Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán.
Mi alma se gloría en el Señor ; lo oirán los humildes y se alegrarán.
Engrandezcan al Señor conmigo; exaltemos a una su nombre.
Busqué al Señor , y él me respondió; me libró de todos mis temores.
Radiantes están los que a él acuden; jamás su rostro se cubre de vergüenza.
Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo libró de todas sus angustias.
El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos.
Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian.
Teman al Señor , ustedes sus santos, pues nada les falta a los que le temen.
Los leoncillos se debilitan y tienen hambre, pero a los que buscan al Señor nada les falta.
Vengan, hijos míos, y escúchenme, que voy a enseñarles el temor del Señor.
El que quiera amar la vida y gozar de días felices,
que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños;
que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.
Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones;
el rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria.
Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.
Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas;
le protegerá todos los huesos, y ni uno solo le quebrarán.
La maldad destruye a los malvados; serán condenados los enemigos de los justos.
El Señor libra a sus siervos; no serán condenados los que en él confían.
Salmo de Ayer
Te exaltaré, Señor , porque me levantaste, porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí.
Señor mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste.
Tú, Señor , me sacaste del sepulcro; me hiciste revivir de entre los muertos.
Canten al Señor , ustedes sus fieles; alaben su santo nombre.
Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.
Cuando me sentí seguro, exclamé: «Jamás seré conmovido».
Tú, Señor , en tu buena voluntad, me afirmaste en elevado baluarte; pero escondiste tu rostro, y yo quedé confundido.
A ti clamo, Señor Soberano; a ti me vuelvo suplicante.
¿Qué ganas tú con que yo muera, con que descienda yo al sepulcro? ¿Acaso el polvo te alabará o proclamará tu verdad?
Oye, Señor ; compadécete de mí. ¡Sé tú, Señor , mi ayuda!
Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta,
para que te cante y te glorifique, y no me quede callado. ¡ Señor mi Dios, siempre te daré gracias!
Salmo de Anteayer
Bendito sea el Señor , mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla.
Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio. Él es quien pone los pueblos a mis pies.
Señor , ¿qué es el mortal para que lo cuides? ¿Qué es el ser humano para que en él pienses?
Todo mortal es como un suspiro; sus días son fugaces como una sombra.
Abre tus cielos, Señor , y desciende; toca los montes y haz que echen humo.
Lanza relámpagos y dispersa al enemigo; dispara tus flechas y ponlo en retirada.
Extiende tu mano desde las alturas y sálvame de las aguas tumultuosas; líbrame del poder de gente extraña.
Cuando abren la boca, dicen mentiras; cuando levantan su diestra, juran en falso.
Te cantaré, oh Dios, un cántico nuevo; con el arpa de diez cuerdas te cantaré salmos.
Tú das la victoria a los reyes; a tu siervo David lo libras de la cruenta espada.
Ponme a salvo, líbrame del poder de gente extraña. Cuando abren la boca, dicen mentiras; cuando levantan su diestra, juran en falso.
Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas frondosas; que sean nuestras hijas como columnas esculpidas para adornar un palacio.
Que nuestros graneros se llenen con provisiones de toda especie. Que nuestros rebaños aumenten por millares, por decenas de millares en nuestros campos.
Que nuestros bueyes arrastren cargas pesadas; que no haya brechas ni salidas, ni gritos de angustia en nuestras calles.
¡Dichoso el pueblo que recibe todo esto! ¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor !