La importancia de la oración: descubre 11 beneficios


La oración es vital para el cristiano y debe ser una prioridad en su vida. Todo el que ama a Dios de corazón y desea crecer espiritualmente, necesita pasar tiempo hablando con él, sintiendo su presencia y recibiendo su amor y su dirección. Sin orar, el espíritu se debilita y la puerta del corazón queda expuesta ante la influencia del maligno.

¿Por qué es importante la oración? ¿Para qué sirve?

Cuando oramos, hablamos con Dios y abrimos nuestro corazón ante él. La oración nos acerca a Dios y a su voluntad para nosotros, ya que, hablar con él es una señal de humildad y de dependencia. Sea que nos acerquemos a Dios con peticiones, en actitud de adoración o solo porque necesitamos hablar con alguien, al orar mostramos que deseamos que Dios sea parte de nuestra vida.

La oración nos mantiene conectados con Dios y nos ayuda a darle la prioridad a él. Jesús mismo nos dio buen ejemplo sobre la importancia de incluir la oración en nuestro día a día. Él tomaba tiempo cada día, varias veces, para hablar con el Padre celestial (ver, por ejemplo, Marcos 1:35, Lucas 5:16 y Mateo 14:23).

Si Jesús, siendo Dios encarnado, dio tanta importancia a la oración, ¿no deberíamos nosotros darle todavía más importancia? Son muchas las situaciones difíciles que enfrentamos en la vida, es una realidad. Saber que el Dios todopoderoso nos escucha y está dispuesto a ayudarnos, trae inmensa paz.

Lo cierto es que son muchos los beneficios de la oración. Estos no son solo espirituales, sino también emocionales y físicos. Veamos algunos de ellos y comencemos a darle a la oración la importancia que merece.

1. Nos mantiene cerca de Dios

Orar nos acerca a Dios. Al orar, tendemos un puente de comunicación que nos ayuda a sentir la presencia de Dios y a centrarnos en lo que es importante para él. De la misma manera en la que hablar con otros nos ayuda a fortalecer nuestra amistad con ellos, la oración nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios.

Podemos conocer mejor a Dios al pasar tiempo con él. Es bueno orar de forma relajada y sin una lista estricta con el orden de temas. Debemos intentar permanecer suficiente tiempo en oración como para sentir la cercanía de Dios y disfrutar de su presencia. Nuestro espíritu se fortalecerá y comenzaremos a ver las situaciones de la vida desde la perspectiva divina.

2. Nos ayuda a escuchar la voz de Dios

Es bueno tomar tiempo no solo para hablar, sino también para escuchar la voz del Señor en lo más íntimo de nuestro ser. Muchas veces, Dios puede traer a nuestra mente un versículo bíblico, un himno de adoración o simplemente una frase de ánimo que renovará nuestro espíritu y alegrará nuestro día.

Escuchar la voz de Dios en nuestro corazón nos fortalece espiritualmente y nos capacita para enfrentar los retos diarios. Al orar y escuchar la voz del Padre, recibimos claridad sobre el mover del Señor en las situaciones que encaramos y ánimo ante las dificultades de la vida.

3. Nos ayuda a liberarnos de nuestras ansiedades y a descansar en el Señor

Son muchas las situaciones que nos estresan. Podemos llevarlas todas ante la presencia del Señor a través de nuestras oraciones. Dios no desea que carguemos día y noche con nuestras ansiedades. Él es el Dios todopoderoso, podemos entregarle nuestras cargas y recibir la paz, el descanso y la tranquilidad que él desea darnos.

Algo que nos puede ayudar a descansar en Dios y a recibir su paz es memorizar versículos bíblicos tales como Filipenses 4:6-7.

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
(Filipenses 4:6-7)

4. Al orar desatamos el poder de Dios

Sabemos que Dios tiene poder para sanar, para salvar y para obrar en cualquier situación. Lo sabemos intelectualmente, pero la oración nos ayuda a desatar nuestra confianza en Dios y su poder para obrar. Al orar por sanidad, por la ayuda de Dios en problemas financieros o interpersonales, o por cualquier otra cosa, declaramos que creemos firmemente en el poder de Dios y permanecemos atentos para verle obrar.

La oración abre la puerta para que Dios se mueva en situaciones específicas y nos mantiene alertas a su mover.

5. Nos ayuda a enfocarnos en lo que es importante para Dios

Muchas veces nos enfocamos en los problemas, en lo que necesitamos o en situaciones sobre las que no tenemos ningún control. La oración nos ayuda a colocar nuestro enfoque en Dios y en lo que es importante para él. Al orar, podemos preguntarle a Dios, "¿Papá, cómo ves esta situación, cuál es tu sentir?", y esperar por su respuesta. Dios traerá claridad y nos ayudará a ver las cosas desde su perspectiva.

6. Nos prepara para la batalla espiritual

Al orar, pones tus ojos en Dios y en su poder, a la vez que abres tu corazón para que él te transforme. Es a través de la oración que recuperamos fuerzas espirituales para enfrentar las luchas. La oración nos recuerda cuán grande y poderoso es Dios: no hay nada imposible para él.

Y no solo eso, al orar, abrimos nuestro espíritu al mover del Espíritu Santo. Llenos del Espíritu de Dios, avanzamos con valentía a dondequiera que Dios nos guía, pues sabemos que el que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo (1 Juan 4:4).

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7. Renueva nuestra esperanza

Orar aleja la angustia y devuelve la esperanza. La oración renueva la convicción de que Dios está obrando y seguirá haciéndolo a nuestro favor.

Esa preciosa esperanza desata un espíritu lleno de gratitud y alabanza. Y cuando alabamos, recordamos la inmensa grandeza del poder de Dios y nos afirmamos con la certeza de que, con Cristo, venceremos.

¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!
(Salmo 42:11)

8. Podemos expresar libremente lo que nos preocupa

A Dios le podemos expresar todo lo que sentimos, tal como lo sentimos, sin cortes ni censuras. Él no se escandaliza, pues ya lo sabe. Pero, emocional y espiritualmente, a nosotros nos hace mucho bien poder expresar nuestras inquietudes, dudas y luchas ante el Señor. Muchas veces no tenemos nadie con quien podamos hablar libremente, pero Dios está siempre dispuesto a escucharnos.

Debemos recordar que Dios ama que hablemos con él. Llevemos ante él nuestras preocupaciones y aprendamos a descansar en su amor.

Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.
(Salmo 55:22)

9. Nos fortalece frente a la tentación

A veces nos frustramos con nuestras luchas y tentaciones. Si llevamos mucho tiempo luchando con una tentación en particular, podemos desanimarnos o pensar que no hay remedio. ¡Con Cristo siempre hay remedio! Al llevar nuestras tentaciones ante Dios, él nos da fuerzas para vencer y mantenernos firmes.

En Cristo somos más que vencedores, pero para vencer, tenemos que luchar con las fuerzas que nos da el Señor. Debemos vestirnos con la armadura de Dios para poder hacer frente a las asechanzas del enemigo (Efesios 6:11) y poder permanecer firmes para la gloria de Dios.

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10. Ayudamos y bendecimos a otros con nuestras oraciones

Hay mucho dolor y sufrimiento a nuestro alrededor, y muchas veces no sabemos cómo ayudar. ¡Comienza a orar! Aunque nuestros recursos son limitados, los de Dios son infinitos. Y a menudo, al orar por otras personas o situaciones, Dios nos da la solución o una idea de cómo podemos ayudar. Sobre todas las cosas, la oración abre la puerta para la intervención de Dios, y allí donde se mueve el poder de Dios, todo mejora. ¡Bendigamos a los demás con nuestras oraciones!

11. Nos lleva a centrarnos en la voluntad de Dios

Cuando oramos como oró Jesús en Getsemaní, «Padre, si quieres, haz que pase de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42), oramos conforme al corazón de Dios. Reconocer que su voluntad es lo mejor para nosotros es el primer paso para vivir una vida llena de paz.

La voluntad de Dios para nosotros es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Por eso podemos confiar en que, cuando nos rendimos y centramos en ella, abrimos nuestro corazón para disfrutar de una cercanía mucho más profunda con el Padre celestial.

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