malas obras.
Cuando sus gobernantes sean lanzados desde los despeñaderos, sabrán que mis palabras eran bien intencionadas.
Y dirán: «Así como se dispersa la tierra cuando en ella se abren surcos con el arado, así se han dispersado nuestros huesos a la orilla del sepulcro».
En ti, Señor Soberano, tengo puestos los ojos; en ti busco refugio; no dejes que me maten.
Protégeme de las trampas que me tienden, de las trampas que me tienden los malhechores.
Que caigan los impíos en sus propias redes, mientras yo salgo bien librado.
Salmo de Anteayer
Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, Señor , a socorrerme!
Que sean avergonzados y confundidos los que procuran matarme. Que retrocedan humillados todos los que desean mi ruina.
Que vuelvan sobre sus pasos, avergonzados, todos los que se burlan de mí.
Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Sea Dios exaltado!»
Yo soy pobre y estoy necesitado; ¡ven pronto a mí, oh Dios! Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te demores, Señor !