Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

¡Cuán bueno, Señor , es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre;

proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche,

al son del decacordio y de la lira; al son del arpa y del salterio!

Tú, Señor , me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos.

Oh Señor , ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos!

Los insensatos no lo saben, los necios no lo entienden:

aunque broten como hierba los impíos, y florezcan todos los malhechores, para siempre serán destruidos.

Solo tú, Señor , serás exaltado para siempre.

Ciertamente tus enemigos, Señor , ciertamente tus enemigos perecerán; ¡dispersados por todas partes serán todos los malhechores!

Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume.

Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos.

Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen.

Plantados en la casa del Señor , florecen en los atrios de nuestro Dios.

Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos,

para proclamar: «El Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia».

Salmo 92

Salmo de Ayer

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y llorábamos al acordarnos de Sión.

En los álamos que había en la ciudad colgábamos nuestras arpas.

Allí, los que nos tenían cautivos nos pedían que entonáramos canciones; nuestros opresores nos pedían estar alegres; nos decían: «¡Cántennos un cántico de Sión!»

¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?

Ah, Jerusalén, Jerusalén, si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque!

Si de ti no me acordara, ni te pusiera por encima de mi propia alegría, ¡que la lengua se me pegue al paladar!

Señor , acuérdate de los edomitas el día en que cayó Jerusalén. «¡Arrásenla —gritaban—, arrásenla hasta sus cimientos!»

Hija de Babilonia, que has de ser destruida, ¡dichoso el que te haga pagar por todo lo que nos has hecho!

¡Dichoso el que agarre a tus pequeños y los estrelle contra las rocas!

Salmo 137

Salmo de Anteayer

A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche.

Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo.

Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco. Selah

No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo.

Me pongo a pensar en los tiempos de antaño; de los años ya idos me acuerdo.

Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere:

«¿Nos rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad?

¿Se habrá agotado su gran amor eterno, y sus promesas por todas las generaciones?

¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades, y en su enojo ya no quiere tenernos compasión?» Selah

Y me pongo a pensar: «Esto es lo que me duele: que haya cambiado la diestra del Altísimo».

Prefiero recordar las hazañas del Señor , traer a la memoria sus milagros de antaño.

Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.

Santos, oh Dios, son tus caminos; ¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios?

Tú eres el Dios que realiza maravillas; el que despliega su poder entre los pueblos.

Con tu brazo poderoso redimiste a tu pueblo, a los descendientes de Jacob y de José. Selah

Las aguas te vieron, oh Dios, las aguas te vieron y se agitaron; el propio abismo se estremeció con violencia.

Derramaron su lluvia las nubes; retumbaron con estruendo los cielos; rasgaron el espacio tus centellas.

Tu estruendo retumbó en el torbellino y tus relámpagos iluminaron el mundo; la tierra se estremeció con temblores.

Te abriste camino en el mar; te hiciste paso entre las muchas aguas, y no se hallaron tus huellas.

Por medio de Moisés y de Aarón guiaste como un rebaño a tu pueblo.

Salmo 77