Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
En ti, Señor , me he refugiado; jamás me dejes quedar en vergüenza.
Por tu justicia, rescátame y líbrame; dígnate escucharme, y sálvame.
Sé tú mi roca de refugio adonde pueda yo siempre acudir; da la orden de salvarme, porque tú eres mi roca, mi fortaleza.
Líbrame, Dios mío, de manos de los impíos, del poder de los malvados y violentos.
Tú, Soberano Señor , has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud.
De ti he dependido desde que nací; del vientre materno me hiciste nacer. ¡Por siempre te alabaré!
Para muchos, soy motivo de asombro, pero tú eres mi refugio inconmovible.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas.
Porque mis enemigos murmuran contra mí; los que me acechan se confabulan.
Y dicen: «¡Dios lo ha abandonado! ¡Persíganlo y agárrenlo, que nadie lo rescatará!»
Dios mío, no te alejes de mí; Dios mío, ven pronto a ayudarme.
Que perezcan humillados mis acusadores; que se cubran de oprobio y de ignominia los que buscan mi ruina.
Pero yo siempre tendré esperanza, y más y más te alabaré.
Todo el día proclamará mi boca tu justicia y tu salvación, aunque es algo que no alcanzo a descifrar.
Soberano Señor , relataré tus obras poderosas, y haré memoria de tu justicia, de tu justicia solamente.
Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y aún hoy anuncio todos tus prodigios.
Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido.
Oh Dios, tú has hecho grandes cosas; tu justicia llega a las alturas. ¿Quién como tú, oh Dios?
Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme.
Acrecentarás mi honor y volverás a consolarme.
Por tu fidelidad, Dios mío, te alabaré con instrumentos de cuerda; te cantaré, oh Santo de Israel, salmos con la lira.
Gritarán de júbilo mis labios cuando yo te cante salmos, pues me has salvado la vida.
Todo el día repetirá mi lengua la historia de tus justas acciones, pues quienes buscaban mi mal han quedado confundidos y avergonzados.
Salmo de Ayer
¡Cuán bueno, Señor , es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre;
proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche,
al son del decacordio y de la lira; al son del arpa y del salterio!
Tú, Señor , me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos.
Oh Señor , ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos!
Los insensatos no lo saben, los necios no lo entienden:
aunque broten como hierba los impíos, y florezcan todos los malhechores, para siempre serán destruidos.
Solo tú, Señor , serás exaltado para siempre.
Ciertamente tus enemigos, Señor , ciertamente tus enemigos perecerán; ¡dispersados por todas partes serán todos los malhechores!
Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume.
Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos.
Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen.
Plantados en la casa del Señor , florecen en los atrios de nuestro Dios.
Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos,
para proclamar: «El Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia».
Salmo de Anteayer
¿Por qué, oh Dios, nos has rechazado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu ira contra las ovejas de tu prado?
Acuérdate del pueblo que adquiriste desde tiempos antiguos, de la tribu que redimiste para que fuera tu posesión. Acuérdate de este monte Sión, que es donde tú habitas.
Dirige tus pasos hacia estas ruinas eternas; ¡todo en el santuario lo ha destruido el enemigo!
Tus adversarios rugen en el lugar de tus asambleas y plantan sus banderas en señal de victoria.
Parecen leñadores en el bosque, talando árboles con sus hachas.
Con sus hachas y martillos destrozaron todos los adornos de madera.
Prendieron fuego a tu santuario; profanaron el lugar donde habitas.
En su corazón dijeron: «¡Los haremos polvo!», y quemaron en el país todos tus santuarios.
Ya no vemos ondear nuestras banderas; ya no hay ningún profeta, y ni siquiera sabemos hasta cuándo durará todo esto.
¿Hasta cuándo, oh Dios, se burlará el adversario? ¿Por siempre insultará tu nombre el enemigo?
¿Por qué retraes tu mano, tu mano derecha? ¿Por qué te quedas cruzado de brazos?
Tú, oh Dios, eres mi rey desde tiempos antiguos; tú traes salvación sobre la tierra.
Tú dividiste el mar con tu poder; les rompiste la cabeza a los monstruos marinos.
Tú aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las jaurías del desierto.
Tú hiciste que brotaran fuentes y arroyos; secaste ríos de inagotables corrientes.
Tuyo es el día, tuya también la noche; tú estableciste la luna y el sol;
trazaste los límites de la tierra, y creaste el verano y el invierno.
Recuerda, Señor , que tu enemigo se burla, y que un pueblo insensato ofende tu nombre.
No entregues a las fieras la vida de tu tórtola; no te olvides, ni ahora ni nunca, de la vida de tus pobres.
Toma en cuenta tu pacto, pues en todos los rincones del país abunda la violencia.
Que no vuelva humillado el oprimido; que alaben tu nombre el pobre y el necesitado.
Levántate, oh Dios, y defiende tu causa; recuerda que a todas horas te ofenden los necios.
No pases por alto el griterío de tus adversarios, el creciente tumulto de tus enemigos.