Jesús usó las historias (o parábolas) para comunicar su mensaje de forma que todos lo pudieran entender, hasta los niños como tú. Así, él enseñó sobre el amor de Dios y sobre cómo Dios quiere que amemos y perdonemos a los demás. Sobre todo, sus historias nos enseñan a confiar en Dios y vivir para él. Comienza hoy a poner en práctica las enseñanzas de las parábolas de Jesús.
1. El buen samaritano

Jesús le contó una historia interesante a un hombre que quería saber a quién debía tratar con amor.
Jesús le habló sobre un hombre que salió de viaje. En ese tiempo se viajaba sobre todo a pie porque no había carros, aviones, trenes, autobuses ni otros medios de transporte que tenemos ahora. Mientras ese hombre iba por el camino, vinieron unos hombres malos que le pegaron y le robaron todo lo que tenía.
Luego de hacerle mucho daño, lo dejaron tirado en el suelo, sin ropa ni nada que lo protegiera. Le habían pegado tan fuerte que el pobre hombre estaba casi muerto. De repente, pasó cerca de él un sacerdote (hombre religioso). Sin embargo, contrario a lo que el hombre esperaba, el sacerdote no se paró a ayudarle, sino que lo ignoró y siguió su camino.
Después de un rato, el hombre vio a un levita, otro tipo de religioso que también trabajaba en el templo. Al igual que el primer hombre, el levita no se detuvo a ayudar al hombre herido, ni siquiera se interesó en vestirlo o darle algo de comer. El pobre hombre permanecía en el suelo, con mucho dolor y sin que nadie le ayudara.
Luego de un buen rato, cuando el hombre pensaba que iba a fallecer allí sin recibir ayuda, se acercó por el camino un hombre samaritano. Los samaritanos eran de un pueblo diferente que no se llevaba bien con el pueblo del hombre herido. En realidad, evitaban verse los unos a los otros. Pero, ¡sorpresa! El hombre samaritano se detuvo y se acercó al hombre herido.
Cuando vio todas sus heridas, sintió gran compasión o ternura por el hombre herido y comenzó a curarlo. Le echó aceite y vino en las heridas, que era lo que usaban en ese tiempo. No solo eso, lo cubrió, lo montó sobre su animal de carga y lo llevó a un lugar donde lo cuidó por varios días.
El hombre samaritano necesitaba continuar su viaje. Por eso, pagó al dueño del lugar donde había llevado al hombre herido, para que siguiera cuidando de él hasta que estuviera más fuerte.
Ahí termina la historia que hizo Jesús para explicar a quién debemos tratar con amor.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Trata a todos con amor, cuida y ayuda a los que sufren.
Texto bíblico: Lucas 10:25-37
2. La oveja perdida

Jesús contó esta historia a un grupo de personas que no entendían por qué él pasaba tanto tiempo con personas que no eran muy importantes.
La historia que les hizo fue sobre un hombre que era pastor y cuidaba 100 ovejas. El hombre se encargaba de velar por ellas cada día. Las llevaba a comer el mejor pasto de la zona y las cuidaba muy bien para que no les pasara nada malo. El pastor las conocía a todas muy bien. Sabía cuál era la más juguetona y cuál era la más tímida. Conocía bien a la que más comía y a la más delgadita. Él lograba distinguirlas sin problema, les había puesto nombre y las cuidaba con mucho cariño.
Un día, al finalizar su trabajo, el pastor pasó a contar sus ovejas, tal como hacía cada día. Al contarlas, se dio cuenta de que faltaba una, ¡solo había 99 ovejas! En lugar de seguir adelante, esperando que nadie se diera cuenta, él salió a buscar a la oveja perdida. ¡Todas eran importantes para él y no quería que le sucediera nada malo a ninguna!
Recorrió todo el camino y no paró de buscar hasta que encontró a la ovejita que se había perdido. Al verla, salió corriendo emocionado, la abrazó y la cargó hasta que llegó con ella de vuelta al lugar donde estaban esperando las otras 99 ovejas. ¡Qué alegría más grande sentía el pastor en su corazón! Volvía a tener sus 100 ovejas.
Jesús contó esta historia para explicarle a las personas que estaban con él lo importantes que somos cada uno de nosotros para Dios. Él nos ama a todos, nos cuida con amor y desea que estemos con él por siempre. Si en algún momento alguno se desvía del camino y deja de seguirle, él sale a buscarlo porque desea que vuelva a estar en su redil.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: No te alejes nunca de Dios ni dudes de su amor. Él te ama más que nadie y su mayor gozo es saber que le sigues y que le seguirás por siempre.
Texto bíblico: Mateo 18:12-14
3. El sembrador

Un día, Jesús se sentó cerca del mar porque había muchas personas que querían escucharlo. Entonces decidió contarles una historia especial para enseñarles una gran verdad.
Les habló sobre un sembrador que salió un día a sembrar semillas en el campo. Mientras caminaba, lanzaba las semillas por todos lados, unas más cerca de sus pies, otras bien lejos. ¡Era como un juego! Tiraba las semillas a derecha, izquierda y por todo el camino.
Por eso, las semillas cayeron en distintos lugares. Hubo unas que cayeron junto al camino. ¡Se veía bien bonito! Pero los pájaros vinieron rápidamente y se las comieron, así que esas semillas no pudieron crecer. ¡Qué pena!
Otras cayeron en un lugar donde había muchas piedras y poca tierra. Esas semillas crecieron rápido, parecía que iban a ser árboles fuertes. Pero como no tenían raíces profundas, cuando salió el sol caliente, se secaron y murieron.
Otras semillas cayeron entre espinos, ¡pobretas! Las puntas de los espinos que crecieron las herían y no dejaron que las semillas crecieran bien. Los espinos las ahogaron y no dieron fruto.
Pero otras semillas cayeron en buena tierra. Esas sí crecieron fuertes, sanas y dieron muchos frutos. Algunas produjeron mucho, otras un poco menos, pero todas crecieron bien porque estaban en el lugar correcto.
Jesús terminó diciendo: “El que tenga oídos, que escuche bien” y explicó que la semilla representa la Palabra de Dios, es decir, el mensaje de amor y verdad que él quiere sembrar en nuestro corazón.
Algunas personas escuchan el mensaje, pero no lo entienden y lo olvidan rápido. Otras se emocionan al oírlo, pero cuando vienen problemas o dificultades, se dan por vencidos. Otras escuchan la Palabra, pero se preocupan demasiado por los problemas, y dejan de prestar atención a Dios.
Pero hay personas que escuchan el mensaje de Jesús, lo entienden, lo guardan en su corazón y lo practican. Esas personas son como la buena tierra, porque su vida da buenos frutos: amor, bondad, obediencia y generosidad.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Escucha lo que Jesús enseña, guárdalo en tu corazón y ponlo en práctica cada día. Busca ser como la buena tierra: sé amable, obediente, amoroso y haz siempre lo que agrada a Dios.
Texto bíblico: Mateo 13:1-23
4. El hijo pródigo (el hijo que desperdició su herencia)

Jesús contó la historia del hijo pródigo para enseñar sobre el amor y el perdón de Dios.
Había un hombre que tenía dos hijos. El hijo menor un día le dijo a su padre: “Papá, dame ahora la parte del dinero que me tocará cuando seas mayor. Quiero usarlo ahora”.
Aunque con tristeza, el padre le dio el dinero. Poco tiempo después, ese hijo se fue a un lugar muy lejano. Allí gastó todo el dinero en cosas malas y se portó muy mal. Hizo todo lo que quiso sin pensar en lo que era correcto.
Cuando ya no tenía nada, ocurrió algo terrible: hubo hambre en ese lugar. El joven se quedó sin dinero y no tenía nada para comer. Nadie quería ayudarlo, así que tuvo que trabajar cuidando cerdos, un trabajo muy duro para él. Tenía tanta hambre que hasta deseaba comer la comida de los cerdos, pero ni siquiera eso podía.
Un día, el joven reflexionó y pensó: “En la casa de mi padre hay comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre. Volveré a mi casa y le pediré perdón”.
Entonces decidió regresar a su hogar. Tenía temor, no sabía si el papá lo iba a dejar vivir allá nuevamente. Pero mientras aún estaba lejos, cuando se acercaba al hogar, su padre lo vio y corrió hacia él lleno de amor. Lo abrazó fuerte y lo besó, porque estaba muy feliz de que su hijo hubiera vuelto.
El hijo le dijo: “Papá, lo siento. He hecho mal y no merezco ser tu hijo”. Pero el padre respondió lleno de alegría: “¡Traigan ropa nueva para mi hijo, pónganle sandalias y hagamos una gran fiesta! ¡Mi hijo estaba perdido y ahora ha vuelto!”
Todos celebraron con mucha felicidad. Sin embargo, el hermano mayor del joven no estaba muy contento con la fiesta. De hecho, se enojó porque pensaba que no estaba bien hacer una fiesta para su hermano que los había abandonado y usado mal el dinero.
El padre le explicó con cariño: “Hijo, tú siempre has estado conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero debemos alegrarnos, porque tu hermano estaba perdido y ahora ha regresado”.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Si alguna vez te equivocas, recuerda que puedes pedir perdón y empezar de nuevo.
Perdona a los demás, sé amable y celebra cuando alguien mejora y hace el bien. Y recuerda siempre que Dios te ama, y cuando pides perdón, él te perdona y te recibe con brazos abiertos.
Texto bíblico: Lucas 15:11-32
5. El buen pastor

Jesús contó una historia sobre un pastor para explicar cuánto él nos ama y cómo nos cuida. Él dijo que las personas son como ovejas y que él es el pastor bueno que las protege.
Jesús, al ser el buen pastor, cuando llega al corral donde están las ovejas, entra por la puerta. Él no se esconde ni entra por otro lado: él usa la puerta y entra con alegría y confianza. Las ovejas se alegran al verlo. ¡Ha llegado el pastor que las alimenta, las mima y las ama! No tienen problemas para reconocer su voz. Saben que él las conoce, las llama por su nombre y las quiere mucho.
Cuando Jesús, el buen pastor sale a caminar con ellas, va delante guiándolas y protegiéndolas de peligros o ataques de animales. Las ovejas lo siguen tranquilamente porque confían en él. Pero si escuchan la voz de un extraño, no lo siguen, porque no lo conocen y saben que podría ser peligroso.
Jesús dijo: Yo soy el buen pastor. El buen pastor ama tanto a sus ovejas que está dispuesto a protegerlas, incluso cuando haya algún peligro.
Sin embargo, un pastor que no ama a las ovejas huye cuando aparece un lobo u otro animal peligroso, porque no le importa que las ovejas estén bien. A ese solo le preocupa su propia protección, mejor sale corriendo que quedarse a proteger las ovejas. Pero Jesús, el buen pastor, se queda aunque haya animales salvajes. Él siempre cuida a las ovejas y las defiende. Con él, las ovejas están a salvo.
Jesús conoce a cada una de sus ovejas y ellas también lo conocen. Jesús y las ovejas son amigos, juegan juntos, caminan juntos y confían entre ellos. Él las guía, las protege y quiere que todas estén juntas, seguras y bien cuidadas.
Jesús vino para que las ovejas tengan vida abundante y sean felices. Jesús ama tanto a cada oveja, que está dispuesto a dar todo por amor a cada una de ellas.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Confía en Jesús, escucha con atención su voz (lo que enseña), obedece sus consejos y sigue el camino del bien. Recuerda que no estás solo: Jesús te ama, te protege y siempre te cuidará. Él no te abandonará en medio de los peligros.
Texto bíblico: Juan 10:1-18
6. La semilla de mostaza

Jesús habló sobre la semilla de mostaza, un semillita muy pequeñita que cuando se siembra, crece y crece y crece hasta que se convierte en un gran árbol sobre el cual los pájaros ponen sus nidos. Con el pasar del tiempo, la semilla que parecía tan pequeña, débil e insignificante, se convierte en un gran árbol, fuerte y atractivo, en el que los pájaros se apoyan y viven.
Cuando él contó esa historia, hablaba del reino de Dios. Un reino es un lugar donde hay un rey y muchas personas que viven bajo su protección. Cuando un niño escucha sobre el amor de Dios y cómo Jesús estuvo dispuesto a sufrir por él, en ese momento, se planta la semilla del reino de Dios en su corazón.
Jesús le ofrece a cada niño la oportunidad de ser perdonado cuando hace algo malo y de sentir el amor de Dios en su corazón. Ese mensaje sencillo crece en su corazón y se convierte en confianza en Dios. El niño pasa a vivir bajo la protección de Dios.
Lo que parece pequeño, escuchar sobre el amor de Dios, puede convertirse en algo fuerte, un gran árbol cuando el niño decide amar a Dios por siempre y vivir para él. El niño se convierte entonces en ciudadano del reino de Dios, un reino que crece y crece cada día más.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Decide permitir que la semillita del amor de Dios crezca en tu corazón y elige ser parte del reino de Dios por siempre.
Texto bíblico: Mateo 13:31-32
7. El hombre sabio y el hombre necio (la casa sobre la roca)

Jesús contó una historia para enseñar la importancia de escuchar y obedecer lo que él dice. La historia habla de dos hombres que querían construir su casa.
El primer hombre era sabio. Antes de empezar, pensó bien dónde construir. Buscó un lugar fuerte y firme, y decidió hacer su casa sobre una roca sólida. Trabajó duro y se aseguró de que la casa quedara bien construida.
El segundo hombre era necio, es decir, no pensaba mucho las cosas, sino que actuaba con rapidez y ya. Ese hombre vio un lugar bonito y fácil, pero era un lugar lleno de arena.
¿Has intentado construir algo sobre la arena? Si es algo pesado, la arena no puede sostenerlo por mucho tiempo, ¿no? De todas formas, ese hombre decidió construir su casa sobre la arena, sin pensar en cuánto tardaría la arena en ceder bajo el peso de la casa.
Después de un tiempo, vino una gran tormenta. Llovió muy fuerte, los ríos crecieron y el viento sopló con mucha fuerza.
La lluvia golpeó la casa construida sobre la roca… ¡pero la casa no se cayó! La roca la mantenía firme y segura y los que vivían en la casa estaban bien protegidos.
Luego la tormenta golpeó la casa construida sobre la arena… ¡Tremendo desastre! ¡La casa se derrumbó por completo! La arena no pudo soportar el azote de los vientos y la lluvia y cedió. No era un buen lugar para construir.
Jesús explicó que la persona sabia es la que escucha sus enseñanzas y las pone en práctica, como el hombre que construyó sobre la roca. Pero la persona necia es la que escucha, pero no obedece lo que dice la Palabra de Dios. Su vida o casa no está firme, como le sucedió al hombre que construyó sobre la arena.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Escucha lo que Jesús enseña en la Biblia, haz el bien, sé obediente, di la verdad y ama a los demás. Así estarás construyendo tu vida sobre la roca fuerte y tu vida estará firme por siempre.
Texto bíblico: Mateo 7:24-27
8. La moneda perdida

Jesús contó una historia para enseñar cuánto valemos para Dios.
¿Alguno de ustedes tiene monedas en el bolsillo ahora mismo? Yo sí tengo una y si se me cae, pediré que me ayuden a buscarla.
En la historia que Jesús contó, había una mujer que tenía diez monedas, y esas monedas eran muy importantes para ella, porque las había guardado para algo especial. Pero un día se dio cuenta de que había perdido una moneda.
¡Uf, qué disgusto más grande! La mujer saltó y se puso en acción de inmediato: encendió una lámpara, barrió toda la casa y buscó con mucho cuidado por todos los rincones de su hogar: debajo de los muebles, en el suelo, bajo la alfombra y en cada esquina.
No se rindió. Siguió buscando y buscando hasta que finalmente encontró la moneda.
Cuando la encontró, se puso muy feliz. ¡¡Bien!! ¡Ya tenía todas sus monedas! Como estaba tan contenta, llamó a sus amigas y vecinas y les dijo: “¡Alégrense conmigo! ¡He encontrado la moneda que había perdido!”
Jesús explicó que así de grande es la alegría en el cielo cuando una persona que se había alejado de Dios se arrepiente y vuelve a él. Dios nos recibe y celebra cuando nos arrepentimos de las cosas que hacemos mal.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Recuerda que eres importante para Dios, incluso cuando te equivocas. Si haces algo mal, puedes pedir perdón y volver al buen camino. Dios se alegrará mucho y te recibirá con amor.
También recuerda que cuando alguien más mejora y hace lo correcto, debes alegrarte por él, igual que las amigas de la mujer fueron a celebrar con ella cuando encontró su moneda.
Texto bíblico: Lucas 15: 8-10
9. El trigo y la cizaña

Jesús contó una historia para enseñar cómo es el reino de Dios y por qué debemos ser pacientes.
Habló sobre un hombre que tenía un campo y decidió sembrar buena semilla de trigo, para que creciera una cosecha hermosa. Pero una noche, mientras todos dormían, vino un enemigo en secreto y sembró cizaña, una planta mala que se parece al trigo, pero no es buena para comer. El enemigo sembró semillas de esa planta mala entre las semillas buenas.
Con el tiempo, las plantas crecieron. Entonces los trabajadores del campo notaron que, junto al trigo bueno, también estaba creciendo la cizaña mala.
Preocupados, fueron con el dueño del campo y le preguntaron: “Señor, ¿no sembraste buena semilla? ¿Por qué hay plantas malas?”
El dueño respondió: “Un enemigo hizo esto”.
Los trabajadores le dijeron: “¿Quieres que arranquemos ahora la cizaña?”
Pero el dueño respondió con sabiduría: “No, porque podrían arrancar también el trigo bueno. Dejen que ambas crezcan juntas hasta el tiempo de la cosecha. Cuando llegue el momento, separaremos el trigo bueno de la cizaña”.
Con esta historia Jesús enseñó que en el mundo hay cosas buenas y cosas malas, igual que el trigo y la cizaña. Dios sabe quién hace el bien de verdad y quién no, y él se encargará de juzgar con justicia en el momento correcto.
También nos enseña que no debemos juzgar ni tratar de hacer mal a los demás, sino confiar en Dios y seguir haciendo lo correcto.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Esfuérzate por ser como el trigo bueno: amable, honesto, obediente y amoroso. Aunque veas cosas malas a tu alrededor, sigue eligiendo hacer el bien. Confía en que Dios ve todo y sabe cómo cuidar lo bueno.
Texto bíblico: Mateo 13:24-30
10. El gran banquete (la cena del reino)

¿Has ido alguna vez a un banquete? Los banquetes son comidas o cenas especiales a los que se invitan muchas personas para celebrar algo muy importante. En esta historia Jesús quiso enseñar sobre la invitación que Dios nos hace a todos para que vayamos a una cena especial que él está preparando.
La historia habla de un hombre que preparó un gran banquete, una fiesta enorme con comida deliciosa, mesas bonitas y un ambiente lleno de alegría. Quería compartir su fiesta con muchas personas, así que envió invitaciones a muchos invitados.
Cuando todo estuvo listo, el dueño mandó a su siervo a decir: “Vengan, la fiesta ya está preparada”. Pero, para su sorpresa, las personas comenzaron a poner excusas.
Uno dijo: “Compré un campo y tengo que ir a verlo”.
Otro dijo: “Compré unos animales para trabajar y debo probarlos”.
Y otro más se excusó diciendo: “Me acabo de casar, así que no puedo ir”.
Excusas y excusas. Es increíble pensar que rechazaron la invitación. El siervo regresó y le contó todo al dueño del banquete. Entonces el dueño dijo: “Ve por la ciudad y trae a las personas que normalmente no son invitadas: los pobres, los enfermos y los que nadie toma en cuenta”.
El siervo lo hizo, pero aún quedaban muchos lugares vacíos. Entonces el dueño dijo: “Ve también por los caminos y llama a todos los que encuentres. Quiero que mi casa se llene”.
El dueño estaba triste porque los primeros invitados no quisieron venir, pero se alegró en compartir su gran banquete con todos los que aceptaron su invitación. Ninguno de los invitados originales pudo disfrutar de la gran cena.
Jesús enseñó que Dios nos invita a todos a estar con él. Pero algunas personas rechazan la invitación porque prefieren otras cosas o no le dan importancia.
Dios ama especialmente a quienes se sienten olvidados o poco importantes, y su deseo es que todos acepten su invitación.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: No ignores la invitación de Dios. Escucha a Jesús, sigue su camino y participa con alegría en lo que él enseña.
Además, aprende a invitar e incluir a todos, especialmente a quienes a veces se sienten solos o excluidos.
Texto bíblico: Lucas 14:15-24
11. El siervo malvado y sin misericordia

Jesús contó esta historia para enseñar lo importante que es perdonar a los demás. Habló sobre un rey que quiso revisar las deudas de sus siervos. Un siervo le debía muchísimo dinero, tanto que no podía pagarlo.
El siervo se arrodilló y le suplicó al rey: “Por favor, ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.
El rey sintió mucha compasión, decidió perdonarle toda la deuda y lo dejó libre.
El siervo se fue muy aliviado y feliz… pero poco después, por el camino, se encontró con otro siervo que le debía una cantidad pequeña de dinero a él.
En lugar de perdonarlo, lo agarró con enojo y le dijo: “¡Págame ahora lo que me debes!”
El otro siervo también le rogó: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.
Pero el primer siervo no quiso perdonarlo y lo mandó a la cárcel hasta que pagara la deuda.
Cuando los demás siervos vieron lo que había pasado, se pusieron muy tristes y se lo contaron al rey.
El rey llamó al primer siervo y le dijo: “Yo te perdoné una deuda enorme. ¿Por qué tú no quisiste perdonar una deuda pequeña?”
El rey se enojó por su falta de bondad y le enseñó que debía aprender a perdonar.
Jesús enseñó que Dios nos perdona cuando hacemos cosas mal y nos arrepentimos pidiendo perdón. Nosotros también debemos perdonar a los demás.
Si hemos recibido perdón y amor, no debemos ser duros ni quedarnos enojados con otras personas.
Cómo ponerla en práctica en tu vida:Si alguien te pide perdón, trata de perdonar de corazón. No guardes rencor ni enojo; sé amable, comprensivo y misericordioso. Recuerda que Dios te perdona mucho, y desea que tú también perdones a los demás.
Texto bíblico: Mateo 18:23-35
12. Los talentos

¿Te gusta cantar? ¿Y dibujar? ¿Cuáles son las cosas que te gusta hacer? Jesús contó esta historia para enseñar que Dios nos da habilidades y oportunidades, y espera que las usemos bien.
Dijo que un hombre iba a viajar lejos, así que llamó a tres de sus siervos y les entregó su dinero para que lo cuidaran.
A uno le dio cinco talentos (mucho dinero), a otro le dio dos talentos (un poco menos), y a otro le dio un talento (bastante poco), según lo que cada uno podía manejar.
Luego de repartir el dinero, el hombre se fue de viaje.
El siervo que recibió cinco talentos trabajó con ese dinero y logró ganar cinco más. El que recibió dos talentos también trabajó y ganó dos más.
Pero el siervo que recibió un solo talento tuvo miedo de perderlo, así que lo escondió bajo tierra en lugar de usarlo.
Después de mucho tiempo, el dueño regresó y pidió cuentas.
El primer siervo dijo: “Señor, me diste cinco talentos, y gané otros cinco”.
El dueño respondió feliz: “¡Bien hecho! Has sido fiel. Te daré más responsabilidades y compartiremos la alegría”.
El segundo siervo dijo: “Señor, me diste dos talentos, y gané otros dos”.
El dueño también le dijo: “¡Bien hecho! Has sido fiel”.
Pero el tercer siervo dijo: “Tuve miedo, así que escondí el talento. Aquí te lo devuelvo”.
El dueño se entristeció porque no había usado lo que se le dio. Le quitó el talento que le había dado y se lo dio al que tenía más. También le enseñó que hubiera sido mejor intentar aumentar su talento y aprovechar lo que tenía.
Con esta historia Jesús enseñó que Dios nos da talentos, habilidades y oportunidades: inteligencia, creatividad, bondad, fuerza, tiempo y cosas especiales que podemos hacer para ayudar a otros y alabar a Dios.
Él quiere que usemos nuestros talentos para hacer el bien, ayudar a otros y crecer, en lugar de esconderlos por miedo o pereza.
Cómo ponerla en práctica en tu vida: Descubre lo que sabes hacer bien y úsalo para ayudar, compartir y servir. No tengas miedo de intentarlo: Dios se alegra cuando hacemos nuestro mejor esfuerzo.
Recuerda que todos tenemos talentos valiosos, y podemos usarlos para hacer el mundo mejor.
Texto bíblico: Mateo 25:14-30
Recursos bíblicos para los más pequeños: