La historia de Priscila y Aquila


Equipo de Bibliaon
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Priscila y Aquila fueron un matrimonio cristiano conocido como colaboradores del apóstol Pablo. Judíos de nacimiento, se ganaban la vida haciendo tiendas. Eran hospitalarios y enseñaron la fe con firmeza. Son un ejemplo de servicio a Dios, de compañerismo en el matrimonio y de dedicación al evangelio.

Priscila y Aquila aparecen en el Nuevo Testamento como un matrimonio judío convertido a Cristo. Fueron expulsados de Roma por orden del emperador Claudio y se establecieron en Corinto, donde conocieron al apóstol Pablo. Compartían su mismo oficio (hacer tiendas), lo que los acercó no solo en el trabajo, sino también en la misión:

Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas.
(Hechos 18:1-3, RVR1960)

Del trabajo en común, Priscila y Aquila pasaron a ser fieles colaboradores de Pablo, acompañándolo en viajes misioneros y apoyándolo de forma práctica y espiritual. Su casa se convirtió en punto de reunión de la iglesia, señal de hospitalidad y compromiso con la comunidad cristiana.

Un episodio destacado fue cuando instruyeron a Apolos, un predicador elocuente pero con una comprensión incompleta del evangelio. Lo hicieron con sabiduría y sin exponerlo públicamente, y su predicación se fortaleció a partir de ese encuentro.

Priscila y Aquila

En cuatro de las seis veces que Pablo los menciona en sus cartas, nombra primero a Priscila. En el mundo del siglo I, donde lo habitual era mencionar primero al varón, esa inversión es significativa. Sugiere que Priscila tenía un papel activo y reconocido en la enseñanza y el liderazgo de la comunidad cristiana. Pablo no lo explica; simplemente lo refleja en el orden de sus saludos.

¿Quién fue Priscila?

Priscila, también llamada Prisca, aparece siempre junto a su marido, Aquila. Se la menciona en Hechos y en varias cartas de Pablo, reconocida como colaboradora fiel en la propagación del evangelio. Trabajaba haciendo tiendas y, junto a Aquila, acogió a Pablo en su casa, sirviéndole con hospitalidad y amistad.

La Biblia muestra que Priscila no era solo una ayudante. Participó activamente en la enseñanza de Apolos, explicándole con más precisión el camino de Dios. Su ejemplo te invita a vivir la fe de forma práctica, enseñando, sirviendo, abriendo el hogar y usando tus dones para fortalecer la iglesia.

¿Quién fue Aquila?

Aquila fue un judío cristiano natural del Ponto que trabajaba haciendo tiendas. Aparece en Hechos 18 cuando, junto a su esposa, es mencionado como alguien expulsado de Roma por el decreto del emperador Claudio. En Corinto conoció a Pablo, que compartía el mismo oficio, y trabajaron juntos.

Aquila es recordado como un hombre hospitalario que abrió su casa para que la iglesia se reuniera y sirvió de apoyo a los viajes misioneros de Pablo. También estuvo al lado de Priscila en la enseñanza de Apolos, ayudándole a completar su comprensión de la fe cristiana.

Su testimonio es el de una dedicación sin aspavientos, no aparece predicando a multitudes ni liderando movimientos, pero su hogar y su trabajo sostenían la misión.

Priscila y Aquila enseñan a Apolos

El episodio con Apolos está narrado en Hechos 18:24-26. Apolos era un judío de Alejandría, descrito como hombre elocuente y poderoso en las Escrituras. Predicaba con fervor, pero su comprensión era parcial, ya que solo conocía el bautismo de Juan. Predicaba con sinceridad, pero sin comprender plenamente la obra de Jesucristo ni la venida del Espíritu Santo.

Cuando Priscila y Aquila lo oyeron predicar en la sinagoga, reconocieron su celo pero también la laguna en su teología. En lugar de corregirlo delante de todos, lo llevaron aparte:

Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.
(Hechos 18:26, RVR1960)

Ese gesto (tomarlo aparte, en privado) revela madurez espiritual. No buscaban quedar bien ni señalar un error en público. Querían que Apolos creciera.

Después de recibir esa instrucción, Apolos se volvió todavía más eficaz, debatiendo con firmeza y demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo (Hechos 18:28, RVR1960). Además, que un predicador letrado y formado en la prestigiosa Alejandría, en pleno siglo I, aceptara someterse a las correcciones de un matrimonio de artesanos (y a la enseñanza de una mujer judía) demuestra el impacto de la autoridad espiritual cuando se ejerce desde el amor y la mesa de una cocina.

La relación de Priscila y Aquila con Pablo

La relación con Pablo estuvo marcada por amistad fundada en el evangelio. El primer encuentro en Corinto fue de trabajo compartido, y de ahí creció una asociación que duró décadas.

Priscila y Aquila acompañaron a Pablo en su viaje de Corinto a Éfeso (Hechos 18:18-19), donde permanecieron apoyando la obra misionera. Pablo expresa su estima por ellos con claridad:

Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no solo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.
(Romanos 16:3-4, RVR1960)

En 1 Corintios 16:19, Pablo menciona que la iglesia se reunía en su casa. Y en 2 Timoteo 4:19, ya cerca del final de su vida, les envía saludos personales, lo que confirma que su amistad no fue instrumental sino duradera.

Lo que puedes aprender de la historia de Priscila y Aquila

Priscila y Aquila trabajaban con las manos. Cortaban cuero, cosían lonas, vendían y sustentaban su hogar con ese oficio. Su historia comienza en lo cotidiano, su profesión, su matrimonio, y el pan de cada día. Es precisamente de ahí de donde extraes la lección más útil para tu vida.

Su casa fue la primera iglesia en Corinto y, más tarde, en Éfeso. No tenían un templo ni un púlpito; tenían una mesa, una cocina y la puerta de la entrada. Hoy, eso mismo puede pasar en tu cocina, en un patio con sillas de plástico o en la sala de tu casa después de la jornada laboral. La hospitalidad cristiana no requiere espacios perfectos; solo una puerta abierta.

Priscila y Aquila aparecen siempre lado a lado. No se trata de sumisión ni de competencia, sino de un servicio de dos que caminan al mismo paso. Da lo mismo si eres un conductor y oras con tu esposa antes de comenzar su turno; una costurera que enseña en la escuela dominical mientras tu esposo organiza las ofrendas, o el albañil y la manicurista que reciben al grupo de jóvenes en el comedor de su casa.

En el episodio con Apolos, el matrimonio no corrigió al predicador frente a toda la sinagoga, sino que lo llamaron aparte. Enseñar la verdad sin exponer a la persona es una forma de amor que verás que pocos practican hoy en día. Y lo más increíble es que nació de dos laicos hacia un hombre con formación académica.

Por último, está la valentía. Pablo escribe que Priscila y Aquila «arriesgaron la vida» por él. Sabes que servir a Cristo, en algún momento, te va a costar algo concreto: tiempo, dinero, seguridad o comodidad. Este matrimonio pagó ese precio sin necesidad de volverse noticia. Es el tipo de fidelidad silenciosa que necesitas para sostener a la iglesia desde dentro.

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