Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche.
Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo.
Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco. Selah
No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo.
Me pongo a pensar en los tiempos de antaño; de los años ya idos me acuerdo.
Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere:
«¿Nos rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrarnos su buena voluntad?
¿Se habrá agotado su gran amor eterno, y sus promesas por todas las generaciones?
¿Se habrá olvidado Dios de sus bondades, y en su enojo ya no quiere tenernos compasión?» Selah
Y me pongo a pensar: «Esto es lo que me duele: que haya cambiado la diestra del Altísimo».
Prefiero recordar las hazañas del Señor , traer a la memoria sus milagros de antaño.
Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.
Santos, oh Dios, son tus caminos; ¿qué dios hay tan excelso como nuestro Dios?
Tú eres el Dios que realiza maravillas; el que despliega su poder entre los pueblos.
Con tu brazo poderoso redimiste a tu pueblo, a los descendientes de Jacob y de José. Selah
Las aguas te vieron, oh Dios, las aguas te vieron y se agitaron; el propio abismo se estremeció con violencia.
Derramaron su lluvia las nubes; retumbaron con estruendo los cielos; rasgaron el espacio tus centellas.
Tu estruendo retumbó en el torbellino y tus relámpagos iluminaron el mundo; la tierra se estremeció con temblores.
Te abriste camino en el mar; te hiciste paso entre las muchas aguas, y no se hallaron tus huellas.
Por medio de Moisés y de Aarón guiaste como un rebaño a tu pueblo.
Salmo de Ayer
Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación.
Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, cuando dices: «¡Vuélvanse al polvo, mortales!»
Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche.
Arrasas a los mortales. Son como un sueño. Nacen por la mañana, como la hierba
que al amanecer brota lozana y por la noche ya está marchita y seca.
Tu ira en verdad nos consume, tu indignación nos aterra.
Ante ti has puesto nuestras iniquidades; a la luz de tu presencia, nuestros pecados secretos.
Por causa de tu ira se nos va la vida entera; se esfuman nuestros años como un suspiro.
Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros.
¿Quién puede comprender el furor de tu enojo? ¡Tu ira es tan grande como el temor que se te debe!
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.
¿Cuándo, Señor , te volverás hacia nosotros? ¡Compadécete ya de tus siervos!
Sácianos de tu amor por la mañana, y toda nuestra vida cantaremos de alegría.
Días y años nos has afligido, nos has hecho sufrir; ¡devuélvenos ahora ese tiempo en alegría!
¡Sean manifiestas tus obras a tus siervos, y tu esplendor a sus descendientes!
Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos; sí, confirma la obra de nuestras manos.
Salmo de Anteayer
Alaba, alma mía, al Señor ; alabe todo mi ser su santo nombre.
Alaba, alma mía, al Señor , y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión;
él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos.
Dio a conocer sus caminos a Moisés; reveló sus obras al pueblo de Israel.
El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor.
No sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente.
No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades.
Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo sobre la tierra.
Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente.
Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos.
Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro.
El hombre es como la hierba, sus días florecen como la flor del campo:
sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno.
Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos,
con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra.
El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos.
Alaben al Señor , ustedes sus ángeles, paladines que ejecutan su palabra y obedecen su mandato.
Alaben al Señor , todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplen su voluntad.
Alaben al Señor , todas sus obras en todos los ámbitos de su dominio. ¡Alaba, alma mía, al Señor !