Salmo del Día

Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.

Salmo de Hoy

Den gracias al Señor , porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre.

Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre.

Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre.

Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre.

Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre.

Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre.

El sol, para iluminar el día; su gran amor perdura para siempre.

La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre.

Al que hirió a los primogénitos de Egipto; su gran amor perdura para siempre.

Al que sacó de Egipto a Israel; su gran amor perdura para siempre.

Con mano poderosa y con brazo extendido; su gran amor perdura para siempre.

Al que partió en dos el Mar Rojo; su gran amor perdura para siempre.

Y por en medio hizo cruzar a Israel; su gran amor perdura para siempre.

Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército; su gran amor perdura para siempre.

Al que guió a su pueblo por el desierto; su gran amor perdura para siempre.

Al que hirió de muerte a grandes reyes; su gran amor perdura para siempre.

Al que a reyes poderosos les quitó la vida; su gran amor perdura para siempre.

A Sijón, el rey amorreo; su gran amor perdura para siempre.

A Og, el rey de Basán; su gran amor perdura para siempre.

Cuyas tierras entregó como herencia; su gran amor perdura para siempre.

Como herencia para su siervo Israel; su gran amor perdura para siempre.

Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre.

Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre.

Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre.

¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!

Salmo 136

Salmo de Ayer

A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche.

Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo.

Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco. Selah

No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo.

Me pongo a pensar en los tiempos de antaño; de los años ya idos me acuerdo.

Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere:

«¿Nos rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad?

¿Se habrá agotado su gran amor eterno, y sus promesas por todas las generaciones?

¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades, y en su enojo ya no quiere tenernos compasión?» Selah

Y me pongo a pensar: «Esto es lo que me duele: que haya cambiado la diestra del Altísimo».

Prefiero recordar las hazañas del Señor , traer a la memoria sus milagros de antaño.

Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.

Santos, oh Dios, son tus caminos; ¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios?

Tú eres el Dios que realiza maravillas; el que despliega su poder entre los pueblos.

Con tu brazo poderoso redimiste a tu pueblo, a los descendientes de Jacob y de José. Selah

Las aguas te vieron, oh Dios, las aguas te vieron y se agitaron; el propio abismo se estremeció con violencia.

Derramaron su lluvia las nubes; retumbaron con estruendo los cielos; rasgaron el espacio tus centellas.

Tu estruendo retumbó en el torbellino y tus relámpagos iluminaron el mundo; la tierra se estremeció con temblores.

Te abriste camino en el mar; te hiciste paso entre las muchas aguas, y no se hallaron tus huellas.

Por medio de Moisés y de Aarón guiaste como un rebaño a tu pueblo.

Salmo 77

Salmo de Anteayer

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! Canten al Señor un cántico nuevo, alábenlo en la comunidad de los fieles.

Que se alegre Israel por su creador; que se regocijen los hijos de Sión por su rey.

Que alaben su nombre con danzas; que le canten salmos al son de la lira y el pandero.

Porque el Señor se complace en su pueblo; a los humildes concede el honor de la victoria.

Que se alegren los fieles por su triunfo; que aun en sus camas griten de júbilo.

Que broten de su garganta alabanzas a Dios, y haya en sus manos una espada de dos filos

para que tomen venganza de las naciones y castiguen a los pueblos;

para que sujeten a sus reyes con cadenas, a sus nobles con grilletes de hierro;

para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. ¡Esta será la gloria de todos sus fieles! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !

Salmo 149