Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Atiéndeme, Señor ; respóndeme, pues pobre soy y estoy necesitado.

Presérvame la vida, pues te soy fiel. Tú eres mi Dios, y en ti confío; ¡salva a tu siervo!

Compadécete, Señor, de mí, porque a ti clamo todo el día.

Reconforta el espíritu de tu siervo, porque a ti, Señor, elevo mi alma.

Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan.

Presta oído, Señor , a mi oración; atiende a la voz de mi clamor.

En el día de mi angustia te invoco, porque tú me respondes.

No hay, Señor, entre los dioses otro como tú, ni hay obras semejantes a las tuyas.

Todas las naciones que has creado vendrán, Señor, y ante ti se postrarán y glorificarán tu nombre.

Porque tú eres grande y haces maravillas; ¡solo tú eres Dios!

Instrúyeme, Señor , en tu camino para conducirme con fidelidad. Dame integridad de corazón para temer tu nombre.

Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré, y por siempre glorificaré tu nombre.

Porque grande es tu amor por mí: me has librado de caer en el sepulcro.

Gente altanera me ataca, oh Dios; una banda de asesinos procura matarme. ¡Son gente que no te toma en cuenta!

Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor y verdad.

Vuélvete hacia mí, y tenme compasión; concédele tu fuerza a este siervo tuyo. ¡Salva a tu hijo fiel!

Dame una muestra de tu amor, para que mis enemigos la vean y se avergüencen, porque tú, Señor , me has brindado ayuda y consuelo.

Salmo 86

Salmo de Ayer

Quiero alabarte, Señor , con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.

Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.

Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen ante ti.

Porque tú me has hecho justicia, me has vindicado; tú, juez justo, ocupas tu trono.

Reprendiste a los paganos, destruiste a los malvados; ¡para siempre borraste su memoria!

Desgracia sin fin cayó sobre el enemigo; arrancaste de raíz sus ciudades, y hasta su recuerdo se ha desvanecido.

Pero el Señor reina por siempre; para emitir juicio ha establecido su trono.

Juzgará al mundo con justicia; gobernará a los pueblos con equidad.

El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia.

En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor , jamás abandonas a los que te buscan.

Canten salmos al Señor , el rey de Sión; proclamen sus proezas entre las naciones.

El vengador de los inocentes se acuerda de ellos; no pasa por alto el clamor de los afligidos.

Ten compasión de mí, Señor ; mira cómo me afligen los que me odian. Sácame de las puertas de la muerte,

para que en las puertas de Jerusalén proclame tus alabanzas y me regocije en tu salvación.

Han caído los paganos en la fosa que han cavado; sus pies quedaron atrapados en la red que ellos mismos escondieron.

Al Señor se le conoce porque imparte justicia; el malvado cae en la trampa que él mismo tendió. Higaión . Selah

Bajan al sepulcro los malvados, todos los paganos que de Dios se olvidan.

Pero el necesitado no será olvidado para siempre, ni para siempre se perderá la esperanza del pobre.

¡Levántate, Señor ! No dejes que el hombre prevalezca; ¡haz que las naciones comparezcan ante ti!

Infúndeles terror, Señor ; ¡que los pueblos sepan que son simples mortales! Selah

Salmo 9

Salmo de Anteayer

Canten alegres a Dios, nuestra fortaleza; ¡aclamen con regocijo al Dios de Jacob!

¡Entonen salmos! ¡Toquen ya la pandereta, la lira y el arpa melodiosa!

Toquen el cuerno de carnero en la luna nueva, y en la luna llena, día de nuestra fiesta.

Este es un decreto para Israel, una ordenanza del Dios de Jacob.

Lo estableció como un pacto con José cuando salió de la tierra de Egipto. Escucho un idioma que no entiendo:

«Te he quitado la carga de los hombros; tus manos se han librado del pesado cesto.

En tu angustia me llamaste, y te libré; oculto en el nubarrón te respondí; en las aguas de Meribá te puse a prueba. Selah

»Escucha, pueblo mío, mis advertencias; ¡ay, Israel, si tan solo me escucharas!

No tendrás ningún dios extranjero, ni te inclinarás ante ningún dios extraño.

Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré.

»Pero mi pueblo no me escuchó; Israel no quiso hacerme caso.

Por eso los abandoné a su obstinada voluntad, para que actuaran como mejor les pareciera.

»Si mi pueblo tan solo me escuchara, si Israel quisiera andar por mis caminos,

¡cuán pronto sometería yo a sus enemigos, y volvería mi mano contra sus adversarios!

Los que aborrecen al Señor se rendirían ante él, pero serían eternamente castigados.

Y a ti te alimentaría con lo mejor del trigo; con miel de la peña te saciaría».

Salmo 81